1837. Los carlistas a las puertas de Madrid

Carlos María Isidro de Borbón y María Cristina Borbón - Dos Sicilias

En la Primera Guerra Carlista los contendientes eran Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido Fernando VII, que se había autotitulado Carlos V y reclamaba el trono de España, y María Cristina de Borbón - Dos Sicilias, viuda de Fernando VII, que era la regente o Reina Gobernadora hasta que su hija Isabel II, alcanzase la mayoría de edad.

Los carlistas dominaban el País Vasco y Navarra, una parte de Cataluña alrededor de Berga y el Maestrazgo entre las provincias de Castellón y Teruel. Para extender por España la insurrección carlista, éstos hicieron varias expediciones militares por la Península; con esto además pretendían distraer recursos de los cristinos —también llamados isabelinos— para aliviar la presión militar sobre el País Vasco y Navarra, su principal zona de influencia.

En julio de 1837 el general carlista Zaratiegui cruza el Ebro y a través de las provincias de Rioja y Burgos llega al Duero. Allí siguiendo el curso del río parece que se dirige a Valladolid mientras es perseguido por el general cristino Méndez Vigo.

El 21 pasó el Ebro cerca de Haro otra espedicion compuesta de 8 batallones y tres escuadrones á las órdenes de Zariategui, que es una de las mejores cabezas que tiene la facción: Se dice que va á Madrid, pero creemos se dirija á la Alcarria ó Buitrago para alarmar la capital. 
El Castellano, 03/08/1837
Expediciones carlistas

Mientras Méndez Vigo se dirige a proteger Valladolid, inesperadamente Zaratiegui tuerce hacia el sur y a marchas forzadas llega a las puertas de Segovia instalándose en Zamarramala.

La ciudad se disponia á defenderse, habiendo colocado algunas piezas de artillería en los puntos mas dominantes y ventajosos de la población. Se transportaron dentro de ella anticipadamente en galeras muchas piezas de paños, y otros efectos de valor de las fábricas que hay en el arrabal, á fin de ponerlo todo á cubierto del pillage de los rebeldes, en el caso que invadiesen las afueras de la ciudad. Un crecido número de tropas se han puesto en movimiento sobre el Real sitio de San Ildefonso, distante dos leguas de Segovia.
La Estafeta, 06/08/1837

Segovia contaba con milicianos nacionales y muy pocas tropas para su defensa. Después de una corta resistencia los primeros carlistas entran en la ciudad por medio de escalas, hay algunos saqueos y cercan el Alcázar donde se encuentran los cadetes del Colegio Militar de Artillería que a las pocas horas negocian una rendición.

San Lorenzo, 5 de agosto.=Se han recibido varios partes de los que resulta que la facción que ha llegado hasta delante de Segovia, ha logrado entrar en esta ciudad, donde añaden que ha tenido dos horas de saqueo. Anoche han dormido aqui 400 hombres de tropa que han salido inmediatamente para alla. Hay un piquete colocado en el Cimborrio que es el punto mas elevado, y desde donde se distinguen todos los caminos. Parece que el fuerte de Segovia se defiende aun aunque con pocas esperanzas de que se sostengan, por que dicen, que no tienen muchas municiones. De este pueblo y los inmediatos marcha toda la gente a ponerse en seguro por miedo de que vengan á hacernos una visita. En la Granja aseguran que hay bastantes tropas, pero inferiores en número á los enemigos, de modo que no es presumible puedan socorer á los sitiados. Las demás que venian persiguiendo á la facción no se sabe donde paran.
La Estafeta, 07/08/1837
Real Colegio de Artillería en el Alcázar de Segovia

El casi inespugnable Alcázar de Segovia se rindió al fin antes de ayer sin defenderse apenas, y con él ha caído en poder de los facciosos la artillería, las alhajas de varios conventos que estaban allí guardadas, y que hacen subir en valor hasta 700 mil reales y en fin la riqueza de, toda la población que se habia encerrado en el fuerte como único punto seguro. Refiérese de mil modos este acontecimiento y los mas se inclinan á creer que ha habido ó mucha cobardía ó traición. El tiempo es quien puede ponerlo en claro, y hasta tener otros datos suspendemos el juicio. Inútil es relatar las atrocidades y destrozos que han causado los carlistas en Segovia, porque, para saberlos, basta saber que han entrado en la ciudad y en la fortaleza [...] Estas noticias que cundieron desde por la mañana en Madrid, exaltaron los ánimos, y fueron pasando de boca en boca con la exajeracion que es consiguiente. El Ayuntamiento dicen que celebró sesión estraordinaria y anoche parece que se ha reunido la diputación provincial y el consejo de ministros. No obstante que ni la mas remota apariencia de alterarse la tranquilidad ha habido para prevenir un acontecimiento inesperado se ha quedado el primer batallón de Milicia de retén en la plaza y se anunció orden á los alcaldes de barrio para rondar con vecinos honrados.
La Estafeta, 07/08/1837

La noticia de la caída de Segovia causa una extraordinaria alarma en Madrid. Con fecha de 6 de agosto, María Cristina declara en estado de guerra el distrito de la Capitanía general de Castilla la Nueva. La reina debía temer actividades subversivas de los carlistas en Madrid porque declara que algunos delitos pasan durante el estado de guerra, a la jurisdicción del Consejo de guerra ordinario:

Espionage, inteligencia, complicidad ó cooperación con los enemigos; auxilio de cualquier especie prestado á ellos; conjuración, maquinación ú otro acto cualquiera en favor de los mismos [...] Publicación ó propagación de noticias ó especies capaces de desalentar á las tropas ó al público; de provocar entre las primeras la insubordinacion ó la indisciplina; de introducir la desunión en los defensores de la Patria y del Trono; ó de frustrar, impedir, entorpecer ó debilitar las disposiciones que se adopten para la defensa común.
Gaceta de Madrid, 07/08/1837

Para la defensa de Madrid se contaba con la Milicia Nacional y la Guardia Real. La ciudad se divide en 9 distritos y se fijan los puntos de reunión de la milicia en caso de darse la alarma. Estos puntos son: Fuente de Cibeles, calle Fuencarral frente al Hospicio, calle de San Bernardo frente al Noviciado, San Gil —actual plaza de España—, plaza de la Armería, Vistillas, la Fuentecilla de la calle de Toledo y calle de Valencia. El Palacio Real queda defendido por la Guardia Real. Además se previeron columnas de reserva en la plaza de Santo Domingo, Plaza Mayor, Red de San Luis, calle Alcalá frente al Retiro, Paseo del Prado y Plaza de la Cebada. Por último,

La compañía sagrada, compuesta de oficiales sueltos, se situarán en la Puerta del Sol, y las de los vecinos honrados en sus respectivas demarcaciones [...] Queda prohibido desde esta fecha el disparar tiros y coetes dentro de las calles, asi como encender cualquiera clase de combustibles en sitios elevados que puedan servir de señales.
La Estafeta, 11/08/1837

También se ordenó al general Espartero, que estaba en Daroca, que acudiese con su ejército en socorro de Madrid. Todo este despliegue muestra el temor que se había desencadenado y parece que creían que la expedición de Zaratiegui contaba con más efectivos de los que realmente tenía.
Mientras tanto Zaratiegui no muestra intención de seguir avanzando de momento y permanece unos días en Segovia aprovisionándose y reorganizándose. Hasta acuñan moneda con la efigie de Carlos V. Méndez Vigo después de acercarse a reconocer la zona se repliega a Guadarrama.

El capitán jeneral de Castilla la Vieja desde la venta de Lodones, á las dos de la tarde del 5, dice que habiendo sabido al llegar á Santa María de Nieva que la facción ocupaba á Segovia, y que el real alcázar se defendía, se adelantó con la caballería y dos compañías de infantería para hacer un reconocimiento y dar esperanzas á los sitiados. Por nacionales que se le acaban de presentar supo que, á pesar de haber 600 hombres en la ciudad, entraron por la noche 250 facciosos por escalas y franquearon las puertas á los demás, y que á las 11 de la noche del 4 capituló la guarnición del alcázar con solo la condición de ser respetadas las vidas.
La Estafeta, 08/08/1837
Moneda acuñada en Segovia

Zaratiegui avanza hasta San Ildefonso y las tropas cristinas que había allí también se repliegan. La prensa no comprende estos repliegues y se pregunta porqué no atacan a los carlistas.

Segun las noticias que últimamente hemos recibido la faccion continúa en Segovia, ó por mejor decir en Zamarramala, donde tiene fijado el cuartel general, aunque la mayor parte de la fuerza está en el primero de dichos puntos. El general Méndez Vigo con sus tropas se hallaba anoche en Guadarrama, y parece que se venia aproximando hacia la corte, así como el coronel Azpiroz que pernoctó en Torrelodones, viniendo de la venta de la Trinidad [Villalba]. A decir verdad no nos es dado comprender el objeto de estos movimientos, cuando los enemigos están apoderados de un punto fuerte á poco mas de una jornada de Madrid, cuando en él han fijado la residencia con ánimo al parecer de no abandonarle, cuando allí se halla establecida una de las juntas de Castilla, cuando se están proveyendo de víveres y de recursos, y cuando su tranquila marcha desde el Ebro, y su entrada en Segovia han escitado y tienen pendiente la atención y el cuidado de amigos y enemigos.
Eco del Comercio, 09/08/1837
José Elbo Peñuelas. Venta de la Trinidad hacia 1843

Como no hay enfrentamiento militar con los los cristinos, los carlistas poco a poco se van acercando a Madrid.

