El fondista Emilio Lhardy


Lhardy en la Carrera de San Jerónimo desde 1839

Émile Huguenin hizo su aprendizaje como repostero en Besançon, completando luego sus conocimientos en París, e instalándose más tarde en Burdeos. Allí conoció a muchos de los exiliados españoles que habían huido de Fernando VII tras el Trienio Liberal. De su amistad con Prosper Mérimée cabe la posibilidad de que fuera este escritor francés quien le sugiriese montar un negocio en Madrid. Se ha dicho que el nombre del establecimiento vendría sugerido por el del famoso Café Hardy, del Boulevard de los Italianos, de París, que más tarde se convertiría en la Maison Dorée.
Café Hardy en París

Lhardy se instaló en 1839 en la Carrera de San Jerónimo, una calle de moda, junto a otro establecimiento famoso, La Fontana de Oro. La referencia más antigua que he encontrado sobre Lhardy se publicó a los pocos meses de su inauguración. Parece que ya desde el principio el dueño, Émile Huguenin, se hacía llamar Lhardy (o Lardi según el periodista).
 
El día 8 del actual á las 5 de su tarde, se robaron de la habitación de doña Engracia Lacosta, en la Carrera de San Gerónimo, núm, 12 cuarto principal, en ocasión que aquella se hallaba en la pastelería de Emilio Lardi, en el piso bajo de la propia casa, como dependienta de dicho establecimiento, las prendas siguientes ...
El Corresponsal, 11/01/1840
 
Para ampliar el negocio a fonda (restaurante) debió asociarse con un tal Sevie. A partir de 1844 aparece siempre en la prensa como "fonda de Sevie y Lardy" (sin hache). Sin embargo en el aspecto gastronómico las crónicas siempre se refieren a Lardy, como si Sevie fuese únicamente el socio capitalista. En aquel Madrid falto de restaurantes modernos, en poco tiempo Lhardy se convirtió en "el" sitio para celebraciones.
 
En celebridad del feliz regreso de la augusta Reina Madre á esta corte tuvieron anteayer tarde una espléndida comida en la fonda francesa de Sevie y Larde el inspector general del cuerpo de carabineros del reino con todos los gefes y oficiales de la inspección, comandancia de Madrid y algunos transeúntes para otras del cuerpo [...] La brillante música del regimiento infantería de Galicia hizo mas amena la esplendidez de la función, tocando escelentes piezas durante la comida, en la que reinó á la par de la alegría propia de su objeto , la mas fina urbanidad de una parte , la afabilidad de otra y el entusiasmo de todas [...] La comida empezó á las cinco y media de la tarde y concluyó sin el menor intervalo en el júbilo general cerca de las diez de la noche. Numeroso gentío escuchaba las escogidas piezas que tocó la música.
El Corresponsal, 30/03/1844
 
Los progresistas han tenido un modo singular de celebrar el Dos de Mayo, el día de las víctimas de la patria. Mientras que sus periódicos vestían el riguroso luto y reproducían las viñetas de ordenanza, sus prohombres manifestaban su dolor bebiendo Champaña y Jerez, y no podían contener sus lágrimas patrióticas ante los suculentos platos de Lardy. Cada bocado era, sin duda, una expiación por los dolores de la patria; cada trago una libación á la memoría de las víctimas. Este nueva sistema fúnebre es ingeniosísimo y probablemente contribuirá tanto al descanso de los difuntos, como al bienestar de los vivos.
Pero lo que mas llama la atención en este convite, suculento y fúnebre al mismo tiempo, es la circunstancia de haberse celebrado en una fonda estranjera, francesa nada menos. Los progresistas, tan nacionales, tan esclusivamente españoles en todo, tan murmuradores de la afición á lo estranjero, no debían haber comido trufas ni bebido Champaña á la salud de las víctimas de Mayo, sobre todo contribuyendo de esta manera al fomento de los intereses de un cocinero de estranjis. Solo concebiríamos que esto fuese patriótico, si los progresistas se hubieran propuesto comer bien y no pagar; aquí se notaría el deseo de obtener una compensacíon de un francés, en pago de un mal que nos hicieron sus compatriotas.
El Heraldo, 06/05/1847
Retrato de Emilio Lhardy por Federico Madrazo. 1867

El prestigio que adquirió Lhardy en poco tiempo también trajo consigo un aumento de precios.
 
ACADEMIA DE FRANCÉS - El que quiera soltarse á hablar en este idioma puede concurrir á la fonda de Sevie y Lardy, donde no se gasta de otro. Esta nueva enseñanza será la causa sin duda de haber aumentado hasta treinta reales (esto es lo único español que se exige) el precio de los cubiertos, que antes eran de á veinte.
El Clamor Público, 11/10/1846
 
Sin embargo este aumento de precio apenas duró un par de meses.
 
Aviso a los Gastrónomos - Tenemos el placer de anunciar á los aficionados que en la acreditada fonda-pastelería de Sevie-Lardy, se ha establecido el popular cubierto á 20 rs. vn.
Felicitamos al director de este célebre establecimienlo culinario por una reforma tan reclamada por sus numerosos parroquianos y que tanto ha de redundar en su beneficio.
El Español, 19/12/1846
 
Incluso el lejano Mesón de Fuencarral, aún existente, aprovechó la ocasión para anunciarse a costa de Lhardy.
 
El dueño de la fonda del camino de Fuencarral, sabiendo que la fonda pastelería de Lhardy, sita en la Carrera de San Gerónimo, ha vuelto á poner los precios de comidas á veinte rs. vn., ofrece al público la misma comida á diez rs., por ser mas arreglados los comestibles en las afueras; se obliga á dar, si no con tanto lujo, tan bien y tan finamente preparado, como lo tiene acreditado dicha fonda de Lhardy.
Diario de Madrid, 20/12/1846
 
Es posible que esta fluctuación en los precios fuese motivada por desavenencias entre los socios porque a partir de ese momento desaparece el nombre de Sevie y se dice "fonda de Lardy". En aquellas décadas aparecía casi siempre el nombre de Lardy en lugar del Lhardy que se fue imponiendo con posterioridad. Parece que el establecimiento pasa por una crisis que se refleja en la prensa.
 
Al hablar ayer de las muchas fondas sucias que existen en esta corte, no tuvimos presente el hacer una honrosa escepcion, además de las conocidas de Lardy y del Príncipe, en favor de la nuevamente establecida en la calle de la Montera y titulada Hotel de San Luis. De hoy mas, los gastrónomos tendrán un sitio donde satisfacer su pasión favorita , y donde la delicadeza de los manjares compite con la elegancia y prontitud del servicio. El Hotel de San Luis ha venido muy oportunamente a despertar la emulación de sus rivales las fondas de Lardy y del Príncipe que iban decayendo de su antigua fama. Por ahora el Hotel se lleva la ventaja, preciso es confesarlo: en él se come bueno y bien servido. Esperamos de la concurrencia qne haya en breve tres buenas fondas en que escojer.
El Español, 02/05/1847
La visita a Lhardy aparece en una composición sobre costumbres navideñas

El marqués de Salamanca fue el primer cliente importante que tuvo Lhardy en sus comienzos y les unía una buena amistad. En la Nochebuena de 1846 se produjo un episodio muy comentado que fue narrado de forma detallada por uno de sus asistentes, que con el nombre de Barón de Parla-Verdades, lo publicó en el libro "Madrid al daguerrotipo" y fue reproducido por La Ilustración.
 
