Bañarse en el Manzanares (II)

La Bombilla a comienzos del siglo XX

Ya en el siglo XX los baños se irán transformando en merenderos.
Están las instalaciones —con una antigüedad que se pierde en la vida de las crónicas madrileñas—en frente de San Antonio de la Florida. Las Cuatro Estaciones, sigue al Arco Iris, luego El Sol, Venus, todo el sistema planetario. Diferencia notable entre ellos no hallaréis, por mucho que se fije vuestra atención... En la entrada, el título de los baños, una pendiente,, un lavadero y un ambigú. En el lavadero, algunas mujeres, en rudo trabajo; en el ambigú, productos exquisitos: sardinas asadas ó con tomate, mojama, pimientos fritos y trozos de bacalao... Todo se consume á la salida del baño, cuando el apetito, notablemente mejorado con el remojo, queda bien dispuesto á digerir estas y mayores porquerías. Y allí no hay platos ni cubiertos: los «dátiles» de cada socio son los únicos y precisos colaboradores, con los dientes, á engullir este pistaje exótico, esta horrible pitanza.
«El cambio de comestibles ocasionaría, seguramente, la quiebra de mi establecimiento —dice el industrial— Estas gentes no quieren gollerías; nada de pasteles, ni dulces, ni cosa por el estilo; comida que «se pegue al riñón»: asadura con tomate ó mojama al natural.»
El Globo, 03/08/1903

Desde hacía años se venían estudiando varios proyectos y presupuestos para el encauzamiento o canalización del Manzanares. En 1892 hasta hubo una propuesta para crear un canal navegable en un tramo del Manzanares. Juan Bautista Díaz presentó en el registro del ayuntamiento una memoria descriptiva para tomar parte en los festejos del Cuarto Centenario de Colón. Era un proyecto para salubridad y embellecimiento de Madrid y navegación á vapor, creando además beneficios generales y rendimientos á perpetuidad. Proponía dragar una parte del río para hacer un canal navegable apto para tres barcos a vapor, ya de hélice, ya de ruedas. Decía que tenía cerradas negociaciones para que le construyesen un vapor de doble hélice para ser armado a orillas del río y otros dos vapores de menor eslora. El incomprendido Juan Bautista ya se imaginaba cómo sería el día de la celebración del Centenario:
El buque, cuya construcción tenemos contratada y que ha de ser armado, bendecido y votado [sic] en las aguas del Manzanares, término jurisdiccional de Madrid, izará en su palo mayor el pabellón Español y en el de mesana el de Castilla; será comandado por el que subscribe y hará de Almirante, mandando las evoluciones que ha de ejecutar toda la flota [...] Registro general del Excmo. Ayuntamiento, al núm. 25, fº 1.581, 19 de Enero de 1892.
Memoria descriptiva para tomar parte en los festejos del Cuarto Centenario de Colón verificando la limpia de una trayectoria parcial del río Manzanares para ... Establecimiento tipográfico de El Liberal. 1892

Aprobado por fin un proyecto que sería costeado por el gobierno, las obras de saneamiento y canalización del Manzanares comienzan en julio de 1914 para construir dos grandes colectores, paralelos a las márgenes del rio, y canalizar el río desde el Puente de los Franceses hasta el de la Princesa. Estas obras transformarán por completo la ribera; los merenderos se irán trasladando a una cota más alta y la zona, ya con el nombre de La Bombilla, se convertirá en un área "castiza" con merenderos, bailes con música de organillo y vida nocturna con ambiente popular. La línea de tranvías número 8 que pasaba por el Paseo de la Florida popularizó el dicho madrileño de "ser más chulo que un ocho". En 1919 ya no se instalaron los baños.
Las construcciones fluviales—de algún modo las hemos de llamar —, á cuyo amparo se chapuzaba la gente pudorosa; los famosos baños madrileños [...] nos han castigado esto verano con su ausencia; y desde el Puente de los Franceses basta la Pradera de San Isidro, el viejo Manzanares no ha visto más bañistas, durante los últimos tres meses, que los quince ó veinte chicuelos desvergonzados que, en cueros vivos, le han visitado con bastante asiduidad mañana y tarde.
Antiguamente —hablo de hace veinte ó veinticinco años— se hallaban en todo su esplendor, desde fines de Junio á principios de Octubre, los baños del rio seco [...] los establecimientos hidroterápicos y de simple recreo alzados sobre la tan famosa como mezquina corriente, ascendían á respetable número, y sus propietarios, que solían explotar también algún merendero de la risueña vega, hartábanse de ganar dinero. Yo recuerdo perfectamente, de entre aquellos balnearios populares, el conocido con el nombre de El Arco Iris, punto de reunión de chiquillos y mozalbetes arriscados, porque en él había varios pellejos de vino llenos de aire para recreo y lucimiento de los aficionados al difícil arte de la natación [...] yo recuerdo del mismo modo, y nadie en Madrid puedo haberlos olvidado, ya que han desaparecido muy recientemente, los baños titulados, supongo que sin pagar lanzas ni medias aguatas, La Estrella, El Sol, Oriente y Los Jerónimos.
Mundo Gráfico, 24/09/1919
El tranvía de La Bombilla a su paso por la Glorieta de San Vicente

En los años 30, con las nuevas teorías higienistas y la popularización de la natación, se crean establecimientos de otro tipo. El club Canoe promovió el moderno complejo de La Isla que fue construido junto al Puente del Rey sobre una isleta natural existente desde hacía siglos. Se tomó como referencia arquitectónica el Club Náutico de San Sebastián para simular un bello buque varado y el acceso se hacía a través de dos pasarelas peatonales, situadas en ambas orillas.
Ayer tarde se celebró la inauguración oficial de las piscinas de La Isla, en las que los socios del Canoe tienen de manera oficial su sede náutica. Es algo que coloca a Madrid a la cabeza del mundo en estas construcciones, y que nuestra capital estaba obligada a disponer como una de sus galas urbanas. La parte alta del edificio semeja el puente de un trasatlántico, de líneas sencillas y elegantes [...] Fue tal la aglomeración de público en las distintas y amplísimas dependencias, que el festival organizado, a base de socios del Canoe, se llevó con una evidente confusión [...] La edificación está enclavada en una isleta que hay en el río Manzanares, frente a la entrada principal de la Casa de Campo. Las amplias piscinas son tres: una popular; otra cerrada, para invierno, y otra abierta, de preferencia. El agua se toma directamente del rio, por ambos lados del terreno, por medio de dos arquetas provistas de una compuerta que regula la entrada.
La Voz, 30/06/1932

La Isla no era únicamente un club de natación donde incluso se celebraban campeonatos, también se anunciaba como un centro de ocio.
PISCINAS DE LA ISLA. Todos los días grandes atracciones. Vea los maravillosos VOLADORES SOBRE EL AGUA. Restaurante, almuerzos, tés y comidas americanas.
Luz, 21/09/1932

Piscina La Isla. A su derecha la Casa de Campo. 1932
A la izquierda, junto al Puente del Rey, estuvo la piscina La Isla

También en 1932, y con un enfoque más familiar, se inauguró la Playa de Madrid anunciándose como la mayor playa artificial de Europa. Con motivo de la fiesta inaugural habrá grandes festejos náuticos; entre ellos la presentación de las seis nadadoras del Molitor de París, y al frente de ellas Mlle. F. Moreau, destacadísima figura de la natación
En Fuentelarreyna, el lugar, sin duda, más agradable de la ribera del Manzanares, se celebró ayer la inauguración oficial de la playa de Madrid. Una playa artificial, montada con todos los adelantos modernos, en forma que las aguas permanezcan limpias constantemente por su constante renovación y con profundidades variables y progresivas, en las diversas secciones en que está dividida. Entre ellas hay una destinada a las mujeres y a los niños, con absoluta seguridad para el bañista, otra para la práctica de natación, y una, de gran profundidad, destinada a los saltos con trampolín. Tiene, además, la playa de Madrid cabinas, terrazas, pérgolas, toldos, solariums, duchas, etcétera, y posibilidad de cultivar intensa y extensamente los deportes.
Un servicio de autobuses recogerá desde hoy, fecha de la inauguración para el público, a cuantos quieran concurrir a la playa para bañarse o para asistir a las fiestas nocturnas y diurnas que formarán el programa de atracciones.
Ahora, 13/08/1932