Capitania general de Castilla la Vieja.= Plana mayor. = Excmo. Sr.: Estando preparándome esta mañana á las ocho para proseguir mi marcha á las Rozas, recibí aviso de las partidas de caballería, que salieron á hacer la descubierta hacia Navacerrada, que los enemigos avanzaban por dicho camino á la venta de la Trinidad en número de dos escuadrones é infanteria, cuya fuerza no podian calcular por las sinuosidades del terreno. Inmediatamente formé la división, y me puse en marcha para pasar el desfiladero y puente de Retamales y situarme en estos campos, como lo he verificado, dispuesto á recibir al enemigo si se atreviese á adelantar. Sus avanzadas se han tiroteado con las mias en la espresada venta de la Trinidad. He enviado a la puerta de Hierro al teniente de artillería don José Alvares Reyero, para que haga se me reúna el escuadrón de Húsares y la batería de la guardia real que se hallan en aquel punto. He hecho avanzar una mitad de caballería sobre Torrelodones para descubrir y observar al enemigo. Espero avisos, según los que obraré y daré parte á V.E. Dios guarde á V.E. muchos años. Campo entre las Rozas y Torrelodones 10 de Agosto de 1837, á las dos y media de la tarde.-=.Excmo. Sr.=Santiago Mendez Vigo
Eco del Comercio, 12/08/1837

El 11 de agosto se produce entre Torrelodones y Las Rozas el choque entre ambos bandos. Los partes militares del ejército cristino se publican en la prensa de Madrid.

El capitán general de Castilla la Vieja desde las Rozas el 11 á las dos y media de la tarde dice que los enemigos se descubrían por el camino de Navacerrada en dirección á las Rozas, y que salía al encuentro. El mismo á las cuatro de la tarde que acababa de descubrir toda la fuerza rebelde en posicion sobre la venta llamada de Lodones, situada entre este pueblo y las Rozas, apoyando su infantería el monte. Un ayudante de campo que salió del de batalla á las seis y media dice que unos y otros quedaban en las mismas posiciones, habiéndose trabado el combate entre las guerrillas, que los enemigos habían reforzado en bastante número; de ambas partes se hacían algunos disparos de cañón. El mismo con igual fecha, á las nueve de la noche, desde el indicado pueblo de las Rozas dice:
Excmo. Sr.: Cuando á las cuatro de la tarde di á V.E. mi último parte, quedaba el enemigo avanzando lentamente en varias columnas, y á poco empezó á jugar su artillería, y se empeñó el fuego de guerrillas. Hice situar en posición la batería de la Guardia Real, y á la caballería en orden de batalla en dos lineas que atravesaban el camino y sostenían los carabineros de Galicia. El principal ataque del enemigo se dirigió sobre el bosque de mi izquierda, que sostuvo bizaramente. El segundo batallón provincial al mando de su comandante accidental el capitán graduado de teniente coronel D. Jacobo Pardo, obligando una vez á que los rebeldes se retirasen en desorden. Estos hallaron muchos obstáculos que vencer en el terreno y en la resistencia del batallón espresado que ocupaba una considerable estension en orden abierto, y estaba sostenido por tres compañías en masa y por el escuadrón de húsares de la Princesa. Nuestra artillería rompió el fuego con su acostumbrado acierto, haciendo callar el de la del enemigo, y obligando á sus masas a ponerse fuera de su alcance. No se me ha ofrecido ocasión de emplear activamente la caballería.
Entrada la noche dispuse el repliegue de las guerrillas, caballería y artillería para apoyarme en la infantería que quedó en posición en estos campos. En este momento me estoy ocupando en hacer trazar el campo en que hemos de vivaquear esta noche, y es el mismo de las Rozas, donde recibiré mañana al enemigo si repite su ataque. Aun no puedo manifestar á V. E. cual ha sido mi pérdida, aunque sé no pasa de 30 hombres heridos, pues solo hemos sido ofendidos por fuegos de guerrilla. No asi el enemigo, en cuyas masas cayeron algunas granadas nuestras. Las grandes guardias avanzadas me avisan en este momento de que las compañías que los enemigos dejaron en el campo de batalla al retirarse lo acaban de hacer igualmente hacia Torrelodones.
El Español, 13/08/1837

Por su parte, los carlistas publican un parte militar en su Gaceta Oficial.

Concentradas las fuerzas enemigas de ámbas Castillas, llegué a descubrirlas en el pueblo de las Rozas á la vista de Madrid con cuyo motivo y apesar de la superioridad numérica con que contaba en todas armas, presenté la batalla en el llano de la arruinada casa de Postas [Las Matas]. El enemigo coronaba una cordillera, por la cual se abre el paso al camino Real y se hace inflanqueable á causa de los barrancos que espiran en el Real sitio del Pardo. Conocida la suma apatía de los rebeldes, traté de escitarlos al combate por medio del fuego de algunas guerrillas que destaque apoyadas de los batallones Valencia, 5º de Castilla, y 4º de Guipúzcoa, las cuales lograron arrojarle de su primera posición, y esto me proporcionó el poder reconocer la segunda en que se hallaba apoyado en un bosque, guarnecido con bastante artilleria y hecho otros preparativos de defensa. Era ya muy larde, y mi objeto reducido á presentar las lanzas y bayonetas de mi REY Don Carlos V delante de la Corte revolucionaria estaba ya cumplido, por cuya razón no quise que avanzasen las tropas. Llegada la noche se replegó el enemigo á las Rozas, dejandome dueño del campo; entonces satisfecho de haber hecho ver al mundo lo que puede un puñado de hombres disciplinados, dispuse acantonarme en el pueblo de Torrelodones, el mas inmediato al campo de batalla. En esta pequeña escaramuza, en la cual solo se emplearon siete compañias, hemos tenido la pérdida de dos muertos, y veinte y nueve heridos, la mayor parte levemente y entre estos un oficial. Los restantes cuerpos de las diferentes armas de que en este parte no hago mención inclusa la caballería, no entraron en acción, y de consiguiente nada sufrieron apesar del mucho fuego de cañon que hicieron los enemigos. — Todo lo que pongo en conocimiento de V. E., por si se digna elevarlo al del REY N.S. Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel general de la fonda de la Trinidad 12 de Agosto de 1837.— Juan Antonio de Zaratiegui.
Gaceta Oficial, Oñate, 25/08/1837
Aureliano de Beruete. Paisaje de Torrelodones. 1891 
 
Al final el encuentro no pasó de ser una escaramuza que incluso llegó a ver la reina con un anteojo según el entonces coronel Fernández de Córdova.

Yo por mi parte monté a caballo y me reuní en Las Rozas al general D. Santiago Mendez Vigo, asistiendo a la acción que sostuvo con el enemigo, que no pasó de las inmediaciones de este pueblo, y que S.M. la Reina presenció con ayuda de anteojo desde los balcones de Palacio.
Fernando Fernández de Córdova. Mis Memorias Íntimas

Al día siguiente, 12 de agosto, el ejército del general Espartero entró en Madrid.

Ayer á las cinco de la tarde llegaron á esta capital y desfilaron por delante de palacio á vista de SS. MM. las valientes tropas al inmediato mando del señor conde de Luchana [general Espartero], compuestas de 11 batallones y algunos escuadrones de lanceros de la guardia, húsares de la princesa y polacos. El aspecto guerrero de las tropas y el buen orden de su marcha escitaron el contento y el entusiasmo de los numerosos espectadores, que por todas partes acudían ansiosos á contemplar el marcial espectaculo, y á complacerse en ver de cerca los atezados rostros de los bizarros vencedores de Bilbao. Los cuerpos desfilaron en columna de honor, dando los vivas á ISABEL II, á la REINA GOBERNADORA y á la CONSTITUCIÓN. El pueblo saludó á los soldados con mil aclamaciones de entusiasmo y de gratitud, y en seguida al bizarro gefe que los manda. Al apearse este para entrar en palacio se vio rodeado de una inmensa muchedumbre que le detuvo larguísimo rato, esclamando en mil vivas á la libertad, á la constitución, al general Espartero, al vencedor de Luchana &c.
Eco del Comercio, 14/08/1837
Antonio Maria Esquivel. El general Espartero. 1841

Asegurada la ciudad de Madrid con el ejército de Espartero, Méndez Vigo procede a expulsar a los carlistas de los lugares que habían ocupado. Entra en un Torrelodones ya evacuado por los carlistas que se dirigen hacia la sierra para pasar a Segovia, no sin abastecerse antes.