La noche de Navidad se hallaban en el café Suizo unos cuantos jóvenes de buen humor, departiendo precisamente sobre la dura precisión en que se veian todos de cenar separados, faltando en esto á la patriarcal y santa costumbre de celebrar en familia el nacimiento del Redentor. Después de un ligero debate uno de los amigos interpeló á sus compañeros en esta forma: «Señores, puesto que deseamos á toda costa cenar en familia, y que para ello hay algunos inconvenientes, creo que todo queda zanjado si nos ponemos de acuerdo con el señor de Salamanca, á quien ninguno de nosotros tiene el honor de conocer, pero qué recibirá sin duda una especial satisfacción en relacionarse por este motivo con unos jóvenes tan apreciables...» Inmediatamente aprobaron el proyecto los demas colegas, y diez minutos después entraban todos (eran siete) en la casa del señor Salamanca. Recibióles este caballero con la finura que le distingue, y después de escuchar el sucinto discurso de aquellos señores, que iban á pedirle lisa y llanamente una cena de Navidad, los contestó con la mayor amabilidad que tenia una satisfacción en obsequiarles de la manera que deseaban.
El Español, 26/12/1846

El marqués de Salamanca envió a un empleado suyo a Lhardy para avisar y dijo a los jóvenes que podían cenar allí por cuenta suya.

Mr. Lhardy hizo á los jóvenes amigos los honores de su casa en nombre del banquero, con toda la galantería de un diplomático, con toda la finura de un francés. Ya sea por el interés que pudiera reportarle el buen desempeño de aquella comisión, ya por el deseo de agradar al desprendido señor que habia delegado en él sus facultades, ó bien porque una y otra consideración influyeran en su ánimo, ello es que el fondista no hallaba medios de servir dignamente á los convidados, á quienes dispensaba todo género de atenciones. Estos, por su parte, que se habían impuesto el deber de aceptarlo todo sin exigir nada, correspondían á las reiteradas invitaciones de los fámulos, que hacían circular por la sala preciosas bandejas con cigarros habanos y anchas copas de vino de Bermut por via de entretenimiento y como medio de despertar el apetito. Antes de sentarse á la mesa colocaron nuestros jóvenes enfrente de la puerta de entrada , y sobre un pequeño velador de caoba, una caja de pistolas inglesas, cuyos lucientes cañones se dejaban ver distintamente fuera de la estancia por los vidrios de la mampara, en uno de los cuales habían fijado con anticipación un enorme cartel, que en caracteres bien inteligibles decia de este modo: EL QUE OSE PENETRAR EN EL SALÓN SIN PREVIO CONSENTIMIENTO DE LOS QUE LE OCUPAN, TENDRÁ QUE BATIRSE UNO POR UNO CON SIETE JÓVENES QUE SE HALLAN SENTADOS Á LA MESA

La cena fue opípara. Comenzó con pirámides de ostras y continuó con las mejores aves, carnes, mariscos y postres, todo regado con los mejores vinos. Al final hubo entusiastas brindis dirigidos naturalmente a su benefactor.
 
— ¡A que antes de seis meses sea ministro de Hacienda el generoso banquero que en este sitio nos reúne!! Para contestar todos con entusiasmo: — ¡¡¡A que lo sea!!!
[...]
Mr. Lhardy, á quien conocemos ya como dueño del establecimiento, y cuyas simpatías hacia el sugeto aludido en el brindis eran bien manifiestas, no habia conceptuado oportuno permanecer pasivo en medio de la enérgica y animada manifestación que acababa de hacerse; por lo que desde el lugar que ocupaba en su despacho y puesto de pié lo mismo que los demás circunstantes, apuró á su vez una copa de licor que al efecto tenia preparada, dando á entender así que se hallaba animado de iguales sentimientos que los jóvenes convidados. No fué solo el dueño de la fonda quien tributó este homenage de consideración y afectuoso respeto á la persona agraciada en el brindis; sino que los camareros ocupados entonces en la asistencia de la mesa, no pudiendo contener sin duda el deseo de remojar sus fauces con tan plausible motivo, se empinaban en otro estremo de la estancia el residuo de las botellas, abundante por cierto, merced á la presteza con que habiau procurado retirarlas á medio vaciar. Todos, pues, bebían en aquel instante dominados por una misma influencia, gozosos por una misma causa, y á costa y en memoria de una misma persona. Siguiéronse otros brindis en prosa y verso como de costumbre es en casos semejantes, no sin haber dedicado uno, el mas notable de todos, al gran príncipe de los ingenios españoles: á Cervantes, de quien nadie se acordaría probablemente á aquella hora y en aquella noche: brindis tanto mas justo y merecido cuanto que se tributaba por jóvenes todos dedicados al cultivo de las letras.
La Ilustración, 08/09/1849
 
En aquellos años Lhardy dio un nuevo impulso al negocio al desarrollar una línea de "catering" que llegó a tener una enorme capacidad si la siguiente noticia no exagera.
 
Se ha suspendido el suntuoso banquete con que el gobierno pensaba obsequiar mañana á los oficiales de la guarnicion. Ayer se quitaron las tiendas de campaña que al efecto fueron colocadas en el Retiro. Según nos ha dicho el fondista encargado de la comida, era monsieur Lardy quien tenia órden para preparar hasta 1,000 cubiertos de 80 reales cada uno. Siendo exacta esta noticia parece ahora natural que Mr. Lardy pida y el gobierno le conceda una buena indemnización.
El Clamor Público, 28/04/1848
 
Probablemente esta suspensión supuso un grave quebranto económico para Lhardy que puso un anuncio en la prensa:
 
En la fonda de Lhardy, Carrera de San Gerónimo, donde, a pesar de las circunstancias críticas que atravesamos, se ha continuado, á costa de grandes sacrificios, sirviendo al público con el esmerado celo que tiene bien acreditado, se ven obligados á avisar qué en adelante, por hallarnos en la época de verano que es la fatal para las fondas, no se servirán comidas sueltas ni por lista, y solo comldas de varios cubiertos de encargo en la misma fonda ó mandadas para llevarlas á las cásas avisando de antemano. La pastelería y despacho de vinos generosos, como los estranjeros de Champagne, Burdeos, etc. y licores seguira con el cuidado que acostumbra.
El Heraldo, 04/07/1848 
Publicidad de un chocolate que se vendía en Lhardy

Como sus clientes eran adinerados, en verano se notaba mucho su ausencia cuando se iban a los balnearios y playas del norte.
 
Necrología. La fonda de Lhardy, situada en la Carrera de San Gerónimo, ha fallecido; los gastrónomos sueltos, es decir, los que desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche tenian la seguridad de hacer algunas concesiones a su estómago medíante una cantidad menor de 19 rs., han perdido ya aquella viña, puesto que en lo sucesivo, y en atención á estar en el verano, (palabras del pastelero) época fatal para las fondas, (y para los fondos), no se servirán comidas sueltas, ni por lista, sino únicamente de cierto numero de cubiertos, avisando con anticipacion, bien sean para dentro del establecimiento, ó bien para llevarlas a las casas. El ramo de pasteles no se ha contagiado y sobrevive por consiguiente a la epidemia reinante. Felicitamós pues a estos, y damos el pésame a los purées, á las cotelettes, á la papillot, a los pie de mouton a la Sainte-Mene-hould, á los [ilegible], á los fricandeaux y a otra porción de platos franceses menos gratos quizá y de seguro menos confortables que nuestra olla podrida y nuestros deliciosos pistos: conservelos Lhardy en su cartera hasta principios de invierno, (aquellos se entiende) y continue entreteniendo los estómagos públicos con bizcochos al rom y pastaflora.
La España, 06/07/1848
 
Al aproximarse aquel verano un periódico decía que algunas fondas "debían" cerrar pero no explicaba el motivo.
 
Según dice un periódico, ha corrido entre los gastrónomos la voz de que las fondas de Lardy y de la calle del Príncipe, item mas, los andaluces de la Calle de Carretas, deben cerrarse próximamente. 
El Heraldo, 10/06/1848
 
Aquel año Lhardy cerró hasta Navidad, ¿por un cierre impuesto, por circunstancias críticas por las que atravesaba, por una reforma?
 