Pero su entrada en servicio fue polémica por las deficiencias con las que se encontraron los asistentes. Lo peor es que hubo seis ahogados cuando todavía no habían transcurrido tres semanas desde su inauguración.
La inauguración fué anunciada para el 18 de mayo; luego fué aplazada y aplazada otra vez. hasta que por fin se abrió en agosto, pero sin deber abrirse, porque no hay derecho a anunciar tantas cosas, a implantar precios caros, para que luego. una vez que se ha soltado el dinero, encontrarse todo a medio hacer y sin organizar. Prueba de ello es que los trajes de baño se los ha llevado quien ha querido, que las nadadoras francesas no han acudido a tiempo, que la playa se ha estado anunciando todo el verano, como si funcionara, y no estaba aún inaugurada, y por fin lo más lamentable, ese número tan crecido de ahogados, que demuestra que el fondo es desigual, que han dejado los baches de las excavaciones, que no se han molestado en quitar las ramas por precipitación en querer explotar la playa, y, sobre todo, que el embalse no tiene más vigilancia que la necesaria para que los mozalbetes no salten les vallas y penetren sin pagar, pues de haber habido vigilancia no es posible que ocurrieran desgracias.
Se anunció también un magnífico servicio de autobuses desde distintos puntos de Madrid, y sín llegar a funcionar ni uno solo, por un motivo absurdo, tan brillante servicio se ha suspendido sin más explicación.
La Tierra, 31/08/1932

Al comenzar la temporada siguiente la empresa anuncia que en las instalaciones se han introducido importantes mejoras, como la de alargar las dimensiones de la playa y suavizar el desnivel para evitar toda clase de riesgos y en 1934 se anuncia ya como un sitio que podríamos llamar elegante.
PLAYA DE MADRID.— Dos restaurantes, té-baile, cenas americanas, deliciosa temperatura, embarcaciones y deportes, skating, patines. Autobuses: Avenida Dato, 22
ABC, 13/07/1934
Playa de Madrid. 1934

Pero los que querían bañarse sin tener que pagar entrada podían bañarse y divertirse aguas arriba del Puente de los Franceses; llevaban su traje de baño y su toalla y no necesitaban casas de baño. Además de bañarse hacían paellas o bailaban, incluso en una ocasión organizaron un concurso de los que entonces estaban de moda: un concurso de misses.
"—Hombre, ¿y por qué no vamos a elegir nosotros una "miss"?"
"—¿Cuál?" "Pues... "Miss Manzanares" "—¡Hecho!" -Pues el domingo próximo vamos a traer unas bandas de honor y, celebraremos la elección..." Dicho y hecho.
Y ayer, domingo, por la tarde, comenzaron los preparativos para la elección de "Miss Río Manzanares". Mas cuando iba a constituirse el Jurado, y pensaba darse al acto la gravedad de unas oposiciones a la judicatura, el público reunido descubrió una muchacha que salía del agua: María Luisa Gracia.
—¡Esa! ¡Esa! 
—Bueno, esperar, vamos a hacer la elección...
—¡Qué elección ni qué ocho cuartos! ¡Esa, la del "maillot" amarillo! ¡No hay otra! ¡Viva "Miss Río Manzanares"! ¡¡Viva!!
El Jurado quería celebrar la revisión. Insistía. Fué inútil. El público prorrumpió en aplausos, tomó en hombros a la nueva "miss" y la paseó en triunfo...
—Pero...—aún pretendió insinuar una excusa un miembro del Jurado.
—¡Como protesten ustedes, van al rio!...
Y tomando la banda que había de seleccionar a la "miss" la pusieron sobre el "maillot" amarillo de María Luisa Gracia, que, por elección popular, popularísima, quedó proclamada ayer "Reina del Manzanares".
Confesemos, la verdad, que el "referéndum" dio muy buen resultado. Y digamos de paso que en esa elección no hubo ni compra de votos, ni pucherazos, ni falsificación de actas ni ninguna dé esas cosas feas que ocurren cuando se "hacen" concejales... 
La Voz, 15/07/1935
Bailando a orillas del Manzanares. 1935

La piscina de La Isla sufrió algunos daños durante la guerra al ser bombardeada por la aviación franquista. Reconstruida después, aún funcionó varios años hasta que en 1954 la piscina, y la misma isla, desaparecieron por las nuevas obras de canalización del Manzanares. La Playa de Madrid también sufrió daños. En junio de 1948 se anuncia la inauguración de la temporada en la Playa de Madrid, reconstruida y reformada. Mario Rossi y su orquesta, Julio Merino y su conjunto. Después, en 1955, se construyó la gigantesca piscina del Parque Sindical en un sitio muy cercano. El auge de estas nuevas instalaciones y la contaminación del río hicieron que el embalse y zona de baños de la Playa de Madrid acabasen por ser abandonados.

En 1940 se designó como zona autorizada para baños "desde el puente del Generalísimo hasta Puerta de Hierro". El estrecho puente del Generalísimo construido durante el asedio a Madrid por necesidades de abastecimiento militar, estaba cerca del Puente de los Franceses, aguas arriba. Destruido ya ese puente del Generalísimo, en 1947 las Ordenanzas municipales designan como zona autorizada para el baño desde el Puente de los Franceses hasta Puerta de Hierro. También velan por la debida moralidad en las ligeras ropas de baño. Varias decenas de personas que incumplen las ordenanzas han sido llevadas sucesivamente, conforme a sus detenciones, a la Dirección General de Seguridad, donde se les ha impuesto una multa expiatoria de sus desmanes. A partir de este momento las restricciones irán aumentando hasta llegar a la prohibición.
La Alcaldía, en una nota que ha hecho pública, pone en conocimiento del vecindario que, por recomendación de las autoridades sanitarias, y como consecuencia de la escasez de agua que en esta época lleva el Manzanares, se prohíbe bañarse en su cauce. Añade la nota citada que la desobediencia de esta orden será severamente sancionada.
ABC, 09/07/1950

A pesar de las restricciones, hasta los años 60 siguieron siendo populares los baños en el Manzanares desde el Puente de los Franceses, pasando por Somontes, hasta El Pardo. En 1965 la Alcaldía recuerda la prohibición rigurosa de bañarse en el sector del río Manzanares comprendido desde El Pardo hasta su desembocadura en el río Jarama, un sector que excedía el término municipal de Madrid.
Baño en unas peligrosas pozas de la zona de Somontes abiertas después de unas excavaciones. 1962

Sin embargo en 1966 se anuncia un proyecto de gran envergadura:
Gran transformación del Manzanares. Una playa artificial de 4 kms, la más grande de Europa; podrá practicarse la natación y toda clase de deportes náuticos, incluido el de la pesca y numerosas embarcaciones de todo tipo surcarán sus aguas limpias y transparentes. En El Pardo se construirá un embalse regulador.
Hoja del Lunes, 31/10/1966

La playa se construiría en el tramo entre el Puente de los Franceses y el de San Fernando. Se trata de una extensión bordeada por abundantes frondas y arbolados. Habría otra zona delimitada para barcas, piraguas y motoras. Existía un embarcadero al otro lado del Puente de Segovia y se iba a construir otro a la altura de la ermita de la Virgen del Puerto dedicado a la navegación deportiva. Habrá también alegres y multicolores embarcaciones destinadas al recreo y diversión de los niños, barcos con sirenas y banderas que pasearán a la grey infantil que reclame sus servicios. Finalmente el río se repoblaría con multitud de peces de diversas especies para los aficionados a la pesca.

Fue el último proyecto que permitía bañarse en el Manzanares y que como hemos visto quedó en un cajón. Más que las prohibiciones, fueron las piscinas y la progresiva contaminación de las aguas las que acabaron con los baños en el Manzanares.