Hoy ha entrado en Galapagar una partida corta de rebeldes, y ha recojido el tabaco y dinero que había en el estanco. Algunas mas se nos dice que han estado en Cercedilla y otros pueblos del puerto de Navacerrada á recojer las raciones que tenían pedidas.
Eco del Comercio, 12/08/1837

El ejército de Espartero se acantonó en el Pardo y Pozuelo de Aravaca. Allí la oficialidad de la brigada mandada por Antonio Van Halen se sublevó reclamando un cambio de Gobierno pero Van Halen siguió con solo la tropa y los pocos oficiales que quisieron acompañarle, en dirección a Segovia donde se suponía que estaban los carlistas. Los oficiales sublevados no fueron castigados y la Reina, teniendo en Madrid el apoyo de Espartero, aceptó gustosamente la renuncia de José María Calatrava como presidente del consejo de ministros, quien le había sido impuesto después de la sublevación de la Granja el año anterior a consecuencia de la cual tuvo que reinstaurar la Constitución de 1812.

Las tropas de Zaratiegui se retiraron hacia Segovia, que también abandonaron, y se internaron en Castilla la Vieja. Según los carlistas, esta expedición no tenía por objeto ocupar Madrid —tampoco tenían tropas suficientes para ello— sino atraer hacia Castilla la Vieja al ejército cristino para favorecer a la expedición principal que estaba teniendo lugar, la llamada Expedición Real en la que iba Carlos de Borbón con su jefe de ejército el infante Sebastián de Borbón.
El general Zaratiegui

En mayo de 1837 partió de Estella la Expedición Real. Carlos de Borbón reunió a 12.000 soldados y recorrió Navarra, Aragón, Cataluña y Castilla hasta Madrid. En el transcurso de la larga Expedición Real hubo varias batallas: Huesca y Barbastro (victorias carlistas), Grá y Chiva (victorias cristinas) y finalmente Villar de los Navarros, una rotunda victoria carlista que dejó despejado el camino hacia Madrid. En Alarcón se les unió Cabrera con sus tropas y juntos avanzaron por Tarancón hasta Arganda.

Por la puerta de Alcalá y la de Atocha entraban multitud de carros que conducían á la Milicia Nacional y á soldados de caballería de los depósitos inmediatos, situados en la dirección de los pueblos de Cuenca y Guadalajara. Mucha gente comprometida en ellos se refugiaba en Madrid. La alarma iba en aumento, y todos en realidad participábamos de ella.
Fernando Fernández de Córdova. Mis Memorias Íntimas

¿Para cuando reservamos esa energía, esa actividad que ha de salvarnos si algo nos salva ya? ¿Esperamos para arrepentirnos á que nos veamos al pie de un patíbulo ó en las cabernas de la inquisición? ¡qué error! ¡qué locura!.... El tiempo pasa, las filas enemigas se engruesan, dominan provincias, se apoderan de plazas fortificadas, se aproximan á la capital, ponen en consternacion sus inmediaciones, meditan acaso apoderarse de ellas... y bien ¿qué hacemos nosotros entretanto? ¿en que se ocupa nuestro gobierno? ¿qué fuerzas oponemos á las suyas?... ¿qué esperamos?
El Castellano, 11/09/1837

Por Real Decreto del 11 de setiembre se restablece el del 6 de agosto por el cual se declaró en estado de guerra el distrito de la Capitanía general de Castilla la Nueva. Además se establece la censura militar.

De orden del Excmo. Sr. capitán jeneral se hace saber que todo periódico que hable de movimientos militares, será tratado su editor responsable como si tuviera comunicación con los enemigos, y juzgado en consecuencia por el consejo de guerra; entendiéndose que solo durará esta prohibición mientras dure el estado de guerra en que se halla este distrito.
Diario de Madrid, 13/09/1837

Desde Arganda, Cabrera y el infante Sebastián de Borbón se adelantaron hasta el portazgo de Vallecas a la espera de la orden para entrar en Madrid.
Los carlistas a las puertas de Madrid. A la derecha la iglesia de la Virgen de Atocha.

Nos reunimos con Cabrera en Vallecas y subimos a todo correr a una pequeña colina; entonces pudimos contemplar a nuestros pies el altivo Madrid, silencioso y triste [...] Madrid parecía tan abandonado, tan humillado, tan poco defendido que no teníamos más que abrir sus puertas para hacernos dueños de él [...] Algunos escuadrones de Cabrera avanzaron por la carretera hasta unos mil pasos de la puerta de Atocha; se hicieron dueños del puesto de la Aduana, llamado Cadena del Buen Retiro. Todo permanecía tranquilo; la puerta siguió cerrada y la ciudad como envuelta en un profundo sueño [...] De pronto los tejados y terrazas de Madrid se llenaron, no de soldados, sino de pacíficos habitantes de ambos sexos, que nos miraban con curiosidad. Los rayos del sol reflejaron millares de puntos brillantes que provenían de los anteojos dirigidos hacia nosotros. Después se armó un toldo sobre una terraza del Buen Retiro, Palacio del Emperador Carlos V, y pudimos contemplar una dama vestida de color azul celeste, que, a juzgar por su brillante cortejo, era la viuda de Fernando VII, que estaba mirando a los defensores de su real cuñado.
Bien pronto la puerta de Alcalá se abrió; seis escuadrones de la guardia real de Isabel II salieron al paso y se colocaron entre nosotros y la ciudad; nos contemplamos tranquilamente durante un cuarto de hora, hasta que un escuadrón de granaderos de Don Carlos avanzó por la carretera aceptando el combate. Madrid y nuestro ejército eran espectadores de este duelo. El escuadrón del Turia, que estaba frente a la Aduana, avanzó hacia nuestros granaderos, que fueron arrollados por la violencia del choque. No olvidaré jamás a su coronel, que caracoleaba negligentemente delante de sus soldados; su caballo, blanco como la nieve, cayó al suelo y fué hecho prisionero con 16 soldados y un oficial; el resto volvió bridas y la puerta de Atocha fué el refugio de los fugitivos.
Príncipe Félix Lichnowsky. Recuerdos de la guerra carlista 

Enfrentamiento entre las tropas cristinas y las carlistas el 12 de septiembre de 1837. A la derecha la iglesia de la Virgen de Atocha 

Cuando llegué á la esquina ó ángulo que forman las tapias del Retiro, mi asombro no tuvo límites al considerar todo el ejército enemigo á la vista y todo el peligro que corrían en aquel momento la Reina Gobernadora, sus augustas hijas, el Ministerio, la capital y la causa misma de la libertad. Recordé al propio tiempo la previsión de mi hermano, que creía nuestra causa perdida por un movimiento posible de las fuerzas carlistas, y por la ceguedad de los hombres del Gobierno y del ejército.
El enemigo se presentaba á nuestra vista en la forma siguiente: ocho columnas, cuyas cabezas se veían con claridad, ocultaban su fondo en las alturas que atraviesa el camino de Vallecas. Esta infantería formaba en línea de masas con intervalos de medios batallones y ocupaba el terreno más elevado. Otra columna de caballería apoyábase en el camino real, en el que sólo tenía dos ó tres escuadrones; el resto ocultábase también entre los repliegues del terreno. Pero delante de la posición, al pie de su descenso y apoyados en un espeso olivar, habían desplegado en guerrilla uno ó dos batallones con sus correspondientes reservas, que se tiroteaban contra un escuadrón de granaderos de la Guardia, inmediato al arroyo de Abroñigal: combate inferior para nuestras armas, en el que numerosas guerrillas de infantería se batían contra débiles y reducidas fuerzas montadas y armadas de tercerolas de poquísimo alcance. Las balas llegaban hasta las tropas que tenía á mis órdenes y que había detenido al lado de las tapias del Retiro, por mi propia autoridad, sin ejercer en realidad ninguna. Pero no habiendo allí otro jefe más graduado para cederle el mando, y considerando el inminente riesgo que corría la capital en aquel instante, me decidí á tomarlo yo bajo mi única responsabilidad. Entonces envié un oficial al cuartel de artillería del Retiro para mandar que volviese la batería que momentos antes se había retirado.
[...]
Así estuve largo tiempo, sin que el enemigo se moviese de sus posiciones. Unos y otros nos observábamos por distintas causas. Cabrera parecía esperar el resto de las tropas de D. Carlos ó un movimiento carlista en el interior de la capital. Yo por mi parte no podía adelantar con tan cortas fuerzas. El mando que ejercía me lo había yo mismo adjudicado, y para tomar alguna resolución decisiva faltábame hasta la autoridad moral.
Fernando Fernández de Córdova. Mis Memorias Íntimas
Esquina del Retiro con la Puerta de Atocha en 1830 según la maqueta de Gil de Palacio. Museo de Historia de Madrid

El estado de la capital era imponente. Cerradas casi todas las tiendas y talleres por hallarse sus dueños y operarios en las filas de la Milicia nacional, ó de los patriotas alistados para la defensa de la población, parecia un dia festivo, sin mas diferencia que hallarse á cada paso paisanos que venían de recibir armas, y una calma que es poco común en Madrid. No recordamos un dia de alarma, de los muchos que hemos presenciado en estos últimos tiempos, en que haya habido igual tranquilidad.
Gaceta de Madrid, 14/09/1837

Las tropas acamparon delante de Madrid; cada minuto se hacía largo como una hora, y este 12 de septiembre de 1837, que hubiera podido cambiar la faz a la mitad del mundo, tiene un lugar en la historia como ejemplo inaudito de la más amarga decepción. Cabrera se asemejaba a un león enfurecido y conjuraba al Infante para que ordenara el asalto sin perder momento y sin comunicarlo al Rey hasta que la villa estuviera tomada. Se enviaron ayudantes de campo, uno tras otro, al campo real para obtener un consentimiento tan ardientemente deseado.
¡Por fin a las ocho de la tarde llegó la orden de retirar todas las avanzadas y de volverse a Arganda!
Príncipe Félix Lichnowsky. Recuerdos de la guerra carlista 
Daguerrotipo del general carlista Ramón Cabrera. 1850

Cabrera se desesperaba porque pasaban las horas y no recibía la orden de atacar y entrar en Madrid, pero es que había algo que Cabrera no sabía. Parece que el objetivo de esta expedición no era militar sino político. Según un documento hallado en el archivo de Carlos de Borbón, la asustada reina regente María Cristina había negociado secretamente desde hacía meses con el pretendiente ante el miedo a perder el trono a manos de los radicales que tras sublevarse en 1836 le habían impuesto la Constitución de Cádiz. La Junta Carlista de Madrid había impreso clandestinamente una proclama, la cual fue repartida furtivamente entre algunos de sus miembros y que el historiador liberal Antonio Pirala consultó en el archivo de don Carlos, actualmente en la Real Academia de la Historia. Quizá no llegó a circular por la capital.