FONDA DE LARDY. Se advierte al público de esta corte que á contar del dia 23 del corriente mes de diciembre, se volverá á abrir la fonda de Lardy, en la que se servirán como anteriormente todas clases de comidas, con el esmero y esactitud que le han merecido la confianza de las personas que le favorecen con su concurrencia.
Diario Oficial de Avisos de Madrid, 25/12/1848

Era una época difícil, incluso Emilio Lhardy tenía algún conflicto con un convecino porque instó un juicio de  conciliación.
 
Por providencia del señor don Gabriel Seco de Cáceres, teniente de alcalde constitucional de dicho distrito, se cita, llama y emplaza á don Eduardo Manby, de esta vecindad, y cuyo paradero se ignora, para que por si ó por medio de persona competentemente autorizada, asociado de su hombre bueno, comparezca el dia 17 del corriente á las doce del mismo, en la audiencia de su señoría, sita en la plaza de la Constitución, piso bajo de la casa núm. 5, á celebrar el juicio de conciliación á que és demandado á instancia de don Emilio Lhardy, su convecino, pues de no verificarlo le parará el perjuicio qua haya lugar.
Madrid 1º de setiembre de 1849.
Diario Oficial de Avisos de Madrid, 07/09/1849
 
A pesar de las dificultades Lhardy había conseguido ser considerado el restaurante donde mejor se comía en Madrid. Incluso sirvieron comidas al nuevo embajador francés —de nombre sorprendente— cuando llegó.
 
Ayer llegó á esta corte Mr. Napoleon Bonaparte, ministro de la república francesa cerca de nuestra reina. Se alojó en la Carrera de San Gerónimo, casa del marques de Santiago, sirviéndosele el almuerzo y la comida de la pastelería francesa de Sevie y Lardy.
La Época, 08/04/1849
 
El lunes último se dio en casa del fondista Lardy una comilona de las llamadas de moco de pabo. El gasto de este obsequio, en que se apuró cuanto de mas esquisito ha inventado ia ciencia culinaria, y en que los vinos mas especiales de Europa se disputaron la preferencia. Parece que salió del repleto bolsillo del general Domínguez, conde de San Antonio. Entre los convidados se hallaban los generales Gallegos, Llanos, Caminero y Tello, el conde de Chinchilla , los señores Dumont, Díaz Martin (la hidra del parlamento) y Martinez, el celebérrimo homeópata Nuñez , y el señor Larios. Aunque la broma no era entre jóvenes, parece que todos se acordaron de haberlo sido. Esta picara vida es preciso pasarla á tragos...
El Clamor Público, 13/04/1849

A Alejandro Dumas no le impresionó Lhardy según lo que cuenta en sus cartas de octubre de 1846. Su testimonio es tan confuso que uno se pregunta si realmente llegó a comer en Lhardy cuando estuvo en Madrid.

En cuanto a la comida, Mr. Monier nos había indicado un restaurador italiano [!] llamado Lardy, en cuya casa debíamos encontrar una comida honorable. En Italia, donde se come mal, los buenos restauradores son franceses: en España, donde no se come mal del todo, los buenos restauradores son italianos.
[...]
Yo, que ejerzo funciones públicas, señora, doy el ejemplo, y os anuncio en alta voz, a fin de que vuestro huésped lo oiga, que os dejo para ir a comer a la embajada. Todos nuestros compañeros van comer a casa de Lardi, dirigidos por Teófilo Gautier, a quien han encontrado errante por estas calles, y que ha pretendido conocer mejor la España que los mismos españoles. En consecuencia, les ha pronosticado que comerán muy mal.
España y África. Cartas selectas escritas en francés por Alejandro Dumas. Madrid 1847

Cocina de Lhardy

Lhardy se había instalado en el edificio contiguo a la famosa Fontana de Oro que a mediados del XIX ya se encontraba en mal estado. En 1856 el edificio de la Fontana se hundió sin afectar afortunadamente a Lhardy.

Entre una y dos de la madrugada de ayer ha venido completamente al suelo la parte de la antigua casa que fue Fontana de Oro, y en donde por tantos años ha existido la librería de Monier, casa en que aun se conservaba el depósito de libros perteneciente á los acreedores de este. El hundimiento ha sido en la parte que da á la calle de la Victoria, habiendo quedado en pie la que mira á la Carrera de San Gerónimo, incluso el ángulo de la casa ocupado por la tienda de la Estrella Oriental. A pesar de haberse hundido por entero esa parte de edificio y de haber ocurrido el suceso en las primeras horas de la madrugada, hay que dar gracias á la providencia de que no haya habido que lamentar desgracia alguna personal.
La España, 13/03/1856
 
RUINAS Y ESCOMBROS.—Estamos deseando que ocurran en Madrid algunos hundimientos mas, para que el Ayuntamiento y sus arquitectos den señales de vida y hagan derribar tanta jaula apolillada como ahora afea las mejores calles. A consecuencia del hundimiento de la Fontana, el fondista Lhardy ha tenido que echar á correr, porque su casa amenaza ruina. Es probable que al derribarla haga una genuflexión su amiga la inmediata, que á su vez habrá de derribarse por desquiciada, fea y envejecida. El bello ideal del vecindario seria que se propagaran los hundimientos hasta las Cuatro Calles [actual Plaza de Canalejas], para ver renovada una de las peores manzanas, aunque de las mejor situadas en la corte.
El Clamor Público, 12/04/1856

Nada más ocurrir el hundimiento corrió el rumor de que Lhardy se iba a trasladar al nuevo edificio que se iba a construir.

En el edificio que va á levantarse sobre el solar de lo que fue Fontana de Oro, parece que se dispondrán magníficos comedores y salones para el fondista Lhardy, que trasladará á él su establecimiento.
La Época, 18/03/1856
 
El escaparate de Lhardy era famoso por el espectáculo de viandas que mostraba. Eran frecuentes los chistes en la prensa sobre hambrientos transeúntes que se detenían a admirar aquellos productos riquísimos que no estaban al alcance de sus posibilidades. Hasta se utilizó para la confrontación política la imagen del escaparate de Lhardy con productos ficticios.
 
El que en su tienda repara,
en apetito se enciende
y la vista no separa;
por eso lo que nos vende
cuesta un ojo de la cara.
Manuel del Palacio y Luis Rivera. Cabezas y Calabazas. Madrid 1864
 
Talento culinario. El conocido y bien reputado culinario Lhardy, ha restaurado su confortable establecimiento de la Carrera de San Jerónimo con los mas suculentos manjares que se conocen en las cocinas europea y americana, incluso el famoso pudhing á la chipolata inventado y tanto tiempo monopolizado por el Sr. Vatel, de feliz memoria para todos los amantes de la fortaleza del estómago. No faltan en el escaparate del Sr. Lhardy, cabezas de oso blanco del polo á la salsa picante, ni trompas de elefante á lo Borbon, ni pavos reales escabechados á la española, ni ríñones de caballo á lo Vicalvaro, ni otras menudencias por el estilo. El Sr. Lhardy es todo un cocinero de talento. Ha sabido que el 11 del corriente se abren las Cortes, y ha dicho para su capote: Pinches y catasalsas, D Salustíano viene de París; preparemos la abundancia de comestibles suculentos. El glotón de los Campos Elíseos es con nosotros.
La Discusión, 09/02/1869
 
En 1869 un rumor sobre el coste fabuloso que iba a tener una cacería organizada por el general Prim incluía a Lhardy en el suceso. Durante días la prensa conservadora atacó al entonces jefe de gobierno.
 