Bañarse en el Manzanares (I)

 Baños en el Manzanares en el paraje de Molino Quemado. Museo de Historia de Madrid (detalle)

Los madrileños siempre tuvieron mucha afición por bañarse en el Manzanares, un humilde río objeto de innumerables burlas durante siglos. Todos los grandes escritores del Siglo de Oro dejaron algún escrito mofándose de él.
Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
[...]
tú que gozas, tú que ves,
en verano y en estío,
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos
Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan. Francisco de Quevedo. 1648

Luis Vélez de Guevara además hace referencia a la costumbre en aquella época de bañarse entre la puesta de sol y las once de la noche.
Se llama río, porque se ríe de los que van a bañarse en él, no teniendo agua; que solamente tiene regada la arena, y pasa el verano de noche...
El diablo Cojuelo. Luis Vélez de Guevara. 1641

Hombres y mujeres se bañaban juntos y normalmente desnudos. En 1626 visitó Madrid el cardenal Francesco Barberini enviado por el papa Urbano VIII y quedó escandalizado por los baños en la víspera del día de San Juan.
gran parte de la ciudad y sobre todo las mujeres, va a aquel río Manzanares, al puente Segoviano, y allí gentes del populacho, tanto hombres como mujeres, se lavan entremezclados con poco recato para el servicio del alma [...] Acostumbran la mayoría de las mujeres a acudir aquí esta noche y al amanecer, desgreñadas, adornando las carrozas y los caballos con vegetación y flores, que en definitiva parece una arcadia, el Siglo de Oro respecto de la libertad y de la poca vergüenza. Entre estas se ve también a gentiles damas que con el pretexto de creer que el fresco de aquella noche hará bellas sus cabelleras y se las mantendrá, descienden de sus carrozas y con el acompañamiento adecuado, despeinadas, caminan paseando y pavoneándose.
El Diario del Viaje a España del Cardenal Francesco Barberini escrito por Cassiano dal Pozzo. 1626
Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan. Anónimo del siglo XVII de la Escuela Madrileña.

Ya en el siglo XVIII, varios anuncios por pérdidas o hurtos citan los baños frente a San Antonio de la Florida.
El día 30 del próximo mes passado á las 11 del día, se desapareció de ios Baños que están frente de San Antonio de la Florida, una Borrica rucia, con las puntas de las orejas abiertas, lleva una albarda sobre badana musca, pretal, y estrivos de hierro, al parecer de Correo, y con dos tumores en el vientre azia donde cae la espuela : para la restitución se acudirá á la Lonja que llaman del Duque de Alba, en donde darán el hallazgo.
Diario noticioso, curioso, erudito y comercial público y económico, 08/08/1761
 
En la noche del día 10 al 11 del corriente, en los baños de la Florida, han faltado una chupa, calzones, camisa y botines del uniforme del Regimiento de Reales Guardias Walonas; se suplica al que lo haya hallado se sirva entregarlo en el Quartel de dicho Regimiento al Sargento de la Guardia.
Diario de Madrid, 14/08/1792

En 1786 la publicación satírica El Apologista Universal contesta a una censura sobre los baños en el Manzanares y los paseos en el Prado. Lo curioso de esta noticia es la retahíla de personajes que recita.
Presentad, pues, al supremo Tribunal del Juzgado casero un pedimento en que digáis que en virtud del Anatema de su Censura o Costalito de abejas han determinado no ir a los Baños de Manzanares, ni presentarse en el paseo nocturno del Prado, a lo menos en los nueve meses próximos, las Semi-Damas, las Viejas verdes o mozas locas de baja esfera, las fogosas Señoritas, las gorronas, las mozuelas, las cernícalas, las porconzuelas, los babosos, los animalitos, los monstruos de picaresca fortuna que se ponen de rifa, las aves de rapiña, las mujercillas de obscuras costumbres, y las comerciantas sin fondo etc.
El Apologista Universal, número III, 1786.

Probablemente las costumbres que censura el autodenominado "tribunal del juzgado casero" provienen de posibles inmoralidades tanto en los baños como en el camino hacia ellos.
LAVANDERAS. Las que concurren al rio de Manzanares, sus ayudantes y criados se abstengan de proferir juramentos, palabras obscenas é indecentes, y de injuriar de obra ó palabra á las personas que pasan por las márgenes del rio ó por los lavaderos, ni salgan de estos ni sus bancas á gritar y causar rumores ni quimeras, pena á los contraventores de que se les destinará por quince días á las obras públicas, y si fueren mugeres por igual tiempo á la reclusión de San Fernando.
Bando de 29 de Abril de 1790 en Continuación y Suplemento del Prontuario de Don Severo Aguirre. Madrid. 1805

En el siglo XVIII, el de la Ilustración, las ciencias adelantan que es una barbaridad, una brutalidad, una bestialidad ...
INVENCIONES Y ADELANTAMIENTOS EN LAS CIENCIAS Y ARTES
Mr. Estevenard, Maestro de Matemáticas en León [Lyon], ha inventado una especie de Scaphandro cuyo uso es principalmente en los baños, aunque en un caso desesperado también dice que puede servir en el mar. Con él, el que toma los baños puede estar de pie en el rio, y entrar tan adentro como quisiere, se entiende sin riesgo de ahogarse, pasearse y andar muchas leguas rio abajo, tocar un instrumento, disparar una escopeta, &c. todas cosas indispensables en un baño, como ve el Lector. Para los de Madrid esta invención es absolutamente útil, porque tan seguros están de no ahogarse sin ella, como con ella; aún si sirviera para defenderse de las ballenas, ú de las cotillas...
Correo literario de la Europa, 23/11/1786
Antonio Joli. Puente de Segovia. 1753. Colección particular

En 1797 se anuncia la apertura de nuevos baños.
En el Arroyo de Canta-Ranas, del Soto de Migas Calientes frente á la huerta de la Sra. Duquesa de Alba, se han abierto diferentes baños de aguas muy limpias y claras, para las personas que quieran servirse de ellos.
Diario de Madrid, 15/07/1797

El arroyo de Cantarranas, ahora soterrado, desembocaba en la ribera izquierda del Manzanares en algún punto al norte del actual hipódromo. El Soto de Migas Calientes, grosso modo, era una zona que abarcaba desde San Antonio de la Florida hasta Puerta de Hierro y estaba atravesada por el camino a El Pardo.

A comienzos del siglo XIX van apareciendo en la prensa otros baños, los de antes de Carballo, y al presente de su viuda, los de puerta de yerro y este de Jacinta Conde. Me pregunto si apareció lo que perdieron los señores Luengas.
En la tarde del 19 del corriente se extravió una cruz de oro guarnecida de diamantes, con su cadenita también de oro para el cuello de señora, en los baños de Jacinta Conde, frente á San Antonio de la Florida : la persona que la haya encontrado la entregará en casa de los Señores Luengas, hermanos, portal del Peso Real, donde darán más señas y el hallazgo.
Diario de Madrid, 30/08/1802

En estos años parece que los baños de Carballo son los más acreditados y los que más se anuncian.
En los acreditados baños de Carballo [...] que son los primeros del rio Manzanares, frente al palacio de la Moncloa, se halla construido un baño grande en que se puede nadar, pues tiene 19 pies en quadro, y de agua por lo mas profundo la altura de un hombre regular, con una corriente y cascada de agua hermosa.
Diario de Madrid, 29/07/1815

Los anuncios de estos baños frente al Palacio de la Moncloa se repiten varios años hasta que en 1830 se anuncia que se ponen en el vado llamado de los Harineros y en 1833 en el sitio de la huerta de la venta del Cerero, mas arriba del vado de Harineros. Estos cambios de ubicación podrían deberse a la cambiante disposición de las pozas y lenguas de arena que formaba el Manzanares durante el invierno. También podría ser por la pugna con otros competidores por ser "de primeras aguas", es decir estar aguas arriba respecto a otros para no recibir las aguas ensuciadas por los baños de la competencia.

Casimir Monier era un inquieto empresario francés que tenía varios negocios en la calle Montera y en la de Caballero de Gracia, una librería y gabinete de lectura, baños al vapor y casa de baños templados, incluso ofrecía baños portátiles a domicilio. En 1835 publicó un prospecto buscando inversores para un nuevo negocio:
Habiendo pues determinado formar un nuevo establecimiento que en nada se pareciese a los conocidos hasta ahora en Madrid, hizo algunos diseños, levantó planos y los presentó al Ayuntamiento de esta capital, el que no solamente los aprobó sino que para llevar á cabo su egecución tuvo a bien concederle en propiedad el terreno que solicitaba en el Soto de Migascalientes. Esta concesión ha merecido la augusta aprobación de S. M. la Reina Gobernadora, que se ha dignado poner el establecimiento bajo su protección, y permitir al mismo tiempo que lleve el nombre de PORTICI nombre muy grato á S. M. por recordarle el sitio más ameno de Nápoles [...] Sin contar con los medios de recreo, egercicio é instrucción que ofrecerá el PORTICI á los concurrentes, hallarán también en él baños naturales, templados y minerales de las aguas conocidas hasta la fecha de chorro y lluvia; de modo que las personas que tenían que ir a tomar aguas minerales á largas distancias de la corte, hallarán en el PORTICI la salud que con mil incomodidades iban á buscar lejos de su casa y ahorrarán los crecidos gastos del viage.
Habrá en el Portici una escuela de natación con sus correspondientes maestros y efectos necesarios para la decencia y comodidad de los concurrentes, formada según el plan de la que existe en París, cuyos principios y reglamento interior servirán de norma para la que se quiere establecer.
Habrá igualmente unos barquitos de nueva invención á fin de pasearse en el Manzanares parte del año; un establo con vacas y burras de leche, fonda, café, y villar. Los aficionados a la lectura tendrán á su disposición una biblioteca de libros escogidos nacionales y estrangeros; y tan luego como haya cierto número de accionistas se establecerá para mayor comodidad en coche diligencia, á precios muy equitativos esclusivamenle destinado al servicio de los señores fomentadores de esta empresa española.
Revista Española, 06/04/1835