Castellanos: las armas vencedoras del invicto Carlos, se preparan a venir sobre la capital del reino, para salvaros del ominoso yugo de un puñado de ambiciosos y cobardes, manchados con todos los crímenes más horrorosos. El general de nuestro siglo, el vencedor de Morella [Cabrera], ocupará muy en breve esta corte, pero no temáis; todo está definitivamente arreglado, por la mediación de las potencias del Norte: el príncipe de Asturias empuñará el cetro español, que su augusto padre le cede, conservando el gobierno de la Monarquía; la hija de Fernando VII será su esposa, y la augusta viuda [María Cristina] marchará a Italia a disfrutar lo que de derecho la corresponde. Olvido de los errores pasados, indulto de los delitos políticos, reconciliación sincera entre los partidos, asegurará para siempre la paz, el orden y la justicia, de que tanto necesita esta desgraciada Monarquía, harto trabajada por los horrores de una guerra fratricida y asoladora.
Castellanos: oíd la voz de la razón y de la clemencia; una sola bandera tiene España, rey, religión, y patria, bajo ella pueden acogerse todos los hombres amantes de la prosperidad nacional.
Antonio Pirala. Historia de la Guerra Civil y de los partidos Liberal y Carlista

Según el acuerdo, la Reina María Cristina debía salir de Madrid con sus hijas y reunirse con Carlos de Borbón que la estaba esperando, pero al cabo de unas horas los pocos dirigentes carlistas que se encontraban al tanto del proyecto de transacción debieron comprender que, por el motivo que fuese, la Reina María Cristina no se iba a presentar en sus filas. No solo eso sino que visitó a los defensores de Madrid para infundirles ánimo. Antes, el general Isidro que estaba a cargo de la Puerta de Atocha y que tenía instrucciones de permitir el paso de las tropas carlistas, había sido relevado de ese puesto por orden de María Cristina.

Ayer salió por tarde en carretela descubierta y sin escolta alguna S.M. la augusta Reina Gobernadora, acompañada de sus escelsas hijas doña Isabel II y doña Fernanda. Recorrió la mayor parte de los barrios de la capital y puntos ocupados por tropas y milicia nacional, inspirando en todas partes el mayor entusiasmo espresado por las mas vehementes y reiteradas aclamaciones que jamás se vieron en Madrid.
El Castellano, 13/09/1837
Mariano Fortuny. La reina María Cristina y su hija Isabel II pasando revista a las baterías de artillería que defendían Madrid en 1837

Es probable que la proclama de Carlos de Borbón hubiese sido interceptada y que a eso se refiriese el diputado Sr. Infante en la sesión de las Cortes del 11 de setiembre.

Estoy de acuerdo con su señoria en que dentro de la capital es donde acaso se promueven los males que han traido hasta cerca de ella á don Carlos; pero sobre esto ¿no habrá tomado el gobierno disposiciones? Hace pocas noches que tomó una que aunque no resulte ningun cargo contra los culpables, yo tengo ei convencimento moral de que ha hecho un gran servicio a la capital, porque destruyó las tramas de nuestros enemigos. No se podrá convencer de culpables quiza a los que han sido detenidos; pero yo he visto ciertos documentos, y de ellos infiero moralmente que aquellos eran tan conspiradores como los que estan con don Carlos.
Cortes Constituyentes de la Nación Española. Diario Oficial de las sesiones de setiembre de 1837.

Un indicio de que la proclama no llegó a circular es que el periódico Eco de la Razón y de la Justicia, simpatizante carlista, publicó en Madrid dos artículos en los que en uno atacaba a las Cortes por no apoyar al pretendiente y en el otro contaba un proyecto para apartar a Isabel II del trono que no era el que aparece en la proclama. No he hallado estos artículos que fueron citados por Eco del Comercio.

Otro artículo con el epígrafe de comunicado importantísimo trae el mismo número; y es á la verdad importantísimo, pues como se propuso echar el resto, no ha perdonado medio para su objeto. Este articulo, todo frances y en el interés de aquel monarca, en el sentido en que este interés se entiende en los salones de la corte, está fundado en la noticia de que el duque de Aumale [Enrique de Orleans], quinto hijo del rey de los franceses, habrá de casarse con nuestra legítima reina la señora doña Isabel II, según el convenio cuyos preliminares dice haberse firmado, por noticias que se dan por ciertas en los salones diplomáticos de esta corte.
Eco del Comercio, 12/09/1837

El órgano oficial carlista también contribuía con un rumor para aumentar los temores de la Reina Gobernadora.

hay un proyecto muy avanzado para separar de los negocios á María Cristina, o a lo menos para agregarle cuatro personas que compongan la regencia, dejándola en este caso una presidencia nominal. El plan es de Fermin Caballero, de acuerdo con la mayoría de las cortes. El punto se ventilará en sesión secreta. Los candidatos para la regencia son Arguelles, Gil de la Cuadra, Sancho y Caballero. Todos pertenecen al partido de Mendizabal.
Gaceta Oficial, Oñate, 15/09/1837

Por horas la situación se estaba tornando difícil para el pretendiente porque el general Espartero con su ejército había llegado a Alcalá de Henares y los carlistas no podían intentar entrar en Madrid sin antes haber eliminado esa amenaza militar tan cercana; tampoco había visos de producirse una insurrección carlista en la ciudad. Después de la vuelta a Arganda y deliberar esa noche con sus consejeros, la retirada de Madrid se confirmó cuando al día siguiente los oficiales carlistas ordenaron a sus soldados emprender la marcha hacia Mondéjar mientras la división de Cabrera marchaba a Pastrana. Desde Mondéjar la expedición real pasa por Santorcaz, es hostigada por la caballería de Espartero en Anchuelo y dispersada a cañonazos en Aranzueque.
Bandera de Cabrera

El órgano oficial carlista se resiste a publicar que Carlos de Borbón se ha retirado cuando estaba a las puertas de la capital y lo justifica aparentando ignorancia de lo que sucede: faltan ya cuatro correos de Madrid dice. Finalmente lo cuenta sin dar detalles y despreciando a Espartero.

El Cuartel Real, dejando la posición de Arganda, se dirigió á Mondejar el dia 15; el 18 se puso en marcha para Brihuega, sin que se sepa el objeto de este movimiento. El 19 un escuadrón de caballería y seis compañías de infantería destacadas del cuartel general de Espartero atacaron en Aranzueque á cinco compañías de un batallón realista aragonés, que se defendieron bizarramente; pero tuvieron que retirarse por no tener mas que 40 caballos que las protegieran. Este es el encuentro que motivó el repique general de campanas, salvas y otras demostraciones. Espartero da un parte equívoco para engañar al público, como lo tiene de costumbre.
Gaceta Oficial, Oñate, 03/10/1837

A partir de aquí la expedición fue cruzando Castilla hasta reunirse en Aranda de Duero con la otra expedición carlista dirigida por el general Zaratiegui. Ante el acoso al que les sometieron las tropas de Espartero, Carlos de Borbón divide la expedición en dos grupos, uno bajo el mando del infante Don Sebastián y otro bajo su propio mando. El 26 de octubre entraba el pretendiente junto a 5.000 hombres en territorio carlista poniendo fin a la expedición.

¿Por qué María Cristina no se presentó ante las fuerzas carlistas? Porque la sublevación de los oficiales en Pozuelo y Aravaca y el apoyo de Espartero le habían demostrado que aún podía contar con la adhesión de un importante sector del ejército para promover una conspiración moderada que expulsó a los liberales exaltados Calatrava y Mendizábal del gobierno. Conseguido esto ya no resultaba necesaria una transacción con Carlos de Borbón.
La Reina Regente María Cristina recorre la línea de defensa madrileña animando a la resistencia a la Milicia Nacional frente a las tropas de don Carlos

Nada más efectuarse la retirada del pretendiente, Maria Cristina comunicó al capitán general de Castilla la Nueva su agradecimiento.