De algunos días á esta parte es objeto de todas las conversaciones la gran cacería que para las próximas fiestas se prepara en la posesión que tiene en los montes de Toledo el general Prim. Cuéntase que este potentado ha mandado disponer en su castillo feudal cuarenta y dos camas para otros tantos convidados; que el dueño del magnífico almacén de riquísimos muebles que hay en la calle de Alcalá, junto al café Suizo, se ha encargado de amueblar las habitaciones del dicho castillo; que la comida de los cazadores se ha ajustado en diez mil reales diarios; que invitado el Sr. Lhardy para ir en persona á dirigir la cocina y eí servicio de las comidas, se excusó, manifestando que no podía dejar en los dias de Pascua su establecimiento de la Carrera de San Gerónimo; pero que se ha removido este obstáculo ofreciendo al Sr. Lhardy una buena cantidad por indemnización de perjuicios, con lo cual se ha decidido dicho señor fondista á ir á la posesión de D. Juan Prim.
Las comidas serán de toda etiqueta, asistiendo á éllas los convidados con frac y corbata blanca. Se ha habilitado la linea telegráfica que con motivo de otra cacería se estableció entre Madrid, Toledo y la posesión del general Prim. Se calcula que los gastos de la cacería ascenderán á cuarenta mil duros. Ignoramos si hay exactitud en todas estas noticias; pero si es cierto cuanto de público se dice acerca de la extraordinaria explendidez de D, Juan Prim, nada de cuanto digamos con relación á la cacería debe sorprendernos.
El Pensamiento español, 20/12/1869
 
¿Qué dirían La Iberia y el Puente de Alcolea y sus amigos si un Monarca gastase cuarenta ó cincuenta mil duros en una cacería, aunque fuera de su consignación particular, cuando tantos infelices cesantes y viudas están pereciendo en miserables boardillas, cuando los asilos del Pardo y de Aranjuez carecen de lo necesario para el alivio de los que en ellos se albergan, y cuando en el Hospital y en otros establecimientos benéficos no pueden satisfacerse los alimentos y medicinas indispensables?
[...]
El hijo del fondista Lhardy ha desmentido que vaya este á los montes de Toledo por estar enfermo hace tiempo; pero no ha desmentido el que sea su casa la que deba dar la comida, ni que cada cubierto cueste 2,800 reales, ni que se le den 10,000 reales diarios de indemnización. Que no sea el Sr. Lhardy sino el cocinero mayor ó el menor el encargado de dar de comer al general Prim, en nada disminuye pues lo que hoy se ha dicho sobre la cacería.
La Regeneración, 23/12/1869
 
Después de la cacería, nadie desmintió a un diario liberal cuendo publicó que todo lo que se había dicho con anterioridad había sido una patraña. Desde luego la cena no sería lujosa, pero sí abundante.
 
Un almuerzo de arroz con pollos ó conejos presentado en una caldera mónstruo y servido en platos de estaño y condimentado por el cocinero que tiene el general hace muchos años, (gallego por mas señas). Un vino comun, servido en vasos del mismo precioso metal, y que á las veces tenia el mérito de ser de la cosecha de casa, y un postre do queso, constituían el aristocrático almuerzo del Regente del Reino lo mismo que el del último ojeador.
Una sopa, un cocido con su chorizo y su tocino correspondiente, un par de principios, una ensalada cocida y un asado, con postres de pasas y almendras, y el vino comun á pasto, una copa de Jerez á la mitad de la comida y Champagne á los postres eran el festin nocturno del moderno Lúculo.
El Imparcial, 01/01/1870

En algún momento de la década de los 1880 se instaló la lujosa decoración que Lhardy aún hoy ostenta. Según diversas fuentes, el decorador fue Ramón Guerrero —padre de la actriz María Guerrero y bisabuelo del actor Fernando Fernán Gómez— que figuraba en aquella época como tapicero, decorador y escenógrafo del Teatro de la Comedia.

El gusto del segundo Imperio, dotado de esa elegancia de alta burguesía que vuelve ahora a cautivarnos, se perfiló en el diseño de la fachada de Lhardy, construida con magnífica madera de caoba de Cuba, como símbolo de las que fueron nuestras provincias de ultramar. La decoración interior de la tienda, con sus dos mostradores enfrentados y el espejo al fondo, sobre la opulenta consola que sostiene la “bouilloire” y la fina botillería, permanece intacta, como fue proyectada y llevada a cabo por Rafael [sic] Guerrero. Los comedores, concebidos como Salón Isabelino, salón Blanco y Salón Japonés, conservan los revestimientos de papel pintado de la época; las chimeneas, guarniciones y ornatos, citados en las obra de Galdós, Mariano de Cavia, Azorín o Ramón Gómez de la Serna.
https://lhardy.com/historia/ 
Extrañamente no aparece en la prensa esta reforma del local ni el momento de su inauguración. Sin embargo sí aparecen otras reformas que hizo Ramón Guerrero como la de la Cantina Americana, Café de la Iberia, Café de Fornos, Teatro de la Comedia y Teatro Español.
 
Bajo la inteligente dirección de don Ramón Guerrero han empezado las obras de restauración del teatro Español. La sala será empapelada con papel blanco de seda, los antepechos de los palcos serán de paño blanco, y las butacas estarán cubiertas con tela de la misma clase, adornadas con franjas rojas de peluche. Los antepechos serán sustituidos por otros de hierro colado, y la alfombra del centro y los pasillos de las butacas será también blanca. Con estas obras el teatro Español será uno de los más elegantes de Europa. 
Crónica de la música. 12/07/1882

Con la nueva decoración Lhardy introduce algo nuevo en su restaurante, lo que se llamó el Diner Lhardy.

Los establecimientos industriales de Madrid hacen sus reformas para el invierno durante la época veraniega en que la mayor parte de los consumidores viajan. Casi todos introducen mejoras para atraerse el público, presentándole novedades. Pero este año lo que va á llamar verdaderamente la atención ha de ser la reforma de Lhardy. Como que esta acreditada casa privilegio de los ricos en más de cuarenta y seis años, coloca algunos cuartos de su ponderado restanrant al alcance de más modestas fortunas. Hasta ahora, para comer en Lhardy era preciso reunirse lo menos media docena de personas, que encargaban la víspera su menú. Ahora se individnaliza, siguiendo las corrientes del progreso. Esta año el conocido industrial establece para todos los dias platos especiales, con los que pueden servirse comidas sin que el gourmet haya tenido necesidad de tomarse el trabajo de encargarlas de antemano. Y uno solo que vaya al restaurant encontrará, como en los establecimientos de igual género del extranjero, el servicio especial de la casa de Lhardy, con buena carte, que se publicará diariamente, con sus medios ó cuartos de botella, sea de Borgoña, Champagne, Bordeanx, etc. Los aficionados á la buena cocina están de enhorabuena.
La Iberia, 15/09/1886 
La afamada casa Lhardy ha resuelto ofrecer diariamente á las personas que echan de menos en Madrid una excelente mesa, sin necesidad de avisos previos, un número reducido de cubiertos con menú distinto todos los dias, compuesto de: 1 potaje; 1 relevé de boucherie; 1 entree; 1 roti; 1 legume; 1 entremet; dessert. Un cuarto de botella de Jerez, (González Byais); media de Burdeos, (Saint Julien Lhardy), y un cuarto botella de Champagne, marca Roeder, por persona. Los cubiertos se servirán en el salón de la casa Carrera de San Jerónimo, y en mesas para una, dos ó más personas, y al precio de 20 pesetas por cubierto, incluyendo los vinos. Como no será posible servir mas de 20 cubiertos por falta de local, podrá pedirse durante todo el dia que se reserven las mesas, bien en la tienda, bien por el telefono núm. 705. El Diner Lhardy se inaugurará del 1º al 10 de Noviembre. Todos los dias se publicará en los principales diarios de la noche, el menú del dia siguiente, y en los de la mañana el de la comida del dia.
El Liberal, 22/10/1886 
Lhardy fue el primer sitio donde las mujeres podían ir solas sin acompañamiento masculino

Efectuada la reforma del local, y en marcha las novedades que había introducido su hijo Agustín, el señor Emilio Lhardy que ya estaba prácticamente retirado, falleció.
 