PORTICI EN EL SOTO DE MIGAS CALIENTES
Todos los días siguen saliendo las diligencias del gabinete de lectura Monier, Calle de la Montera, a las 7, 8 y 10 de la mañana [...] y volver a las 7, 8 y 9 de la noche, parando en la Puerta del Sol. En la fonda del Portici, al cargo de los dueños de la del Comercio, Calle de Alcalá, se hallarán almuerzos y comidas á todas horas. Hoy Jueves á las 5 de la tarde habrá una orquesta para bailar si el tiempo lo permite. El asiento de la diligencia es á 4 reales y la entrada al establecimiento á 2.
Eco del Comercio, 28/05/1835
Proyecto de Portici en el Soto de Migas Calientes

En posteriores anuncios se ofrecerá además una variada función, intermediada de juegos de física, baile y fuegos artificiales. Al año siguiente se ofrecerán nuevas atracciones ¿Se han olvidado de los baños?
Hoy domingo, si el tiempo lo permite, habrá función en dicho establecimiento, la que dará principio á las cinco y media de la tarde con una sinfonía que tocará la orquesta. En seguida se probará la destreza del Beticano en el Pedrero en un pecheo por un espacio regular; concluida esta lucha, y en tanto se presenta la segunda, tocará un himno la orquesta en loor del que haya manifestado más maestría.
Luchará el Lusitano á muerte con Sancho con puñalitos de acero para que de este modo los aficionados que gusten puedan hacer apuestas en favor del que mas les agrado, advirtiendo que con este objeto se ha formado un reglamento para poder decidir y evitar contestaciones.
Finalizada esta segunda lucha celebrará una tocata a la victoria que haya obtenido el mas bravo. En seguida pasará la orquesta al salón campestre, donde se dará principio al baile hasta el anochecer, que se continuará en el de la casa.
Diario de Madrid, 12/06/1836

Por un anuncio posterior nos enteramos de que esas misteriosas luchas son peleas de gallos, y al final de otro anuncio aparece esta Nota. Los baños llamados de Carballo se hallan este verano en el Portici. El gran proyecto del Portici era demasiado ambicioso y fracasó. En marzo de 1837 se anuncia que se alquila la fonda del Pórtici con todos sus muebles y enseres. Al que le acomode puede dirigirse al gabinete librería de Monier, calle de la Montera. Al menos alguien se hace cargo de la fonda porque se anuncia que vuelve a abrir provista de fiambres de varias clases, vino, licores, cerveza y demás, y se admiten encargos de comidas avisando un día de anticipación; también los baños de Carballo vuelven a establecerse en Portici. En los años siguientes Carballo aparecerá ya como el director de los baños de Portici.

En agosto de 1839 Monier se ve obligado á avisar, con el fin de evitar las equivocaciones, que hace más de un año no le pertenece la librería estrangera de la calle de la Montera, ni los baños de la calle del Caballero de Gracia, ni el Portici. Después parece que hubo una serie de pleitos por incumplimiento de las condiciones con las que se había otorgado la concesión del terreno.
En 1867 parecen haber finalizado los pleitos con Monier, ya que se procede a la inscripción de dominio y posesión de la finca «Viveros de la Villa» (que ya han cambiado su denominación como podemos observar), que perteneció a los propios de Madrid.
Los Viveros Municipales y el antiguo Soto de Migas Calientes. Carmen Añón Feliú. Revista Villa de Madrid. Núms. 97-98. 1988

En 1839 el ayuntamiento considera que siendo los baños que durante los meses del calor se establecen en el rio Manzanares un objeto de utilidad pública, no puede menos de estenderse á ellos la vijilancia de la autoridad local; y para que en éstos haya el buen orden, decoro y comodidad que corresponde á un pueblo culto, se observarán con la mayor exactitud las reglas siguientes ...  Se establecen quince reglas entre las que destacan que no se permitirá bañarse juntas personas de distinto sexo aunque manifiesten ser matrimonio -- los niños ó niñas de menos de doce años no podrán bañarse solos, sino que precisamente ha de haber á la vista una persona interesada que cuide de ellos y pueda prevenir una desgracia -- de la techumbre de cada baño penderán cordones ó cuerdas que lleguen al agua, de bastante fuerza para que las personas puedan asirse á ellas. A partir de este año el bando, con algunos retoques y añadidos, se publicará todos los años en el mes de junio.

En aquellos años la mayor preocupación del ayuntamiento es mantener la separación por sexos.
Los atrevidos imberbes que, según hemos dicho ya en nuestro periódico, dieron en la gracia de disfrazarse con el trage del otro sexo, y cuya humorada le costó á alguno de ellos, como sabes nuestros lectores, una paliza decente, se disponen ahora a hacer una de las suyas, dirigiéndose á los baños del Manzanares con el obgeto de contravenir al justo bando del gefe político, referente á la prohibición de que se mogen juntos macho y hembra. Recomendamos, pues, la mayor vigilancia á los bañeros para impedir qué se perpetre esta calaverada de marca mayor, que podría dar margen á graves quid pro quos y conflictos, y para que antes de permitir á las faldas la entrada en los baños, estudien bien sus facciones y movimientos, y observen sobre todo sí la cabellera es postiza.
La España, 06/07/1848

Al acercarse la mitad del siglo, la publicación burguesa Museo de las Familias considera, de forma irónica supongo, los baños como un lugar casi idílico en verano, sobre todo para los hombres.
Una agradable y pintoresca vista presenta en esta alegre estación, el rio Manzanares en una estension de dos leguas, si bien mucho mas animada en la parte mas próxima á la capital. El centro del rio á lo largo es una prolongada calle de barracas de palos y esteras, en donde se hallan profundos y someros baños de corrientes aguas, á gusto de los que los buscan, diferenciándose unos de otros, por multitud de banderas flotantes sobre las grandes barracas ó salas de descanso. El alegre guitarrillo, el sonoro pandero, y las bulliciosas castañuelas, animan por lo general el ya animado cuadro, y los que van a bañarse al Manzanares gozan al propio tiempo que de los placeres que proporciona la ansiada frescura, los que son naturales a la alegría madrileña y jovialidad española, que pocas veces vuelven á sus hogares sin que les haya divertido alguna aguda canción, y recreado la vista el airoso cuerpo y graciosa cara de alguna hermosa, que salpicando sal y garbo al son de los festivos instrumentos, haya detenido los pasos de los que vuelven de los baños por la frondosa alameda de la Virgen del Puerto, para admirar la abundancia de gracias con que enriquece la pródiga naturaleza á las hermosas españolas.
Museo de las Familias, 25/08/1846
Manuel Rodríguez de Guzmán. Lavanderas en el río Manzanares en Madrid. 1859. Museo del Prado

Los baños están de moda en 1850. La prensa dice que la concurrencia que estos días acude á los baños del Manzanares es inmensa, y la animación y movimiento mayores que en ningún otro paraje de Madrid. Hasta se cruzan apuestas:
Ayer en el café de la joven Esmeralda no se hablaba de otra cosa que de una apuesta singular que hubo el jueves entre dos famosos nadadores, el uno de ellos recién llegado de Cádiz. Parece que este, llamado Tolete, apostó con otro en el café de Levante veinte onzas de oro á quién resistía mas tiempo debajo del agua. Depositada la apuesta, partieron á uno de los baños del Manzanares en donde sentaron sus reales en compañía de varios amigos y testigos. Desnudos ya, se notó que Tolete envolvía en un cuero una tortilla con jamón, pan, queso y un bote de vino colgándotelo á manera do mochila. Preguntóle su contrincante el fin que se proponía con aquellas provisiones. No lo estrañe V. contestó Tolete, porque siempre que voy al fondo me gusta llevar que comer por el largo tiempo que estoy en él; pero le advierto a V. desde ahora que si no lleva V. algo, se quedará mirando, porque yo no convido. Al ver esta resolución, su contrario se intimidó de tal modo que empezó á vestirse dándose por vencido. Lo mas particular es que el tal Tolete en su vida se ha bañado.
El Observador, 23/07/1850