Adición á la orden jeneral de la plaza de hoy 13 de setiembre de 1837
Al recibir á las 8 de esta noche la orden de S.M. la Reina Gobernadora, ha tenido á bien prevenirme manifieste á los cuerpos de esta guarnición y de su benemérita Milicia Nacional, cuan satisfecha se halla de la lealtad, decisión y bizarría con que se han presentado para combatir al príncipe rebelde y sus secuaces, defendiendo el trono de su augusta Hija y la Constitución [de 1837]. S.M. me manda les dé á todos las gracias en su real nombre, y muy particularmente á los Nacionales de los pueblos comarcanos que abandonando sus familias é intereses han corrido á la capital en defensa de tan sagrados objetos, cuya noble conducta y patriótico desprendimiento son dignos del mayor aprecio y de la tierna solicitud con que S.M. desea recompensarlos.
Antonio Quiroga
Diario de Avisos de Madrid, 14/09/1837

El fondista Emilio Lhardy


Lhardy en la Carrera de San Jerónimo desde 1839

Émile Huguenin hizo su aprendizaje como repostero en Besançon, completando luego sus conocimientos en París, e instalándose más tarde en Burdeos. Allí conoció a muchos de los exiliados españoles que habían huido de Fernando VII tras el Trienio Liberal. De su amistad con Prosper Mérimée cabe la posibilidad de que fuera este escritor francés quien le sugiriese montar un negocio en Madrid. Se ha dicho que el nombre del establecimiento vendría sugerido por el del famoso Café Hardy, del Boulevard de los Italianos, de París, que más tarde se convertiría en la Maison Dorée.
Café Hardy en París

Lhardy se instaló en 1839 en la Carrera de San Jerónimo, una calle de moda, junto a otro establecimiento famoso, La Fontana de Oro. La referencia más antigua que he encontrado sobre Lhardy se publicó a los pocos meses de su inauguración. Parece que ya desde el principio el dueño, Émile Huguenin, se hacía llamar Lhardy (o Lardi según el periodista).
 
El día 8 del actual á las 5 de su tarde, se robaron de la habitación de doña Engracia Lacosta, en la Carrera de San Gerónimo, núm, 12 cuarto principal, en ocasión que aquella se hallaba en la pastelería de Emilio Lardi, en el piso bajo de la propia casa, como dependienta de dicho establecimiento, las prendas siguientes ...
El Corresponsal, 11/01/1840
 
Para ampliar el negocio a fonda (restaurante) debió asociarse con un tal Sevie. A partir de 1844 aparece siempre en la prensa como "fonda de Sevie y Lardy" (sin hache). Sin embargo en el aspecto gastronómico las crónicas siempre se refieren a Lardy, como si Sevie fuese únicamente el socio capitalista. En aquel Madrid falto de restaurantes modernos, en poco tiempo Lhardy se convirtió en "el" sitio para celebraciones.
 
En celebridad del feliz regreso de la augusta Reina Madre á esta corte tuvieron anteayer tarde una espléndida comida en la fonda francesa de Sevie y Larde el inspector general del cuerpo de carabineros del reino con todos los gefes y oficiales de la inspección, comandancia de Madrid y algunos transeúntes para otras del cuerpo [...] La brillante música del regimiento infantería de Galicia hizo mas amena la esplendidez de la función, tocando escelentes piezas durante la comida, en la que reinó á la par de la alegría propia de su objeto , la mas fina urbanidad de una parte , la afabilidad de otra y el entusiasmo de todas [...] La comida empezó á las cinco y media de la tarde y concluyó sin el menor intervalo en el júbilo general cerca de las diez de la noche. Numeroso gentío escuchaba las escogidas piezas que tocó la música.
El Corresponsal, 30/03/1844
 
Los progresistas han tenido un modo singular de celebrar el Dos de Mayo, el día de las víctimas de la patria. Mientras que sus periódicos vestían el riguroso luto y reproducían las viñetas de ordenanza, sus prohombres manifestaban su dolor bebiendo Champaña y Jerez, y no podían contener sus lágrimas patrióticas ante los suculentos platos de Lardy. Cada bocado era, sin duda, una expiación por los dolores de la patria; cada trago una libación á la memoría de las víctimas. Este nueva sistema fúnebre es ingeniosísimo y probablemente contribuirá tanto al descanso de los difuntos, como al bienestar de los vivos.
Pero lo que mas llama la atención en este convite, suculento y fúnebre al mismo tiempo, es la circunstancia de haberse celebrado en una fonda estranjera, francesa nada menos. Los progresistas, tan nacionales, tan esclusivamente españoles en todo, tan murmuradores de la afición á lo estranjero, no debían haber comido trufas ni bebido Champaña á la salud de las víctimas de Mayo, sobre todo contribuyendo de esta manera al fomento de los intereses de un cocinero de estranjis. Solo concebiríamos que esto fuese patriótico, si los progresistas se hubieran propuesto comer bien y no pagar; aquí se notaría el deseo de obtener una compensacíon de un francés, en pago de un mal que nos hicieron sus compatriotas.
El Heraldo, 06/05/1847
Retrato de Emilio Lhardy por Federico Madrazo. 1867

El prestigio que adquirió Lhardy en poco tiempo también trajo consigo un aumento de precios.
 
ACADEMIA DE FRANCÉS - El que quiera soltarse á hablar en este idioma puede concurrir á la fonda de Sevie y Lardy, donde no se gasta de otro. Esta nueva enseñanza será la causa sin duda de haber aumentado hasta treinta reales (esto es lo único español que se exige) el precio de los cubiertos, que antes eran de á veinte.
El Clamor Público, 11/10/1846
 
Sin embargo este aumento de precio apenas duró un par de meses.
 
Aviso a los Gastrónomos - Tenemos el placer de anunciar á los aficionados que en la acreditada fonda-pastelería de Sevie-Lardy, se ha establecido el popular cubierto á 20 rs. vn.
Felicitamos al director de este célebre establecimienlo culinario por una reforma tan reclamada por sus numerosos parroquianos y que tanto ha de redundar en su beneficio.
El Español, 19/12/1846
 
Incluso el lejano Mesón de Fuencarral, aún existente, aprovechó la ocasión para anunciarse a costa de Lhardy.
 
El dueño de la fonda del camino de Fuencarral, sabiendo que la fonda pastelería de Lhardy, sita en la Carrera de San Gerónimo, ha vuelto á poner los precios de comidas á veinte rs. vn., ofrece al público la misma comida á diez rs., por ser mas arreglados los comestibles en las afueras; se obliga á dar, si no con tanto lujo, tan bien y tan finamente preparado, como lo tiene acreditado dicha fonda de Lhardy.
Diario de Madrid, 20/12/1846
 
Es posible que esta fluctuación en los precios fuese motivada por desavenencias entre los socios porque a partir de ese momento desaparece el nombre de Sevie y se dice "fonda de Lardy". En aquellas décadas aparecía casi siempre el nombre de Lardy en lugar del Lhardy que se fue imponiendo con posterioridad. Parece que el establecimiento pasa por una crisis que se refleja en la prensa.
 
Al hablar ayer de las muchas fondas sucias que existen en esta corte, no tuvimos presente el hacer una honrosa escepcion, además de las conocidas de Lardy y del Príncipe, en favor de la nuevamente establecida en la calle de la Montera y titulada Hotel de San Luis. De hoy mas, los gastrónomos tendrán un sitio donde satisfacer su pasión favorita , y donde la delicadeza de los manjares compite con la elegancia y prontitud del servicio. El Hotel de San Luis ha venido muy oportunamente a despertar la emulación de sus rivales las fondas de Lardy y del Príncipe que iban decayendo de su antigua fama. Por ahora el Hotel se lleva la ventaja, preciso es confesarlo: en él se come bueno y bien servido. Esperamos de la concurrencia qne haya en breve tres buenas fondas en que escojer.
El Español, 02/05/1847
La visita a Lhardy aparece en una composición sobre costumbres navideñas

El marqués de Salamanca fue el primer cliente importante que tuvo Lhardy en sus comienzos y les unía una buena amistad. En la Nochebuena de 1846 se produjo un episodio muy comentado que fue narrado de forma detallada por uno de sus asistentes, que con el nombre de Barón de Parla-Verdades, lo publicó en el libro "Madrid al daguerrotipo" y fue reproducido por La Ilustración.
 
La noche de Navidad se hallaban en el café Suizo unos cuantos jóvenes de buen humor, departiendo precisamente sobre la dura precisión en que se veian todos de cenar separados, faltando en esto á la patriarcal y santa costumbre de celebrar en familia el nacimiento del Redentor. Después de un ligero debate uno de los amigos interpeló á sus compañeros en esta forma: «Señores, puesto que deseamos á toda costa cenar en familia, y que para ello hay algunos inconvenientes, creo que todo queda zanjado si nos ponemos de acuerdo con el señor de Salamanca, á quien ninguno de nosotros tiene el honor de conocer, pero qué recibirá sin duda una especial satisfacción en relacionarse por este motivo con unos jóvenes tan apreciables...» Inmediatamente aprobaron el proyecto los demas colegas, y diez minutos después entraban todos (eran siete) en la casa del señor Salamanca. Recibióles este caballero con la finura que le distingue, y después de escuchar el sucinto discurso de aquellos señores, que iban á pedirle lisa y llanamente una cena de Navidad, los contestó con la mayor amabilidad que tenia una satisfacción en obsequiarles de la manera que deseaban.
El Español, 26/12/1846

El marqués de Salamanca envió a un empleado suyo a Lhardy para avisar y dijo a los jóvenes que podían cenar allí por cuenta suya.