Los que pasaban anoche por la Carrera de San Jerónimo encontraban que faltaba algo al brillo y animación de la calle. Era que uno de sus establecimientos estaba cerrado. El afamado restaurant de Lhardy no exhibía, como otras noches, entre las luces del gas á la admiración de los gastrónomos su deslumbrante escaparate lleno de ricos manjares. Las persianas de hierro que le separan de la calle se veían corridas, y en la puerta decía un letrero, escrito sobre un papel blanco: «Cerrado por fallecimiento del dueño» Con efecto, ayer á las siete y media de la noche dejó de existir, después de dos días de permanecer en cama, Mr. Emile Lhardy, fundador de la conocida casa que lleva su nombre. A la avanzada edad de ochenta y dos años, después de una vida trascurrida en medio del trabajo más tenaz, baja á la tumba este hombre que debió la fortuna y reputación que coronaron al fin su inteligente actividad á sus solos personales esfuerzos [...] siguiendo sus deseos de ver á España, vino á Madrid, agradándole extraordinariamente esta población, donde su profesión no encontraba una competencia temible. Asocióse á un francés, y en 1839 fundó el establecimiento que durante tantos años viene figurando a la cabeza, en Madrid, entre los de su género. La sociedad se deshizo al poco tiempo, y Lhardy se quedó solo al frente de su restaurant. Bajo su dirección prosperaba cada día más la casa, y entonces, derribado el antiguo edificio en que se hallaba instalada, vino á sustituirle un local nuevo, hermoso, levantado con arreglo á las exigencias del gusto contemporáneo.
[...]
La Casa Lhardy ha venido siendo, en los últimos años, el lugar obligado de los banquetes más suntuosos. De dicha casa se trasladaban también las comidas más exquisitas á hoteles y palacios, donde la alta sociedad celebraba alguna de sus fiestas brillantes. No había inauguración de camino de hierro, baile de máscaras, festividad alguna mundana adonde la cocina de Lhardy no fuera reclamada. A la muerte de este hombre, que en medio de la rudeza da sus trabajos sabia poner de relieve exquisitas prendas de carácter, la casa fundada por él quedará á cargo de su hijo el distinguido pintor D. Agustín Lhardy.
La Época, 18/01/1887

Banquete homenaje a Gómez de la Serna. 1923. García Lorca aparece sentado en el suelo

Banquete del P.E.N. Club. 1922.. Azorín aparece con bigote sentado a la mesa

La lista de todos los banquetes y homenajes que se han celebrado en Lhardy a lo largo de su historia es interminable. Por allí pasaron miembros de la Casa Real, la aristocracia, la alta burguesía, políticos, escritores y los viajeros ilustres que llegaban a Madrid. Durante la II República, Diego San José publicó un libro que con el título de "Vida ejemplar de Isabel II, la reina alegre y desaprensiva", eran unas falsas memorias de una dama de la corte de Isabel II donde se relata esta anécdota:
 
Merece destacarse por su picante donosura la escena del reservado de Lhardy, donde la coronada hetaira, después de regodearse cumplidamente con «el pollo Antequera», se dejó olvidado el corsé. La historia —o historieta, si se quiere— es, en fin, tan ejemplar como en el título se anuncia. Y tan divertida como todas las de este escritor, maestro en el género.
El Heraldo de Madrid, 13/08/1931

De los objetos que todavía atesora Lhardy hay dos que se consideran emblemáticos: el samovar de plata para servirse un consomé y el espejo del que escribió Azorín lo siguiente:
 
No podemos imaginar Madrid sin Lhardy. Lhardy resume la aristocracia y las letras. Y a su vez Lhardy es resumido por el espejo del fondo. Ese espejo, grande, con marco de talla dorada, está en el fondo de la tienda, sobre una consola con tablero de mármol blanco. En Lhardy, por sus concurrentes, por su historia, por lo selecto de su servicio, todo resulta noble. En los estantes nos miran las limetas, botellas y frascos de exquisitos vinos y licores, y el espejo lo abarca todo [...] En Lhardy, con un platito en la mano y en la otra un cuchillo de postre, un platito con pasteles, se encuentran Quevedo y su amigo Adán de la Parra, Don Fernando, el hermano de Carlos I, y su secretario el poeta Cristóbal de Castillejo, Don Juan de Austria y Cervantes. El espejo del fondo recoge las imágenes de todos.
Azorín. Madrid, la generación y el ambiente del 98. Madrid 1941

En torno a Larra y Dolores Armijo

José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra, Mariano José de Larra c.1835. Museo del Romanticismo

Larra se suicidó el 13 de febrero de 1837, lunes... Siempre se ha dicho que era lunes de Carnaval pero según los periódicos el carnaval se había celebrado la semana anterior.
 
... la muchisima gente que recorría las calles, la numerosa concurrencia del Prado, las ratificaciones de los muchos tratados amorosos, los infinitos bailes de máscaras y el sentimiento que muchos tienen de no ir á ellos ó ir y no divertirse, se tendrá una cabal idea de lo que ha sido el domingo de carnaval en Madrid el año de gracia de 1837.
Revista nacional, 06/02/1837
 
Hoy martes de carnaval se alquilan dominós á 6, 8 y 10 rs. en la puerta del Sol número 6, junto á la loteria, cuarto tercero.
Diario de avisos de Madrid, 07/02/1837
 
El 12 de febrero, el día anterior a la muerte de Larra, se publica una composicion anunciando el fin del carnaval y el comienzo de la Cuaresma. La primera estrofa nos suena ahora extrañamente premonitoria de otra campana de la que hablará Zorrilla pocos días después.
 
Con alegre carnaval / empezaba la semana; / mas la tétrica campana / ha mudado ya de son. / Kirie eleyson / Kriste eleyson
Semanario Pintoresco Español, 12/02/1837
 
El nombre de la supuesta amante de Larra, Dolores Armijo, fue dado a conocer públicamente por Carmen de Burgos Colombine que escribió un libro sobre Larra después de entrevistarse con sus sucesores y descubrir objetos de Larra guardados por la familia, entre ellos documentación inédita.
Posible retrato de Dolores Armijo. Museo del Romanticismo

El día 13 muy temprano Larra recibe carta de Dolores Armijo anunciándole su visita. Larra contesta con una nota:
 
He recibido tu carta. Gracias, gracias por todo. Me parece que si pudieran ustedes venir tu amiga y tu a la noche hablaríamos y acaso sería posible convenirnos. En este momento no sé qué hacer, estoy aburrido y no puedo resistir a la calumnia y a la infamia. Tuyo.
Carmen de Burgos Colombine. Fígaro (revelaciones, "ella" descubierta, epistolario inédito). Imprenta de "Alrededor del Mundo". 1919
  
Eugenio de Larra, tío del escritor, narró los hechos de aquel día en una carta dirigida a su hermano cuatro días después.
 
El 13, por la mañana, se manifestó muy diligente aquel infeliz con sus criados, previniéndoles limpiasen toda la casa, encendiesen más braseros, etc.: estaba, al parecer, más contento que otros días, muy agradable con la familia, y se vistió con la mayor elegancia, cortado y rizado el pelo de peluquero; a cosa de las tres de la tarde fué a visitar a Pepita en la casa en que se hallaba establecida de común acuerdo; observando ésta su alegría, diferente del estado que manifestaba hacía días, en que estaba triste, pensativo y hablando siempre de la muerte, le indicó sus deseos de ir a ver a Adelita aquella noche, a lo que replicó el difunto lo suspendiese hasta el día siguiente, que se la mandaría a comer y vendría él a los postres, a pretexto de estar ocupado esta noche con dos amigos en su casa.
 