Además de los baños grandes, los más caros, con los años los dueños de los lavaderos de ropa habían ido habilitando con lonas, tablas viejas y esteras sucias unos baños chicos muy deficientes y que son objeto de continuos ataques en la prensa.
Porque baños que no corren 
Y entré esteras y entre palos
Ni ondas hacen ni se mueven
Y siempre se están parados,
De lodo y otras frioleras
Mas que baños son estancos.
[...]
Y el agua (y así en llamarla
Bastante favor te hago)
Que por boca ó por narices
Bien contra mi gusto trago,
Si á jalapa no me sabe,
Porque nunca la he probado,
Brebaje se me figura
Compuesto por los diablos; 
[...]
Mal hayan del Manzanares
Mil y mil veces los baños.
Que mas que de baños de agua...
Perdona, lector, lo callo.
El Enano, 27/07/1852

Pocas personas habrá en Madrid que dejen de conocer á un capitalista de los mas sanos, cuyo sombrero descomunal puede cobijar á la sombra de sus alas mas gente que la campana de Toledo. Este avaro atesorador que tiene mas medallas de D. Félix Utroques que tramposos hay en la Granja y el Escorial, ha tomado la económica de dirigirse á los baños baratos del Manzanares con el triple objeto de ahorrarse la diferencia del precio entre estos y los de la corte, con el de refrescar sus acartonadas carnes, y con el de ver si pesca por último á alguno que otro calavera, á quien en mal hora prestó unos cuantos maravedises. En la tarde de ayer consiguió afortunadamente las tres cosas: habiéndose presentado en uno de los baños mayores que hay en el rio, tropezó en él con uno de sus deudores, á quien reconoció al vuelo á pesar de que se hallaba como lo parió su madre, y le apostrofó en tan descorteses términos, que montando en cólera el bueno del calavera cogió por el cuello á su acreedor y se lanzó con él al agua. Al ver nadando en la superficie, como lo estuvo en otro tiempo el arca de Noé, el mayúsculo sombrero del capitalista, muchos de los circunstantes tomaron el rábano por las hojas, y gritaban como demonios: la campana de los buzos; la campana de los buzos!
Pero ¡ay! no era así, puesto que el que cayó debajo de ella, salió hecho una sopa.
La España, 11/08/1848

La decadencia de los baños grandes en el Manzanares la iniciará el ferrocarril que facilitará el veraneo de la clase más adinerada en las playas del norte o en los balnearios de moda. Además el abaratamiento progresivo de las tarifas hará populares los trenes botijo que permitirán a otros grupos de población como los funcionarios y gente del comercio pasar unos días en el pueblo. A partir de 1858, con la inauguración del Canal de Isabel II, la situación de los baños en Madrid cambia de forma radical. Al no haber ya necesidad de aguadores, en el centro de Madrid se van abriendo grandes casas de baño en las que se puede disfrutar de agua limpia del Lozoya; los madrileños incluso contaban ya con nada menos que El Niágara.

EL NIAGARA. PASEO DE SAN VICENTE, NUM. 12
Grandioso Establecimiento balneario, donde el público encontrará una pila de natación de 23 metros de larga por 8 de ancha, y uno y medio de profundidad, con agua de Lozoya, corriente continua, 23 grados de temperatura, por estar soleada. Precios 2 y 3 reales persona. Otra pila de menos dimensiones, para señoras, con iguales condiciones que la anterior, á 2 y 3 reales persona.
Diez y seis pilas particulares de 3 metros cuadrados y uno de profundidad, donde las familias pueden bañarse con completa independencia unas de otras, á 2 reales persona.
Once pilas para baños calientes, con espaciosas y ventiladas habitaciones, a 4 reales cada baño por abono de nueve.
Otras 12 pilas de mármol de grandes dimensiones y forma no conocida en Madrid, decoradas con gran lujo, con timbres eléctricos, tocador con pomada, aceite, colonia, polvos, cepillos de cabeza y ropa y peines, á 6 reales por abono de nueve.
Magnífico jardín y restaurant a cargo de un fondista extranjero.
Baños medicinales de todas clases, á cargo de un profesor facultativo y otro farmacéutico.
El Demócrata, 21/07/1880

Los que han perdido mucho con estas innovaciones son los pobres baños del Manzanares, que eran, antes de que los trenes de recreo acercasen las playas de San Sebastián, Bilbao y Santander, el gran recurso de los madrileños. Los concejales tenían sus baños privilegiados dentro del Vivero; seguían luego !os de los Cipreses, las primeras aguas para el público; continuaban luego los de los Jerónimos, y hasta el puente de Toledo marchaba el pobre Manzanares mojando los cuerpos flacos de las madrileñas y proporcionando las delicias de la natación á los madrileños. Cipreses, Jerónimos, San Antonio, Florida: todavía se conservan recuerdos de su antiguo apogeo; pero están llamados á desaparecer muy pronto.
El Día, 27/07/1890
Baldomer Gili Roig. Lavadero público c. 1915, Museu d Art Jaume Morera

En 1897 un periódico nos da una visión muy negativa ¿o realista? de los baños en el río Manzanares.
Cada baño pertenece á un lavadero, llevando su nomenclatura. Anúnciase en la puerta con negras manos indicadoras ó con alegres banderolas nacionales, Y aunque todo aquello resulta como propio de un país de la miseria, no hay baño, ni lavadero, ni ventorrillo que no ostente un pomposo rótulo. Encontráis los baños del «Sol», de «Oriente», del «Arco Iris», del «Andaluz», del «Maragato», del «Siglo», de «San Antonio de la Florida», de «Los Jerónimos», del «Torero». Nombres, á cual más retumbantes, reveladores de los gustos ó de la natalidad del propietario, ó acaso de añejas tradiciones.
Desciéndese á los baños por la misma escalerilla que guía á los lavaderos [...] Gallinas y cerdos, cacareando ó gruñendo, escarban ú hozan en la tierra húmeda. Manadas de chiquillos, medio desnudos, se revuelcan jugando aquí y allá. Y á la entrada de los ventorros, sentados á la redonda y mugrienta mesa, característica de taberna, vagabundos y mozos de cuerda, mendigos y carreteros, comen silenciosamente alguna flaca pitanza [...] Si ese es el marco ¿cómo ha de ser el cuadro? [...] Allí están los baños, formados de tablas repintadas, cubiertos de esteras viejas [...] Cuelga á la entrada una cortina cualquiera, de yute deshilachado, de percal descolorido, de alfombra agujereada [...] Si son feos por fuera, son lúgubres por dentro. Los baños generales no disponen de otros adornos que unos bancos y unas perchas, que corren por los cuatro costados. Písase pelado el suelo, sin esterilla, clavándose la arena en las plantas. Estos estanques valen veinticinco céntimos. Y si pasáis á los baños reservados, que cuestan cantidad doble, no halláis tampoco mayores ventajas. La ropa de baño, sábana y calzoncillos, se estima en otros veinticinco céntimos [...] Los propios dueños de los baños reconocen estas desventajas. Ellos levantarían baños hermosos, elegantes, bien acondicionados. Colocarían utensilios para la toilette. Establecerían un botiquín para accidentes repentinos, tan frecuentes en todo balneario; organizarían un pequeño restaurant para tomar un refrigerio. Pero, sabido es que, en verano, las personas ricas se marchan á bañarse en otra parte. Queda, pues, el pobre Manzanares como recurso de sus iguales, los pobres.
Nuevo Mundo, 15/09/1897

El motín de las verduleras de 1892

Verduleras junto al Mercado de la Cebada

Las verduleras siempre han sido mujeres de armas tomar. Luchadoras por el pan de ellas y sus hijos no se arredraban ante nadie; su lenguaje popular, descarado y en ocasiones obsceno se ha convertido en un lugar común. Un periódico en 1846 nos cuenta la "prudencia y sigilo" que utilizaban.