Mr. Lhardy hizo á los jóvenes amigos los honores de su casa en nombre del banquero, con toda la galantería de un diplomático, con toda la finura de un francés. Ya sea por el interés que pudiera reportarle el buen desempeño de aquella comisión, ya por el deseo de agradar al desprendido señor que habia delegado en él sus facultades, ó bien porque una y otra consideración influyeran en su ánimo, ello es que el fondista no hallaba medios de servir dignamente á los convidados, á quienes dispensaba todo género de atenciones. Estos, por su parte, que se habían impuesto el deber de aceptarlo todo sin exigir nada, correspondían á las reiteradas invitaciones de los fámulos, que hacían circular por la sala preciosas bandejas con cigarros habanos y anchas copas de vino de Bermut por via de entretenimiento y como medio de despertar el apetito. Antes de sentarse á la mesa colocaron nuestros jóvenes enfrente de la puerta de entrada , y sobre un pequeño velador de caoba, una caja de pistolas inglesas, cuyos lucientes cañones se dejaban ver distintamente fuera de la estancia por los vidrios de la mampara, en uno de los cuales habían fijado con anticipación un enorme cartel, que en caracteres bien inteligibles decia de este modo: EL QUE OSE PENETRAR EN EL SALÓN SIN PREVIO CONSENTIMIENTO DE LOS QUE LE OCUPAN, TENDRÁ QUE BATIRSE UNO POR UNO CON SIETE JÓVENES QUE SE HALLAN SENTADOS Á LA MESA

La cena fue opípara. Comenzó con pirámides de ostras y continuó con las mejores aves, carnes, mariscos y postres, todo regado con los mejores vinos. Al final hubo entusiastas brindis dirigidos naturalmente a su benefactor.
 
— ¡A que antes de seis meses sea ministro de Hacienda el generoso banquero que en este sitio nos reúne!! Para contestar todos con entusiasmo: — ¡¡¡A que lo sea!!!
[...]
Mr. Lhardy, á quien conocemos ya como dueño del establecimiento, y cuyas simpatías hacia el sugeto aludido en el brindis eran bien manifiestas, no habia conceptuado oportuno permanecer pasivo en medio de la enérgica y animada manifestación que acababa de hacerse; por lo que desde el lugar que ocupaba en su despacho y puesto de pié lo mismo que los demás circunstantes, apuró á su vez una copa de licor que al efecto tenia preparada, dando á entender así que se hallaba animado de iguales sentimientos que los jóvenes convidados. No fué solo el dueño de la fonda quien tributó este homenage de consideración y afectuoso respeto á la persona agraciada en el brindis; sino que los camareros ocupados entonces en la asistencia de la mesa, no pudiendo contener sin duda el deseo de remojar sus fauces con tan plausible motivo, se empinaban en otro estremo de la estancia el residuo de las botellas, abundante por cierto, merced á la presteza con que habiau procurado retirarlas á medio vaciar. Todos, pues, bebían en aquel instante dominados por una misma influencia, gozosos por una misma causa, y á costa y en memoria de una misma persona. Siguiéronse otros brindis en prosa y verso como de costumbre es en casos semejantes, no sin haber dedicado uno, el mas notable de todos, al gran príncipe de los ingenios españoles: á Cervantes, de quien nadie se acordaría probablemente á aquella hora y en aquella noche: brindis tanto mas justo y merecido cuanto que se tributaba por jóvenes todos dedicados al cultivo de las letras.
La Ilustración, 08/09/1849
 
En aquellos años Lhardy dio un nuevo impulso al negocio al desarrollar una línea de "catering" que llegó a tener una enorme capacidad si la siguiente noticia no exagera.
 
Se ha suspendido el suntuoso banquete con que el gobierno pensaba obsequiar mañana á los oficiales de la guarnicion. Ayer se quitaron las tiendas de campaña que al efecto fueron colocadas en el Retiro. Según nos ha dicho el fondista encargado de la comida, era monsieur Lardy quien tenia órden para preparar hasta 1,000 cubiertos de 80 reales cada uno. Siendo exacta esta noticia parece ahora natural que Mr. Lardy pida y el gobierno le conceda una buena indemnización.
El Clamor Público, 28/04/1848
 
Probablemente esta suspensión supuso un grave quebranto económico para Lhardy que puso un anuncio en la prensa:
 
En la fonda de Lhardy, Carrera de San Gerónimo, donde, a pesar de las circunstancias críticas que atravesamos, se ha continuado, á costa de grandes sacrificios, sirviendo al público con el esmerado celo que tiene bien acreditado, se ven obligados á avisar qué en adelante, por hallarnos en la época de verano que es la fatal para las fondas, no se servirán comidas sueltas ni por lista, y solo comldas de varios cubiertos de encargo en la misma fonda ó mandadas para llevarlas á las cásas avisando de antemano. La pastelería y despacho de vinos generosos, como los estranjeros de Champagne, Burdeos, etc. y licores seguira con el cuidado que acostumbra.
El Heraldo, 04/07/1848 
Publicidad de un chocolate que se vendía en Lhardy

Como sus clientes eran adinerados, en verano se notaba mucho su ausencia cuando se iban a los balnearios y playas del norte.
 
Necrología. La fonda de Lhardy, situada en la Carrera de San Gerónimo, ha fallecido; los gastrónomos sueltos, es decir, los que desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche tenian la seguridad de hacer algunas concesiones a su estómago medíante una cantidad menor de 19 rs., han perdido ya aquella viña, puesto que en lo sucesivo, y en atención á estar en el verano, (palabras del pastelero) época fatal para las fondas, (y para los fondos), no se servirán comidas sueltas, ni por lista, sino únicamente de cierto numero de cubiertos, avisando con anticipacion, bien sean para dentro del establecimiento, ó bien para llevarlas a las casas. El ramo de pasteles no se ha contagiado y sobrevive por consiguiente a la epidemia reinante. Felicitamós pues a estos, y damos el pésame a los purées, á las cotelettes, á la papillot, a los pie de mouton a la Sainte-Mene-hould, á los [ilegible], á los fricandeaux y a otra porción de platos franceses menos gratos quizá y de seguro menos confortables que nuestra olla podrida y nuestros deliciosos pistos: conservelos Lhardy en su cartera hasta principios de invierno, (aquellos se entiende) y continue entreteniendo los estómagos públicos con bizcochos al rom y pastaflora.
La España, 06/07/1848
 
Al aproximarse aquel verano un periódico decía que algunas fondas "debían" cerrar pero no explicaba el motivo.
 
Según dice un periódico, ha corrido entre los gastrónomos la voz de que las fondas de Lardy y de la calle del Príncipe, item mas, los andaluces de la Calle de Carretas, deben cerrarse próximamente. 
El Heraldo, 10/06/1848
 
Aquel año Lhardy cerró hasta Navidad, ¿por un cierre impuesto, por circunstancias críticas por las que atravesaba, por una reforma?
 
FONDA DE LARDY. Se advierte al público de esta corte que á contar del dia 23 del corriente mes de diciembre, se volverá á abrir la fonda de Lardy, en la que se servirán como anteriormente todas clases de comidas, con el esmero y esactitud que le han merecido la confianza de las personas que le favorecen con su concurrencia.
Diario Oficial de Avisos de Madrid, 25/12/1848

Era una época difícil, incluso Emilio Lhardy tenía algún conflicto con un convecino porque instó un juicio de  conciliación.
 
Por providencia del señor don Gabriel Seco de Cáceres, teniente de alcalde constitucional de dicho distrito, se cita, llama y emplaza á don Eduardo Manby, de esta vecindad, y cuyo paradero se ignora, para que por si ó por medio de persona competentemente autorizada, asociado de su hombre bueno, comparezca el dia 17 del corriente á las doce del mismo, en la audiencia de su señoría, sita en la plaza de la Constitución, piso bajo de la casa núm. 5, á celebrar el juicio de conciliación á que és demandado á instancia de don Emilio Lhardy, su convecino, pues de no verificarlo le parará el perjuicio qua haya lugar.
Madrid 1º de setiembre de 1849.
Diario Oficial de Avisos de Madrid, 07/09/1849
 
A pesar de las dificultades Lhardy había conseguido ser considerado el restaurante donde mejor se comía en Madrid. Incluso sirvieron comidas al nuevo embajador francés —de nombre sorprendente— cuando llegó.
 