A cosa de las siete y media de la misma (según consta de declaración de los criados) se presentaron en ella dos señoras, una más anciana que otra. La voz pública designa a la segunda por doña Dolores Armijo de Cambronero, quienes, después de una conversación acalorada, según los gritos que se percibieron, a cosa de las ocho, a consecuencia de un campanillazo, dió orden Mariano a su criado para que las acompañase; marcharon, cerrando él en seguida con un gran golpe las dos puertas intermedias a su despacho; a pocos momentos, y antes que regresara aquél (a quien despidieron ellas cerca de Santiago), oyó la criada un ruido confuso, que atribuyó a haber derribado su amo el velador con el juego de café, por ir acompañado del que produce la caída como de vidrios; así se lo manifestó al criado, añadiéndole: “¡Jesús, qué de mal humor ha dejado al amo esa visita.” Pero no atreviéndose a entrar sin ser llamados, según sus órdenes, aguardaron a que acabase de cenar la niña, y entró el criado con ella a dar las buenas noches a papá, según costumbre, a quien encontraron cadáver, tendido en medio de su despacho. El criado, asustado, y la niña gritando, salieron despavoridos y se lo dijeron a la criada, avisando en seguida al ministro de Gracia y Justicia, que vivía debajo.
 
En el reconocimiento practicado por los facultativos ha aparecido el papel cuya copia es adjunta, el que, según noticias y presunciones fundadas, fué escrito pocos días antes al tratar de un desafio a muerte por esa misma mujer que no llegó a verificarse.
La autoridad judicial, como es indispensable en esos casos, tomó conocimiento desde el principio de tan desastroso suceso y llenó completamente sus deberes, no pudiendo nadie mezclarse hasta que concluyó sus funciones.
Carmen de Burgos Colombine. Fígaro (revelaciones, "ella" descubierta, epistolario inédito). Imprenta de "Alrededor del Mundo". 1919
 
Si el marido de Dolores Armijo se había separado de ella y marchado a Filipinas, ese desafío a muerte ¿fue con un pretendiente o amante de Dolores? Es posible que esto la asustase y la impulsase a ver a Larra para romper con él definitivamente y tratar de evitar el duelo. Larra tenía un estuche con un par de pistolas, algo habitual entre los caballeros de la época. No las tenían como defensa personal sino para el caso de que surgiese un lance de honor, un duelo. Dado que en los duelos los padrinos solían examinar las armas y las cargaban, es improbable que las pistolas de Larra estuviesen cargadas.
Pistolas de Larra. Museo del Romanticismo

Se ha dicho que Dolores oyó el disparo bajando las escaleras desde el segundo piso, pero para cuando Larra tras unos momentos de desesperación, decidió suicidarse, cargó la pistola y disparó, Dolores debía estar ya en la calle. Además, dentro del propio piso tampoco oyeron claramente el disparo sino un estrépito de cosas que caían, incluyendo algunos cristales a la calle. Es probable que en la calle las dos mujeres acompañadas por Pedro el criado oyesen el ruido provocado por la furia de Larra. Sería en ese momento cuando Dolores según Colombine dijo: «Vuélvase usted... vuélvase, Pedro. Pueden necesitarlo...»
 
Cuenta un descendiente de Larra que un banderillero que pasaba por la calle debió notar la agitación en la casa, se enteró de la muerte de Larra y divulgó la noticia.
 
Un conocido banderillero que pasaba en ese momento por la calle, "Mirandita", corrió al centro de Madrid para dar la noticia. Todos quedaron estupefactos al conocer su muerte. ¡Larra se ha "tirado" un tiro! ¡Un poeta tan joven, no es posible!
Jesús Miranda de Larra. Larra: Biografía de un hombre desesperado
 
La prensa en un primer momento no quiso decir la causa del suicidio, aunque poco después decía que se debía a un "desengaño amoroso" pero sin llegar a decir el nombre de la mujer. 
 
A las ocho menos cuarto de la noche de antes de ayer se suicidó de un pistoletazo nuestro distinguido escritor don Mariano José de Larra, bien conocido en el mundo literario por sus muchas y preciosas producciones, y cuya pérdida habrán de lamentar eternamente todos los que sepan apreciar nuestras glorias literarias, que tanto lustre han adquirido con las obras de este desgraciado joven. No nos atrevemos por delicadeza á manifestar la causa que ha motivado esta catástrofe.
Noticiosos sus muchos amigos de que habia de enterrarse su cadáver en la mañana de hoy y en sepultura de misericordia, por no haberse dado disposición alguna por ninguno de sus parientes para que se efectuase con el decoro debido á uno de nuestros primeros ingenios; se decidieron á costearle su entierro y sepultura, que tendrá efecto á las cuatro de la tarde de hoy, saliendo de la iglesia de Santiago donde está depositado, acompañándole hasta su última morada la juventud literaria de Madrid.
Eco del Comercio, 15/02/1837
 
Un periódico explica porqué Larra habría sido enterrado en una sepultura de caridad si no llegan a intervenir sus admiradores. Además, Pepita Wetoret, la mujer de Larra de la que estaba separado, se encontraba en mala situación económica.
 
... escepto la viuda, cuya situación, como se deja conocer, no le permitía atender á tales disposiciones, los demás parientes no tuvieron noticia de aquel funesto acantecimiento hasta pasadas 24 horas; y los padres, que sin duda eran los mas interesados, se hallan en Navalcarnero. Por esta causa no pudo ninguno personarse á tiempo y acordar lo necesario para dar sepultura al cadáver.
Eco del comercio, 18/02/1837
 
Parece que la viuda del malogrado Larra se ha presentado á S. M., de quien ha sido recibida con el mayor agrado, habiéndole hecho la augusta Cristina la promesa de que uno de sus hijos [el varón] será educado á costa de S. M. 
El Guardia nacional, 24/03/1837

Luis Mariano y Adela de Larra y Wetoret

Aparecen en la prensa algunas envidias y enemistades y por unos contradictorios comentarios de Roca de Togores se inicia una polémica en la que intervienen Revista NacionalEl Español y Eco del Comercio. Pero sobre todo Larra es muy atacado por haber optado por el suicidio.
 
El joven don Mariano Josa de Larra conocido del público con el nombre de Fígaro, tubo la humorada la noche del 13 del actual de saltarse los sesos de un pistoletazo. Los títulos de aprecio que habia merecido hasta entonces á sus conciudadanos, como escritor público de un mérito mas que regular, han sido deslustrados de un solo golpe al cometer un crimen acaso el mas contrario á la sana moral y de un egemplo perniciosísimo cuyo recuerdo debe escitar un justo horror al delito, al paso que mueve á compadecer al desgraciado delincuente.
El Mata-moscas, 19/02/1837
 
No indicaremos nosotros los motivos que le impulsaron, á tan violenta resolución: muévenos á ello la delicadeza y un sentimiento de compasión hacia aquel, que adornado de un talento brillante, no tuvo el suficiente para sobreponerse á las pasiones, y pereció víctima de ellas [...] Asi es la vida humana. Su exterioridad resplandeciendo con acciones generosas y sentimientos elevados es un sepulcro cubierto con una losa magnífica, que oculta dentro podredumbre y hediondez. Ideas exageradas ó una fantasía acalorada llevaron á Larra al sepulcro, que abrió con sus propias manos sin acordarse de que su vida no era suya, que debia consagrarla á su patria y á sus hijos; que su ejemplo seria tal vez pernicioso á esa sociedad, no tan estúpida ni tan corrompida como se pretende, y en la que aun brillan virtudes y sentimientos nobles á la par de acciones desinteresadas. ¿Y era asi como pretendía corregir los vicios?.,... ¿Asi como quiso demostrar la exactitud de sus doctrinas?....; Por fortuna esa sociedad, que se calumnia, que se llama estúpida y corrompida, no está tan desprovista de ilustración y de virtud que no se aparte de un ejemplo vivo de demencia, ni deje de reprobar altamente un acto que, si mueve á compasión, causa también horror, y estremece a la naturaleza.
¿Qué buscaba Larra en el mundo, que no hallaba?... ¿No era padre, no era esposo?... ¿No tenía que cumplir con estas sagradas obligaciones?... ¿No encontró un amigo á quien amar? [...] su muerte ha echado un borron á su gloria: su sangre vertida por él mismo, ha caido sobre sus obras y las ha deslustrado. Ha sido cual la mancha en la honra de una muger que nada es capaz de borrarla.
Gaceta de Madrid, 04/03/1837
Levita que perteneció a Larra. Museo del Romanticismo
 
Mesonero Romanos, que había hablado con Larra el día de su muerte, contó en sus memorias la impresión que le causó la noticia del suicidio.
 