La funesta pasión de los celos, que tantas víctimas tiene á su cargo, ha llegado á penetrar hasta de la plazuela de San Miguel. Ayer á las ocho de la mañana dos verduleras que adolecían de esta enfermedad, trataron de desahogarse con aquella prudencia y sigilo que acostumbran. La primera insinuación fue tirar una de ellas á su rival una pesa de dos libras. En seguida se agarraron tan fuertemente del pelo, que entre ocho hombres no pudieron separarlas hasta que se quedaron con los mechones en la mano. Se golpearon á su placer, aturdieron el barrio á gritos, hasta el punto de causar un medio motín en tales términos, que á no haber acudido la policía, indudablemente las hubiera sucedido lo que á los dos famosos perros del matadero de Sevilla, que se comieron el uno al otro y solo dejaron los rabos. 
La Esperanza 18/10/1845

El margen que les quedaba a las verduleras tras las ventas era escaso por los precios que les imponían los asentadores o mayoristas, así que no admitían regateos.

Acercóse una señora á un puesto de fruta, y preguntó á la mujer que la vendía á cómo daba los melocotones.
—A dos reales, contesto esta.
—Quiere Vd. a doce cuartos?
—Pues yo! a doce cuartos.... que barato compra Vd. señora... el demonio de la señora del trompón... cuando no la he tirao la pesa a la cabeza...
De esta manera y usando otras veces de las palabrotas mas obscenas y groseras, suelen provocar escandalosamente á los compradores hasta que se hallan á larga distancia. Este es un abuso muy antiguo en Madrid, donde los encargados de hacer guardar el orden en los mercados, parece se cuidan poco de evitar estas escenas repugnantes.
El Español, 06/08/1846

A lo largo de los años hubo muchos tumultos protagonizados por las verduleras. En 1885, en un momento de escasez de alcachofas, un día los acaparadores adquirieron al contado una gran partida de alcachofas para entregarlas luego a precio crecido a las vendedoras ambulantes. Se corrió la voz del abuso entre las verduleras e iniciaron un tumulto.

Un grupo de 1.000 próximamente bajaron al sótano de la plaza, centro del mercado al por mayor, y repitió allí con más energía las protestas comenzadas en la calle. Algunas vendedoras, más atrevidas que sus compañeras, se arrojaron sobre los revendedores, arañándolos y dándoles de palos con tal furia, que en pocos momentos hicieron varios contusas y algunos heridos [...] Los revendedores se ponían precipitadamente en salvo; los guardias de orden público y municipales interponían inútilmente su autoridad siendo arrollados en distintas ocasiones, y las verduleras protestaban volcando infinidad de sacos de patatas y cestas de espárragos y otras verduras que pisoteaban ó arrojaban á los guardias. Todas las hortalizas que había en el sótano, cuyo valor ascendía á 10.000 pesetas próximamente, quedaron destrozadas.
Una vendedora joven, encarándose con un vendedor, le preguntó:
—¿Cuánto vale la docena de alcachofas?
—Catorce reales.
—Tómelos V., dijo; y levantando un palo de romana dio tantos y tales golpes al asentador, que á no quitárselo de las manos, hubiese dado de él muy mala cuenta.
El Día, 21/03/1885

Pronto se personaron las autoridades para calmar los ánimos y negociar.

No recibieron por el pronto muy bien las amotinadas á las autoridades; pero merced á grandes esfuerzos, el gobernador penetró en medio de ellas, ó imponiéndoles silencio, logró hacerse escuchar.
—¡A ver, una comisión que me explique lo que pedís! ¡Esta y esta!...
—¡No! ¡esa no! ¡Yo! y ¡yo!...
—¡Silencio!
Por fin lo hubo. Una verdulera tomó la palabra:
—Señor gobernador: nosotras sólo queremos justicia, que es lo que no se usa por esta tierra. Nosotras somos unas pobres y esos unos gandules, quo nos roban el pan de nuestros hijos. Diga usía, ¿es justo que esos... tíos ganen muchos días 40 duros y nosotras sudamos el quilo para ganar 40 céntimos? ¿No ha quitado usía los revendedores pa los espectáculos públicos? ¿Pues no es más preciso comer que divertirse? 
La Época, 22/03/1885

En la calle de la Ruda se instalaban multitud de verduleras ambulantes para vender su mercancía. El paso solía quedar obstruido y la calle sucia por restos de verdura cuando se retiraban las vendedoras. Las quejas eran frecuentes.

MAS QUEJAS.—La calle de la Ruda se ha convertido en una mansión de furias, á juzgar por los descompasados gritos y obscenas palabras con que algunas verduleras allí situadas corrompen el aire, por medio del cual llegan sus inmorales dichos á oídos de jóvenes honestas y de la pacífica vecindad. Las referidas vendedoras impiden además el tránsito ó insultan á cuantas personas de ambos sexos tienen la desgracia de pasar, y de vez en cuando disputan unas con otras, resultando de semejantes contiendas una salva de puñetazos, tirones de orejas, repelones y zapatazos. Esperamos que la autoridad haga cuanto esté de su parte para evitar un mal de que se nos han quejado ya varios padres de familia. Bien es verdad que es propio de la época en que vivimos. Ahora por desgracia se piensa en comprimir el pueblo, no en educarle.
El Clamor Público, 23/07/1853

Verduleras en la calle Toledo esquina a la calle de la Ruda

En 1887 se produjo una gran disputa entre las verduleras del mercado de la Cebada y las de la calle de la Ruda.

Las verduleras de los puestos fijos, se quejaban de la escasez de venta y de la insostenible competencia que las hacían las vendedoras ambulantes, sus constantes enemigas. Estas palabras fueron oídas por algunas de sus competidoras, y contestaron con amenazas, injurias y unos cuantos patatazos. Los guardias municipales y de Seguridad quisieron poner paz entre las amotinadas, y entonces resultó lo que era de esperar: un tumulto espantoso  y una gritería inmensa, que duró hasta las nueve de la mañana. A esta hora parecía que los ánimos de las amotinadas se habían calmado, pero como los municipales retenían las cestas recogidas á las vendedoras ambulantes, al ver que no se las entregaban, comenzó de nuevo la gritería y el motín se reprodujo con más brío que antes [...] el escándalo estaba en su período álgido; pero se había logrado interponer un fuerte pelotón de guardias al mando de sus jefes entre la calle de la Ruda, donde seguía arreciando la contienda, y las batalladoras verduleras tropezaron con el primer inconveniente: el aislamiento. El teniente alcalde del distrito, el delegado de mercados y el inspector, lograron interponerse entre las amotinadas, y fueron poco á poco aplacando su cólera.
El País, 16/11/1887

Pero fue en 1892 cuando las verduleras de la calle de la Ruda iniciaron el gran motín conocido "motín de las verduleras". Contra lo acostumbrado, todos los periódicos de la época publicaron detalladísimas crónicas sobre todos los incidentes producidos, destacando especialmente las de El Siglo Futuro, El Día y El Correo Español en los números publicados los días 2 y 3 de julio de 1892.
El conflicto se originó por una brusca subida de arbitrios. La comisión del Ayuntamiento encargada de la redacción de la tarifa de arbitrios, formó otra que variase los precios, de 10 céntimos a una peseta, a través de una escala que se publicó.

Para que nuestros lectores puedan juzgar de la equidad que ha presidido al establecimiento de los impuestos en cuestión, hé aquí, tomados al azar, algunos artículos de los comprendidos en la tarifa que van a pagar:
[...] 
Pagarán 25 céntimos: vendedores de frutas, verduras y sal, por cada banasta, sera, bandeja, caja ó cualquier artefacto semejante.
[...]
No necesitamos esforzarnos para demostrar que esto no es más que el impuesto sobre la miseria.
El Correo Español, 02/07/1892

El nuevo arbitrio entraba en vigor el 1 de julio pero la ineficaz burocracia del ayuntamiento hizo que no hubiesen llegado a las Inspecciones municipales los correspondientes recibos. El día 2 de julio comenzó en la calle de la Ruda el cobro.

En cuanto los guardias empezaron con toda solemnidad, armados de lápiz y cartera, la cobranza, en aquel punto, empezó la batalla, que no acabó en todo el dia.
—¡No pagamos!
—¡Mueran los guardias!
—¡No queremos dejarnos robar!
—¡Que nos dejen comer!
—¡Abajo el impuesto!
El Siglo Futuro, 03/07/1892

La calle de la Ruda fué donde se originó el motin. Las verduleras que ocupan las dos aceras en toda extensión de la calle excitadas ante la tenacidad de los exactores del impuesto y movidas de un sólo impulso, retirando ó abandonando sus mercancías uniéronse todas para insultar a los guardias, y en medio de una gritería infernal obligaron a las que tenían puestos ó establecimiento fijo á cerrarlos, y se encaminaron á la plaza de la Cebada. El numero engrosaba por momentos, y dentro ya del gran mercado de hierro, suspendieron las transacciones, cosa que les fué muy fácil, porque muchas se les unían espontáneamente y otros vendedores aprovechaban la ocasión para eludir el pago por el dia de hoy. Los que se resistieron á cerrar vieron en un momento destrozadas sus mercancías. El mercado de la Cebada quedó desierto y los puestos y almacenes cerrados. La manifestación se organizó, ó para hablar con más propiedad, se improvisó delante del mercado; flotaron varias banderas con los colores nacionales, algunas ostentando inscripciones, y en derredor de ellas se agruparon las amotinadas.