Ayer llegó á esta corte Mr. Napoleon Bonaparte, ministro de la república francesa cerca de nuestra reina. Se alojó en la Carrera de San Gerónimo, casa del marques de Santiago, sirviéndosele el almuerzo y la comida de la pastelería francesa de Sevie y Lardy.
La Época, 08/04/1849
 
El lunes último se dio en casa del fondista Lardy una comilona de las llamadas de moco de pabo. El gasto de este obsequio, en que se apuró cuanto de mas esquisito ha inventado ia ciencia culinaria, y en que los vinos mas especiales de Europa se disputaron la preferencia. Parece que salió del repleto bolsillo del general Domínguez, conde de San Antonio. Entre los convidados se hallaban los generales Gallegos, Llanos, Caminero y Tello, el conde de Chinchilla , los señores Dumont, Díaz Martin (la hidra del parlamento) y Martinez, el celebérrimo homeópata Nuñez , y el señor Larios. Aunque la broma no era entre jóvenes, parece que todos se acordaron de haberlo sido. Esta picara vida es preciso pasarla á tragos...
El Clamor Público, 13/04/1849

A Alejandro Dumas no le impresionó Lhardy según lo que cuenta en sus cartas de octubre de 1846. Su testimonio es tan confuso que uno se pregunta si realmente llegó a comer en Lhardy cuando estuvo en Madrid.

En cuanto a la comida, Mr. Monier nos había indicado un restaurador italiano [!] llamado Lardy, en cuya casa debíamos encontrar una comida honorable. En Italia, donde se come mal, los buenos restauradores son franceses: en España, donde no se come mal del todo, los buenos restauradores son italianos.
[...]
Yo, que ejerzo funciones públicas, señora, doy el ejemplo, y os anuncio en alta voz, a fin de que vuestro huésped lo oiga, que os dejo para ir a comer a la embajada. Todos nuestros compañeros van comer a casa de Lardi, dirigidos por Teófilo Gautier, a quien han encontrado errante por estas calles, y que ha pretendido conocer mejor la España que los mismos españoles. En consecuencia, les ha pronosticado que comerán muy mal.
España y África. Cartas selectas escritas en francés por Alejandro Dumas. Madrid 1847

Cocina de Lhardy

Lhardy se había instalado en el edificio contiguo a la famosa Fontana de Oro que a mediados del XIX ya se encontraba en mal estado. En 1856 el edificio de la Fontana se hundió sin afectar afortunadamente a Lhardy.

Entre una y dos de la madrugada de ayer ha venido completamente al suelo la parte de la antigua casa que fue Fontana de Oro, y en donde por tantos años ha existido la librería de Monier, casa en que aun se conservaba el depósito de libros perteneciente á los acreedores de este. El hundimiento ha sido en la parte que da á la calle de la Victoria, habiendo quedado en pie la que mira á la Carrera de San Gerónimo, incluso el ángulo de la casa ocupado por la tienda de la Estrella Oriental. A pesar de haberse hundido por entero esa parte de edificio y de haber ocurrido el suceso en las primeras horas de la madrugada, hay que dar gracias á la providencia de que no haya habido que lamentar desgracia alguna personal.
La España, 13/03/1856
 
RUINAS Y ESCOMBROS.—Estamos deseando que ocurran en Madrid algunos hundimientos mas, para que el Ayuntamiento y sus arquitectos den señales de vida y hagan derribar tanta jaula apolillada como ahora afea las mejores calles. A consecuencia del hundimiento de la Fontana, el fondista Lhardy ha tenido que echar á correr, porque su casa amenaza ruina. Es probable que al derribarla haga una genuflexión su amiga la inmediata, que á su vez habrá de derribarse por desquiciada, fea y envejecida. El bello ideal del vecindario seria que se propagaran los hundimientos hasta las Cuatro Calles [actual Plaza de Canalejas], para ver renovada una de las peores manzanas, aunque de las mejor situadas en la corte.
El Clamor Público, 12/04/1856

Nada más ocurrir el hundimiento corrió el rumor de que Lhardy se iba a trasladar al nuevo edificio que se iba a construir.

En el edificio que va á levantarse sobre el solar de lo que fue Fontana de Oro, parece que se dispondrán magníficos comedores y salones para el fondista Lhardy, que trasladará á él su establecimiento.
La Época, 18/03/1856
 
El escaparate de Lhardy era famoso por el espectáculo de viandas que mostraba. Eran frecuentes los chistes en la prensa sobre hambrientos transeúntes que se detenían a admirar aquellos productos riquísimos que no estaban al alcance de sus posibilidades. Hasta se utilizó para la confrontación política la imagen del escaparate de Lhardy con productos ficticios.
 
El que en su tienda repara,
en apetito se enciende
y la vista no separa;
por eso lo que nos vende
cuesta un ojo de la cara.
Manuel del Palacio y Luis Rivera. Cabezas y Calabazas. Madrid 1864
 
Talento culinario. El conocido y bien reputado culinario Lhardy, ha restaurado su confortable establecimiento de la Carrera de San Jerónimo con los mas suculentos manjares que se conocen en las cocinas europea y americana, incluso el famoso pudhing á la chipolata inventado y tanto tiempo monopolizado por el Sr. Vatel, de feliz memoria para todos los amantes de la fortaleza del estómago. No faltan en el escaparate del Sr. Lhardy, cabezas de oso blanco del polo á la salsa picante, ni trompas de elefante á lo Borbon, ni pavos reales escabechados á la española, ni ríñones de caballo á lo Vicalvaro, ni otras menudencias por el estilo. El Sr. Lhardy es todo un cocinero de talento. Ha sabido que el 11 del corriente se abren las Cortes, y ha dicho para su capote: Pinches y catasalsas, D Salustíano viene de París; preparemos la abundancia de comestibles suculentos. El glotón de los Campos Elíseos es con nosotros.
La Discusión, 09/02/1869
 
En 1869 un rumor sobre el coste fabuloso que iba a tener una cacería organizada por el general Prim incluía a Lhardy en el suceso. Durante días la prensa conservadora atacó al entonces jefe de gobierno.
 
De algunos días á esta parte es objeto de todas las conversaciones la gran cacería que para las próximas fiestas se prepara en la posesión que tiene en los montes de Toledo el general Prim. Cuéntase que este potentado ha mandado disponer en su castillo feudal cuarenta y dos camas para otros tantos convidados; que el dueño del magnífico almacén de riquísimos muebles que hay en la calle de Alcalá, junto al café Suizo, se ha encargado de amueblar las habitaciones del dicho castillo; que la comida de los cazadores se ha ajustado en diez mil reales diarios; que invitado el Sr. Lhardy para ir en persona á dirigir la cocina y eí servicio de las comidas, se excusó, manifestando que no podía dejar en los dias de Pascua su establecimiento de la Carrera de San Gerónimo; pero que se ha removido este obstáculo ofreciendo al Sr. Lhardy una buena cantidad por indemnización de perjuicios, con lo cual se ha decidido dicho señor fondista á ir á la posesión de D. Juan Prim.
Las comidas serán de toda etiqueta, asistiendo á éllas los convidados con frac y corbata blanca. Se ha habilitado la linea telegráfica que con motivo de otra cacería se estableció entre Madrid, Toledo y la posesión del general Prim. Se calcula que los gastos de la cacería ascenderán á cuarenta mil duros. Ignoramos si hay exactitud en todas estas noticias; pero si es cierto cuanto de público se dice acerca de la extraordinaria explendidez de D, Juan Prim, nada de cuanto digamos con relación á la cacería debe sorprendernos.
El Pensamiento español, 20/12/1869
 
¿Qué dirían La Iberia y el Puente de Alcolea y sus amigos si un Monarca gastase cuarenta ó cincuenta mil duros en una cacería, aunque fuera de su consignación particular, cuando tantos infelices cesantes y viudas están pereciendo en miserables boardillas, cuando los asilos del Pardo y de Aranjuez carecen de lo necesario para el alivio de los que en ellos se albergan, y cuando en el Hospital y en otros establecimientos benéficos no pueden satisfacerse los alimentos y medicinas indispensables?
[...]
El hijo del fondista Lhardy ha desmentido que vaya este á los montes de Toledo por estar enfermo hace tiempo; pero no ha desmentido el que sea su casa la que deba dar la comida, ni que cada cubierto cueste 2,800 reales, ni que se le den 10,000 reales diarios de indemnización. Que no sea el Sr. Lhardy sino el cocinero mayor ó el menor el encargado de dar de comer al general Prim, en nada disminuye pues lo que hoy se ha dicho sobre la cacería.
La Regeneración, 23/12/1869
 
Después de la cacería, nadie desmintió a un diario liberal cuendo publicó que todo lo que se había dicho con anterioridad había sido una patraña. Desde luego la cena no sería lujosa, pero sí abundante.
 
Un almuerzo de arroz con pollos ó conejos presentado en una caldera mónstruo y servido en platos de estaño y condimentado por el cocinero que tiene el general hace muchos años, (gallego por mas señas). Un vino comun, servido en vasos del mismo precioso metal, y que á las veces tenia el mérito de ser de la cosecha de casa, y un postre do queso, constituían el aristocrático almuerzo del Regente del Reino lo mismo que el del último ojeador.
Una sopa, un cocido con su chorizo y su tocino correspondiente, un par de principios, una ensalada cocida y un asado, con postres de pasas y almendras, y el vino comun á pasto, una copa de Jerez á la mitad de la comida y Champagne á los postres eran el festin nocturno del moderno Lúculo.
El Imparcial, 01/01/1870

En algún momento de la década de los 1880 se instaló la lujosa decoración que Lhardy aún hoy ostenta. Según diversas fuentes, el decorador fue Ramón Guerrero —padre de la actriz María Guerrero y bisabuelo del actor Fernando Fernán Gómez— que figuraba en aquella época como tapicero, decorador y escenógrafo del Teatro de la Comedia.