El día 13 de Febrero de 1837 me hacía una de sus frecuentes visitas D. Mariano José de Larra, el ingenioso Fígaro, que siempre me manifestó decidida inclinación, y en esta, como en todas nuestras entrevistas, giró la conversación sobre materias literarias, sobre nuestros propios escritos, sin celos ni emulación de ninguna especie, si bien asomando siempre en las palabras de Larra aquel escepticismo que le dominaba, y en sus labios aquella sarcástica sonrisa que nunca pudo echar de sí, y que yo procuraba en vano combatir con mis bromas festivas y mi halagüeña persuasiva: aquel día, empero, le hallé más templado que de costumbre, y animado, además, hablándome del proyecto de un drama que tenía ya bosquejado, en que quería presentar en la escena al inmortal Quevedo, y hasta me invitó a su colaboración, que yo rehusé por mi poca inclinación a los trabajos colectivos; pero en ninguna de sus palabras pude vislumbrar la más leve preocupación extraña, y hubiérale instado, como otros días, a quedarse a almorzar conmigo, si ya no lo hubiera hecho por ser pasada la hora.
¡Cuál no sería mi asombro a la mañana siguiente, al presentárseme D. Manuel Delgado (el famoso editor que hizo su fortuna a costa de todos los ingenios de aquella época), diciéndome que la noche anterior, es decir, la del mismo día 13, en que había estado en mi casa, se había suicidado Larra en su propia habitación, calle de Santa Clara, número 3, y que él (Delgado) y otros amigos se habían encargado de tributarle los fúnebres honores, para lo cual allegaban en el acto por suscrición los fondos necesarios! -Contribuí, pues, inmediatamente, y en la misma tarde del 14 estábamos reunidos todos los amantes de las letras, o por mejor decir, toda la juventud madrileña, en la parroquia de Santiago, ante el sangriento cadáver del malogrado Fígaro; colocado que fue en un carro fúnebre, sobre el que se ostentaban cien coronas en torno de sus preciados escritos, seguimos todos a pie, enlutados y llenos de sincero dolor, tributando de este modo el primer homenaje público, acaso desde Lope de Vega, rendido entre nosotros al ingenio. Y llegados que fuimos al camposanto de la puerta de Fuencarral, y antes de introducir el ataúd en su modesto nicho, D. Mariano Roca de Togores (actual marqués de Molins) pronunció algunas sentidas frases en loor del desdichado suicida. Adelantose luego con tímido continente un joven, un niño aún, pálido, macilento, de breve persona y melancólica voz; pidió permiso para leer una composición, y obtenido, hízolo de un modo solemne, patético, en aquellos versos que empiezan:
«Ese vago clamor que rasga el viento 
Es el son funeral de una campana!!...
Aquella sentida composición sorprendió a los circunstantes; aquel niño inspirado hizo vibrar las fibras de nuestros corazones, y el nombre de José Zorrilla, circulando de boca en boca, consiguió inspirar desde aquel instante las mayores simpatías.
Mesonero Romanos. Memorias de un setentón. Capítulo XII
La versión del propio Zorrilla se publicó primero en El Imparcial y después incluida en sus memorias "Recuerdos del tiempo viejo".
 
Abordónos Joaquin Massard, que por Pedro Madrazo nos conocía, y nos dio de repente la noticia de que Larra se habia suicidado al anochecer del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante noticia, y asombróle á él que ignorásemos lo que todo Madrid sabia, é invitónos á ir con él á ver el cadáver de Larra depositado en la bóveda de Santiago. Aceptamos y fuimos. Massard conocía á todo el mundo y tenia entrada en todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos al muerto, á quien yo veia por primera vez, á todo nuestro despacio, admirándonos la casi imperceptible huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala que le dio muerte; cortóle Alvarez un mechón de cabellos y volvímonos á la Biblioteca, bajo la impresión indefinible que dejaban en nosotros la vista de tal cadáver y el relato de tal suceso
Iglesia de Santiago donde estuvo el velatorio de Larra
 

Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba partido, me dijo al salir:
—Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos.
—Sí, señor, le respondí.
—¿Querría V. hacer unos á Larra? repuso entablando su cuestión sin rodeos; y viéndome vacilar, añadió: «yo los haría insertar en un periódico, y tal vez pudieran valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que me valdrían con mi padre, desterrado y realista, unos versos hechos á un hombre tan de progreso y de tal manera muerto; y dije á Massard que yo haría los versos, pero que él los firmaría. Avínose él, y convíneme yo; prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la Biblioteca; y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard hacia la plazuela del Cordón donde moraba, y Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á vagar como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos versos y fuíme temprano al zaquizamí, donde mi cestero me albergaba con su mujer y dos chicos, que eran tres harpías de tres distintas edades. No me acuerdo si cenamos: pero después de acostados, metíme yo en mi mechinal, con una vela que á propósito habia comprado. En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma ni tinta; pero habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia yo en mi bolsillo la cartera del capitán con su libro de memorias. Hice un kalam de un mimbre como lo hacen los árabes de un carrizo y tomando por tinta el tinte azul en que los mimbres se teñían. ... Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos, cuya copia trasladé á un papel en casa de Miguel Alvarez á la mañana siguiente, y partí á entregar mi carta al director de El Mundo.
[...]
Así, el más triste de los que íbamos en aquel entierro, marchaba yo en él, envuelto en un sur tout de Jacinto Salas, llevando bajo él un pantalón de Fernando de la Vera, un chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran corbata de un fachendoso primo mio, y un sombrero y unas botas de no recuerdo quiénes; llevando únicamente propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.
El Imparcial, 20/10/1879
 
La famosa escena del cementerio la cuenta Zorrilla de esta forma:
 
El silencio era absoluto: el público, el más á propósito y el mejor preparado; la escena solemne y la ocasión sin par. Tenia yo entonces una voz juvenil, fresca y argentinamente timbrada, y una manera nunca oida de recitar, y rompí á leer pero según iba leyendo aquellos mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en los semblantes de los que absortos me rodeaban, el asombro que mi aparición y mi voz les causaba. Imaginéme que Dios me deparaba aquel extraño escenario, aquel auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella ocasión tan propicia y excepcional, para que antes del año realizase yo mis dos irrealizables delirios: creí ya imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz de mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel cementerio, y vi el porvenir luminoso y el cielo abierto y se me embargó la voz y se arrasaron mis ojos en lágrimas y Roca de Togores, junto á quien me hallaba, concluyó de leer mis versos.
El Imparcial, 20/10/1879
Placa en la esquina de la calle Fernández de los Rios con Escosura donde aproximadamente estuvo el Cementerio del Norte

Siempre se ha contado que la lectura de los versos de Zorrilla se produjo espontáneamente en el último minuto cuando terminados los discursos iba a introducirse el féretro en el nicho. Pero al menos Roca de Togores estaba avisado. En 1920 se publicaron unos papeles de Joaquín Massard, el amigo italiano de Zorrilla que le acompañó en el entierro de Larra. En el borrador de una carta a Zorrilla durante la permanencia de éste en Italia, Massard, después de disculparse por su mal español, hace la siguiente descripción:
 