En la plaza de la Cebada, una rubia de buenos ojos y toda desgreñada, conocida, según se nos dijo, por la Sarasate, enarboló la bandera de la rebelión, llevando en la diestra mano una larga vara, en cuyo extremo ondeaba un pañuelo encarnado. Siguieron á esta insignia, en el primer momento, setenta vendedoras. He aquí el discurso de la Sarasate:
«Compañeras de desgracia, compañeras ultrajadas por los de la plaza de la Villa, en estos momentos, ya en todas las plazuelas, están dispuestas á no pagar para vicios á los que tienen más dinero que nosotras. Todas hemos de ir por diferentes calles de las más próximas á esta plazuela, á fin de obligar á todo el comercio á que nos secunde en nuestro propósito, y ¿sabéis cómo hacerle que cierren las puertas? ¡Unión y nada más!» Multitud de voces de las asociadas: ¡Bravo! ¡Bien dicho! O semos ó no semos. Otra voz: ¡Chicas, á comprar varas y hacer banderas! La multitud se dirigió á una tienda donde veían dichas varas, é inmediatamente casi todas las mujeres ostentaban la señal de la insurrección.
Cuando la multitud estaba dispuesta á cumplir su programa, un guardia municipal tuvo el mal acuerdo de querer cobrar el impuesto á una vendedora, á inmediaciones de la calle de la Ruda. Entonces empezó el movimiento, y estalló el conflicto. El guardia tuvo que entrar precipitadamente en un portal para defenderse de las piedras que le dirigían las amotinadas.
Varias voces- Dejadle, chicas, él cumple con su deber [...]

La Ilustración Nacional. La Sarasate arengando a sus compañeras

Ante el cariz que tomaba la sublevación las autoridades municipales se asustaron y acudieron al gobernador.

Llegada del gobernador. Las nueve serían cuando el señor marqués de Bogaraya, enterado de lo que ocurría, se presentó en el lugar del suceso acompañado de su secretario y algunas autoridades. Empezó por aconsejar á las manifestantes que depusieran su actitud, y que fuesen á su despacho á manifestarle aquello que ellas creían perjudicial á sus intereses, que él las atendería en sus pretensiones, y que despejasen la vía pública, restableciendo con ello el tránsito de tranvías y carros que en cifra numerosa obstruían la calle de Toledo y adyacentes.

Muchas de las manifestantes hablaban á la vez al gobernador, exponiéndole sus quejas y sus deseos, y en verdad que la situación era difícil para entenderse, pues no se oían más que estas ó parecidas frases, acompañadas unas veces de silbidos y en varias ocasiones de aplausos:
—Todos son lo mismo.
—Siempre todo esto acabará pa ná.
—No somos españolas, no tenemos sangre en las venas, y los hombres son unos gallinas.
[...]
Después de conferenciar á duras penas el gobernador con las amotinadas, dentro del Mercado, que se abrió exclusivamente para el caso, sin que pudiera hacerse entender de ellas, salió de aquel centro mercantil y dirigióse á pié por entre la masa de carne humana en dirección al Gobierno civil.
Una de las amotinadas que escuchó de labios del gobernador que todo se arreglaría, exclamó frente al instituto de San Isidro:
—Compañeras, ¡viva el gobernador!
Y la multitud exclamó:
—¡Vivaaa!...
Pero esto duró poco tiempo, pues cuando los vítores concluyeron, otra voz vino á turbar el relativo reposo. He aquí la voz que dio la Pelusa, una de las protagonistas del alboroto:
—¿Sabéis lo que os digo? Que todo esto va á ser una coba.
Voces: ¡Abajo el arbitrio! ¡Abajo los abusos!

Mientras una parte de las verduleras seguía al gobernador hasta el Gobierno Civil para negociar, otra gran parte empezó a recorrer las calles para imponer el cierre de los comercios. El único negocio que consideraron imprescindible y respetaron fueron las boticas.

Para conseguir este propósito llegaban hasta la violencia, gritando con voces destempladas:
—¡Fuera la venta!.... ¡A la calle todo el mundo!.... ¡Que se coman los codos de hambre todos los ricos!
 
Tocó en turno la tienda número 7 de la calle del Humilladero, y una mujer, dueña de la misma, que se hallaba con su hijo, joven de unos veinte años, se rebeló contra las exigencias de la manifestación, y á voz en grito exclamó: «¡No cierro, ni cerraré, y no es porque no esté conforme con vosotras; es porque creo que ningún provecho obtendré con complaceros!»
Allí fué Troya.
Una voz.—Que cierre.
Varias voces.—Que esas puertas no permanezcan asi ni un momento.
La dueña y el hijo.—No cerramos.
La multitud.—¡A ellos!
Y seguidamente piedras que llevaban en prevención las amotinadas, trozos de vasijas que rompían en la vía pública á los que las llevaban, pero con asentimiento de las poseedoras, todo fué lanzado súbitamente sobre el hijo y la madre. Estos, cada uno con un enorme garrote, hicieron frente á la multitud. Los defensores de su tienda, al ver la esposición que corrían, abandonaron el palo en señal de capitulación, y cinco minutos después aquella fortaleza quedó herméticamente cerrada.

Un tabernero apodado El Che se negó á cerrar la tienda, diciendo:
—¿A qué queréis que cierre? ¿Cómo vendo yo?
—No hay más remedio, ó romperemos todo lo que haya en la tienda—contestó una verdulera.
—Pues mira, que entren todas y que beban lo que quieran. Yo convido.
Como era natural, en vista de la invitación entraron aquéllas en el establecimiento y tomaron cuantas copas quisieron. Seguidamente El Che cerró su tienda y las verduleras empezaron á aplaudirle.

En el Gobierno Civil el marqués de Bogaraya fue entrado casi en brazos por los oficiales del cuerpo de Seguridad que tuvieron que arrancarle de entre las vendedoras que le acosaban estrechamente a fin de manifestarle sus cuitas y pretensiones.

—Dejadme—decía el gobernador;—ahora, en cuanto pueda penetrar en el edificio, recibiré á una comisión de vosotras, os escucharé y se arreglará todo.

Un periódico dejó registrado para la posteridad los nombres de algunas de las que componían la comisión.

He aquí el nombre de los que la formaron: Carolina Paraper, presidenta; y de las vocales Valentina Trejo, María Fernández, María Pintado, Manuela Gallo, Matilde Lago, María López, Alejandra López, Gregoria León, Matilde Yañez, Vicenta Cabanas, Josefa Serrano, Carmen Moya, Esperanza Tabaca, Manuela Ortiz y algunas otras cuyos nombres no recordamos, porque al preguntarlas ya dentro del gobierno civil como se llamaban, todas nos contestaron á la vez.

Tras una corta conferencia el gobernador les aseguró que el incremento en el arbitrio quedaba anulado y que volverían a pagar la misma tarifa que el año anterior. En prueba de ello, el alcalde publicó un bando que fue fijado en las esquinas.

Alcaldía-Presidencia del Ayuntamiento de Madrid.
Para que sea conocido con claridad por el público el verdadero alcance del impuesto llamado de vendedores ambulantes, esta Alcaldía-Presidencia hace saber que el citado impuesto se seguirá cobrando en la misma forma y por la misma cuota que durante el año económico anterior, pues no se ha introducido en esta materia variación alguna.
Madrid 2 de Julio de 1892.—El alcalde presidente, Alberto Bosch y Fustegueras.
 
Verduleras junto al Mercado de la Cebada

Pero ya era tarde para poder desactivar el motín. En la calle surgieron nuevas protestas y nuevos gritos: «No queremos eso tampoco: queremos la desaparición total del impuesto». Vista la imposibilidad de disolver el tumulto por la vía pacifica, el gobernador se puso de acuerdo con el coronel de la Guardia Civil, señor Fajardo, y ambos convinieron dar una carga, que ocasionó los sustos y carreras consiguientes. A partir de este momento las cargas se sucederían a lo largo del día porque el motín ya se había extendido por todos los mercados y calles céntricas de Madrid. Por la mañana se habían unido las lavanderas a las sublevadas, pero por la tarde ya se habían incorporado hombres, mujeres de todos los oficios y desocupados que se apuntaban a cualquier tumulto.
Aún hubo otro intento de acabar con el motín cuando a las cinco de la tarde el gobernador publicó otro bando que ya no era conciliador.