El gusto del segundo Imperio, dotado de esa elegancia de alta burguesía que vuelve ahora a cautivarnos, se perfiló en el diseño de la fachada de Lhardy, construida con magnífica madera de caoba de Cuba, como símbolo de las que fueron nuestras provincias de ultramar. La decoración interior de la tienda, con sus dos mostradores enfrentados y el espejo al fondo, sobre la opulenta consola que sostiene la “bouilloire” y la fina botillería, permanece intacta, como fue proyectada y llevada a cabo por Rafael [sic] Guerrero. Los comedores, concebidos como Salón Isabelino, salón Blanco y Salón Japonés, conservan los revestimientos de papel pintado de la época; las chimeneas, guarniciones y ornatos, citados en las obra de Galdós, Mariano de Cavia, Azorín o Ramón Gómez de la Serna.
https://lhardy.com/historia/ 
Extrañamente no aparece en la prensa esta reforma del local ni el momento de su inauguración. Sin embargo sí aparecen otras reformas que hizo Ramón Guerrero como la de la Cantina Americana, Café de la Iberia, Café de Fornos, Teatro de la Comedia y Teatro Español.
 
Bajo la inteligente dirección de don Ramón Guerrero han empezado las obras de restauración del teatro Español. La sala será empapelada con papel blanco de seda, los antepechos de los palcos serán de paño blanco, y las butacas estarán cubiertas con tela de la misma clase, adornadas con franjas rojas de peluche. Los antepechos serán sustituidos por otros de hierro colado, y la alfombra del centro y los pasillos de las butacas será también blanca. Con estas obras el teatro Español será uno de los más elegantes de Europa. 
Crónica de la música. 12/07/1882

Con la nueva decoración Lhardy introduce algo nuevo en su restaurante, lo que se llamó el Diner Lhardy.

Los establecimientos industriales de Madrid hacen sus reformas para el invierno durante la época veraniega en que la mayor parte de los consumidores viajan. Casi todos introducen mejoras para atraerse el público, presentándole novedades. Pero este año lo que va á llamar verdaderamente la atención ha de ser la reforma de Lhardy. Como que esta acreditada casa privilegio de los ricos en más de cuarenta y seis años, coloca algunos cuartos de su ponderado restanrant al alcance de más modestas fortunas. Hasta ahora, para comer en Lhardy era preciso reunirse lo menos media docena de personas, que encargaban la víspera su menú. Ahora se individnaliza, siguiendo las corrientes del progreso. Esta año el conocido industrial establece para todos los dias platos especiales, con los que pueden servirse comidas sin que el gourmet haya tenido necesidad de tomarse el trabajo de encargarlas de antemano. Y uno solo que vaya al restaurant encontrará, como en los establecimientos de igual género del extranjero, el servicio especial de la casa de Lhardy, con buena carte, que se publicará diariamente, con sus medios ó cuartos de botella, sea de Borgoña, Champagne, Bordeanx, etc. Los aficionados á la buena cocina están de enhorabuena.
La Iberia, 15/09/1886 
La afamada casa Lhardy ha resuelto ofrecer diariamente á las personas que echan de menos en Madrid una excelente mesa, sin necesidad de avisos previos, un número reducido de cubiertos con menú distinto todos los dias, compuesto de: 1 potaje; 1 relevé de boucherie; 1 entree; 1 roti; 1 legume; 1 entremet; dessert. Un cuarto de botella de Jerez, (González Byais); media de Burdeos, (Saint Julien Lhardy), y un cuarto botella de Champagne, marca Roeder, por persona. Los cubiertos se servirán en el salón de la casa Carrera de San Jerónimo, y en mesas para una, dos ó más personas, y al precio de 20 pesetas por cubierto, incluyendo los vinos. Como no será posible servir mas de 20 cubiertos por falta de local, podrá pedirse durante todo el dia que se reserven las mesas, bien en la tienda, bien por el telefono núm. 705. El Diner Lhardy se inaugurará del 1º al 10 de Noviembre. Todos los dias se publicará en los principales diarios de la noche, el menú del dia siguiente, y en los de la mañana el de la comida del dia.
El Liberal, 22/10/1886 

Lhardy con sus mostradores y el espejo

Efectuada la reforma del local, y en marcha las novedades que había introducido su hijo Agustín, el señor Emilio Lhardy que ya estaba prácticamente retirado, falleció.

Los que pasaban anoche por la Carrera de San Jerónimo encontraban que faltaba algo al brillo y animación de la calle. Era que uno de sus establecimientos estaba cerrado. El afamado restaurant de Lhardy no exhibía, como otras noches, entre las luces del gas á la admiración de los gastrónomos su deslumbrante escaparate lleno de ricos manjares. Las persianas de hierro que le separan de la calle se veían corridas, y en la puerta decía un letrero, escrito sobre un papel blanco: «Cerrado por fallecimiento del dueño» Con efecto, ayer á las siete y media de la noche dejó de existir, después de dos días de permanecer en cama, Mr. Emile Lhardy, fundador de la conocida casa que lleva su nombre. A la avanzada edad de ochenta y dos años, después de una vida trascurrida en medio del trabajo más tenaz, baja á la tumba este hombre que debió la fortuna y reputación que coronaron al fin su inteligente actividad á sus solos personales esfuerzos [...] siguiendo sus deseos de ver á España, vino á Madrid, agradándole extraordinariamente esta población, donde su profesión no encontraba una competencia temible. Asocióse á un francés, y en 1839 fundó el establecimiento que durante tantos años viene figurando a la cabeza, en Madrid, entre los de su género. La sociedad se deshizo al poco tiempo, y Lhardy se quedó solo al frente de su restaurant. Bajo su dirección prosperaba cada día más la casa, y entonces, derribado el antiguo edificio en que se hallaba instalada, vino á sustituirle un local nuevo, hermoso, levantado con arreglo á las exigencias del gusto contemporáneo.
[...]
La Casa Lhardy ha venido siendo, en los últimos años, el lugar obligado de los banquetes más suntuosos. De dicha casa se trasladaban también las comidas más exquisitas á hoteles y palacios, donde la alta sociedad celebraba alguna de sus fiestas brillantes. No había inauguración de camino de hierro, baile de máscaras, festividad alguna mundana adonde la cocina de Lhardy no fuera reclamada. A la muerte de este hombre, que en medio de la rudeza da sus trabajos sabia poner de relieve exquisitas prendas de carácter, la casa fundada por él quedará á cargo de su hijo el distinguido pintor D. Agustín Lhardy.
La Época, 18/01/1887

Banquete homenaje a Gómez de la Serna. 1923. García Lorca aparece sentado en el suelo

Banquete del P.E.N. Club. 1922.. Azorín aparece con bigote sentado a la mesa

La lista de todos los banquetes y homenajes que se han celebrado en Lhardy a lo largo de su historia es interminable. Por allí pasaron miembros de la Casa Real, la aristocracia, la alta burguesía, políticos, escritores y los viajeros ilustres que llegaban a Madrid. Durante la II República, Diego San José publicó un libro que con el título de "Vida ejemplar de Isabel II, la reina alegre y desaprensiva", eran unas falsas memorias de una dama de la corte de Isabel II donde se relata esta anécdota:
 
Merece destacarse por su picante donosura la escena del reservado de Lhardy, donde la coronada hetaira, después de regodearse cumplidamente con «el pollo Antequera», se dejó olvidado el corsé. La historia —o historieta, si se quiere— es, en fin, tan ejemplar como en el título se anuncia. Y tan divertida como todas las de este escritor, maestro en el género.
El Heraldo de Madrid, 13/08/1931

De los objetos que todavía atesora Lhardy hay dos que se consideran emblemáticos: el samovar de plata para servirse un consomé y el espejo del que escribió Azorín lo siguiente:
 
No podemos imaginar Madrid sin Lhardy. Lhardy resume la aristocracia y las letras. Y a su vez Lhardy es resumido por el espejo del fondo. Ese espejo, grande, con marco de talla dorada, está en el fondo de la tienda, sobre una consola con tablero de mármol blanco. En Lhardy, por sus concurrentes, por su historia, por lo selecto de su servicio, todo resulta noble. En los estantes nos miran las limetas, botellas y frascos de exquisitos vinos y licores, y el espejo lo abarca todo [...] En Lhardy, con un platito en la mano y en la otra un cuchillo de postre, un platito con pasteles, se encuentran Quevedo y su amigo Adán de la Parra, Don Fernando, el hermano de Carlos I, y su secretario el poeta Cristóbal de Castillejo, Don Juan de Austria y Cervantes. El espejo del fondo recoge las imágenes de todos.
Azorín. Madrid, la generación y el ambiente del 98. Madrid 1941