D. Gonzalo de Saavedra y Cueto, marqués de Bogaraya, gobernador civil de esta provincia.
Hago saber: Que habiéndose hecho por mi autoridad durante la mañana de hoy todo género de exhortaciones á los grupos tumultuarios que discurren por las calles de esta capital, sin que haya dado resultado alguno, prevengo á los revoltosos que estoy dispuesto á utilizar las facultades que la ley me concede contra los que no depongan inmediatamente aquella actitud, y usaré contra ellos de la fuerza armada, sin consideraciones de ningún genero, hasta dejar expedito el tránsito público y restablecido el orden. De la prudencia y cordura de los habitantes de Madrid espero todavía que habrán de evitarme la dolorosa necesidad de usar con todo rigor de los medios coercitivos más enérgicos; pero si así no fuese, desde luego advierto que la energía de la represión corresponderá á la violencia de las agresiones.
Madrid 2 de Julio de 1893.
EL MARQUÉS DE BOGARAYA

Pero en las calles ya se escuchaban otros cánticos y voces.

Desde la plaza de Antón Martín á la calle de la Magdalena, desembocó un grupo cantando la Marsellesa y produciendo bastante alboroto. Entonces, de la plaza del Progreso, salieron unos 20 guardias civiles de á caballo. Los portales se cerraron, hubo carreras. Pero el grupo se disolvió.

De las verduras a «La Marsellesa»
Lo que empezó esta mañana por una protesta de las verduleras contra la gestión del alcalde ha venido á parar ¡quién lo creyera! en vivas á la república y cánticos de «Marsellesa.»

La Puerta del Sol y otros puntos principales fueron ocupados militarmente y la revuelta se extinguió al llegar la noche y vaciarse las calles; muchas estaban a oscuras porque todos los faroles estaban rotos. Al día siguiente hubo un tímido intento de reanudar la revuelta pero no prosperó.

Esta mañana á las ocho, un grupo de verduleras y algunas lavanderas intentaron promover nuevo alboroto en la plaza de la Cebada; pero las parejas de la Guardia civil, enviadas desde la madrugada en previsión de lo que pudiera ocurrir, han disuelto el grupo, sin que á la una y media de la tarde, hora en que cerramos nuestra edición de provincias, haya ocurrido ningún nuevo incidente. En los mercados, en la calle de Toledo y Embajadores hay parejas de la Guardia Civil por sí ocurriera algo durante la tarde de hoy.

La calle de la Ruda en la actualidad. Al fondo la Plaza de Cascorro

A MODO DE EPÍLOGO

El motín de las verduleras fue un motín provocado por el incremento abusivo de un arbitrio. Al ser las verduleras trabajadoras autónomas no dependientes, este motín no puede encuadrarse en la lucha del movimiento obrero. Además, cuando las verduleras fueron a la Fábrica de Tabacos buscando el apoyo de las cigarreras, no lo consiguieron.

El grupo tumultuoso se detuvo frente al a Fábrica y prorrumpió en gritos y excitaciones para que salieran las cigarreras. Estas, en prueba de que no querían unirse al motín, cerraron las ventanas. Las cigarreras decían:
—Cuando nosotras tuvimos disgustos nadie nos ayudó, á nadie ayudamos nosotras.
Las vendedoras tiraron piedras á las ventanas y puertas.
El Siglo Futuro 03/07/1892

Las vendedoras ó manifestantes [...] llegaron á donde querían, frente á la puerta de la Fábrica de Tabacos, á pedir auxilio á las cigarreras, que no sabemos con qué carácter iban á prestárselo, puesto que ellas ni son ambulantes ni vendedoras, que sepamos [...] visto por las manifestantes que no lograban su objeto, decidieron seguir la peregrinación.
El Día, 02/07/1892

Fue un movimiento popular fuera de los partidos políticos de la época.

Este no es movimiento fusionista, ni republicano, ni socialista, ni anarquista. Por el contrario, fusionistas -y republicanos—se entiende los que componen las minorías de ambas Cámaras—no son mejor tratados por el pueblo, pues de los primeros dicen que todo eso del debate político es una farsa, y de los segundos dicen que ni al aumento de las tarifas de ferrocarriles se opondrán sino por fórmula. Este es el alzamiento de un pueblo oprimido, á quien se ahoga con los nuevos tributos, y á quien la vida es ya una carga pesada bajo la dominación desastrosa del liberalismo.
El Correo Español, 02/07/1892

Fue un motín femenino —el feminismo aún no existía— porque las verduleras rechazaron la participación de los hombres que eran tildados de "gallinas" o "inútiles".

En la calle de Traviesa, contigua al gobierno civil, un grupo como de una docena de mujeres sorprendió al coronel Morera, y aprovechando lo estrecho del sitio, que le impedía defenderse, descargó sobre él buen número de palos, de los que con dificultad logró librarse el jefe del Cuerpo de Seguridad.
Una manifestante decía, al ver que los hombres tomaban parte en el motín:
—¡Fuera los hombres! Cuando las mujeres hacemos lo que es debido, no deben meterse los hombres en nuestras cosas.
La Correspondencia de España, 03/07/1892

En la Plaza Mayor la mujer que capitaneaba el grupo más numeroso luchó cuerpo á cuerpo con un guardia civil, diciendo á éste:
—¡Pega, hombre! ¡Si no lo haces, no valdrás ni los once reales que ganas!
El Siglo Futuro, 03/07/1892

Los periodistas adoptan un tono como si estuviesen relatando otro 2 de mayo, pero están interesados en resaltar el atractivo físico de algunas amotinadas.

La hija de la Pelos, una muchacha muy conocida en los puestos de la calle de los Tres Peces, estuvo hecha una brava disparando proyectiles, fabricados sobre el mismo campo de batalla con coles y repollos, hasta agotar todas sus municiones. Otra heroína, muy guapa por cierto, ha sido María Ugalde, que enarbolaba una bandera nacional, y como si fuera primer espada á quien le molestasen en la brega los de su cuadrilla, decía á grito pelado, con trágico ademan:
—¡Fuera los hombres! Nos bastamos las mujeres.
El Día, 02/07/1892

María Ugalde, una joven de unos veinte años de edad, rubia, delgada y de fisonomía muy simpática, era digna de llevar la bandera. Se la ha visto en los sitios de mayor peligro, muy serena. Cuando en las postrimerías de la jornada la vimos en el gobierno civil estaba ronca, pero muy animosa. Petra Algarra, tipo completamente opuesto, muy morena, de ojos vivos y también joven, llevaba puesta una boina encarnada.
El Día, 02/07/1892

Hermosísima era otra capitana que blandía en la diestra un hermoso bergajo, con el que se vanagloriaba que había dado muchos palos. Victoria Castro, que así se llama esta linda chiquilla, no es vendedora, ni verdulera; y si tomó parte tan activa en varios de los episodios de la jornada, ha sido á impulsos del amor filial. Victoria es hija de un anciano vendedor ambulante, que trabaja para que su hija sea la reina del barrio con lo que le produce su modestísimo comercio.
El Día, 02/07/1892

El símbolo más utilizado en las marchas de las verduleras aquel día fue una escoba o un palo con un trapo rojo o negro atado a su extremo. También utilizaron cuatro banderas con los colores nacionales en dos de las cuales aparecían estas inscripciones: ¡Vivan las vendedoras! ¡Abajo el impuesto! Los periodistas se fijaron en los símbolos que llevaban algunas manifestantes: una escoba, un palo de silla y una tabla de una cuna. Otra, en un palo, llevaba un delantal negro, en la punta del palo una vejiga y unos rábanos atados al pico del delantal. Sobre una horquilla de colocar cortinas había puesto otra un panecillo de los llamados redondos, un pedazo de percalina encarnada y unas flores.

Estas verduleras de armas tomar eran autónomas, muchas no tenían marido ni querían tenerlo, y en una época en la que las mujeres "decentes" tenían vetado acudir a los cafés elegantes, ellas acudían a los cafés populares de San Millán o del naranjero en la plaza de la Cebada. A pesar de todo sabían que estaban en el escalón más bajo de su autonomía, el de las que ni siquiera tenían concedido un puesto fijo en el mercado.