Un féretro se aviaba por el cementerio de Fuencarral, una imensa multitud de gente y artistas y pintores y escritores y poetas, en fin, todo lo que había en España y en Madrid de más escojido en letras y bellas artes, en la multitud marchaba inobservado ó más bien desconocido un joven que se apoyaba sobre el brazo de su amigo italiano por quien había compuesto la poesía por la muerte de Larra; composición que el amigo italiano escrupulosamente guardaba en su faltriquera. Durante el camino el joven italiano suelta el brazo de su amigo Pepe para sondar en aquella turba de ingenios qué se pensaba hacer en el momento en que el cadáver hubiese llegado á su postrera mansión; todos se encojieron de hombros y no sabían qué contestar, y primeros entre ellos Eugenio de Ochoa, los Madrazos y Roca Togores; entonces el italiano saca de su bolsillo el papel arugado que escrupulosamente guardaba, en que su amigo Zorrilla le había escrito la composición, y mostrándole á los sobredichos les dijo que el amigo Zorrilla para él había escrito aquellos versos; entonces fué que más bien por educación que por íntimo convencimiento del verdadero mérito, contestaron al joven italiano que Zorrilla no habiendo otra cosa preparada para aquella circunstancia imprevisa hubiese leído sus versos.
—Querido Pepe, tú sabes lo que pasó en aquella tarde y luego en aquella noche y el tiempo y los días después. Sólo el italiano quedó en la sombra con los hojos llenos de lágrimas de ternura y cariño que tenía por el joven poeta á quien en los días de su soledad y abandono había sabido confortar con una palabra de consuelo y cariño.
Narciso Alonso Cortés. Zorrilla su vida y sus obras. Excmo. Ayuntamiento de Valladolid. 1920
Actual tumba de Larra en la Sacramental de San Justo

Dolores Armijo Carrero nació en 1811 y se casó a los dieciocho años con el teniente de caballería de 27 años José María Cambronero García, hijo de un famoso jurisconsulto. Éste tenía como primer pasante a Juan Bautista Alonso que además de abogado era poeta. Probablemente a través de él fue como se conocieron Larra y Dolores Armijo en alguna reunión social en 1831. A pesar de todos los chismes escandalosos que circularon durante varios años, se considera que las relaciones entre ambos no pasaron de ser platónicas.
 
Parece que esta joven era bastante coqueta y aun algo temeraria para que se creyese de ella lo más malo, aunque sin fundamento bastante, al menos respecto de Larra, según lo que éste dice, siempre quejándose de sus rigores.
Emilio Cotarelo y Mori. Los últimos amores de Larra. Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid. Tomo I (1924)
 
Dolores Armijo, que tenía a su alrededor una corte de admiradores, con los que coqueteaba, haciendo valer para no comprometerse su esquiva condición de esposa, debió sentirse halagada por el amor de un hombre de tanto mérito como Larra. ¡Ser la musa del escritor, de un escritor tan grande como Fígaro, debía colmar su vanidad, e indudablemente se complació en cultivar aquel amor, encenderlo y lucirlo como un prendido que adornara su hermosura!
Carmen de Burgos Colombine. Fígaro (revelaciones, "ella" descubierta, epistolario inédito). Imprenta de "Alrededor del Mundo". 1919
José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Detalle del Retrato de Dolores Armijo (antes de conocer a Larra). Sevilla 1828. Museo de Historia de Madrid

En diciembre de 1837 en una carta de Luis Sanclemente a su hermano el marqués de Montesa se refiere a los rumores que circularon por Madrid en 1834 sobre acontecimientos de inmoralidad novelesca entre el matrimonio Larra y el matrimonio Cambronero. Además añade un hecho que, de ser cierto, resultaría decisivo.
 
Hace más de un año que estando celosa la mujer de Larra, notó que éste recibió un billete y que lo metió en su pupitre. Resuelta a aclarar sus sospechas encontró modo de abrir el pupitre y leyó el papel, que era en efecto una cita que la de Cambronero daba a Larra para fuera de Puertas en un coche simón. La celosa determinó vengarse y remitió el billete de la citadora a su marido Cambronero. Este se fué a consultar a una querida que tenía. Esta tan prudente y juiciosa, quiso evitar un lance, y le dijo: «Mira, tú estás faltando a tu mujer, no des escándalo porque ella te pague con la misma moneda». No obstante, el señor Cambronero, acudió a la cita y encontró a su mujer y a su amante Larra, et il éclata.
Varela Iglesias, J.L. "Dolores Armijo, 1837. Documentos nuevos en torno a la muerte de Larra". Studia Hispanica in Honorem R. Lapesa. Separata. Gredos. Madrid, 1972.
 
Dolores Armijo es repudiada por su marido que la envía a Badajoz con unos tíos de ella. El marido, destinado en la Secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra, solicita el 28 de enero de 1835 nuevo destino en la Secretaría de la Capitanía General de Manila; el traslado es concedido el 8 de febrero de 1835 con el grado de Teniente Coronel de Caballería.
 
Dolores había vivido con sus tíos casi todo el tiempo antes de casarse. Alfonso Carrero, hermano de su madre, había comenzado su carrera en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla como un absolutista al servicio de Fernando VII, pero con la llegada del nuevo régimen se declaró liberal, por lo que tuvo que aguantar ataques como éste:
 
... llamamos la atención de S. E., al Diario de Sevilla núm. 2375 del martes 8 de setiembre de 1835, que esplicándose á cerca de los males que causará en su respectivo puesto, cada empleado público que no sea de acreditada y jamas desmentida adhesión á la causa de la libertad y del trono constititucional de Isabel II [...] Tal ha sido la conducta del buen empleado Carrero que no la desmintió desde el año 33 hasta el 35 que apostatando del bando realista se quiso presentar en el liberal [...] le fué fácil al cándido Carrero pasar á ser contador de la provincia de Badajoz; á poco venir de intendente á Avila y por ultimo á vocal de la junta inmortal y perenne de aranceles en esta corte, porque ya se ve, bueno es que haya uno que entienda algo de tabacos aunque de comercio y aduanas nada sepa, pero cae el sueldo integro bajo aquel pretesto
Revista Nacional, 26/09/1836
 
Larra intentó ver a Dolores en Badajoz y Ávila pero no lo consiguió. En Ávila, posiblemente para estar cerca de ella o para intentar impresionarla, consiguió por medios torticeros resultar elegido en segunda vuelta diputado por los moderados —parece como si le diese igual el partido que fuese— pero la "sargentada" de La Granja consiguió que esas elecciones fuesen anuladas a los pocos días. Larra perdió de golpe todo su prestigio como escritor liberal al haberse presentado por los moderados y tal como escribió en la mañana de su último día, tuvo que aguantar "calumnias e infamias", incluso anónimas. El darse cuenta de que se había traicionado a sí mismo por culpa de su obsesión con Dolores Armijo tuvo que sumirle en una depresión y amargura reflejada en dos de sus últimos artículos, "El día de Difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio" (El Español, 2 de noviembre de 1836) y "La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado. Delirio filosófico" (El Redactor General, 26 de diciembre de 1836).
En este último su criado ya borracho le dice:
 
Cuando yo necesito de mujeres, echo mano de mi salario y las encuentro, fieles por más de un cuarto de hora; tú echas mano de tu corazón, y vas y lo arrojas a los pies de la primera que pasa, y no quieres que lo pise y lo lastime, y le entregas ese depósito sin conocerla. Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
 
La visita de Dolores el 13 de febrero en la que le pedía sus cartas, se despedía definitivamente de él y probablemente le comunicaba su marcha a Filipinas debió ser la gota que colmó el vaso.
 
En una crítica literaria a las poesías de Juan Bautista Alonso —la persona que los presentó— Larra nombra de pasada a Dolores. El artículo se publicó unos meses después de su ruptura con ella, por eso al final del artículo podemos intuir hoy un posible significado oculto para los lectores de aquel momento.
 
Como modelo de facilidad en la versificación las quejas del moro es romance inimitable y en punto á romances, aunque son buenos el retrato de Rosana, el del cumpleaños de la señora doña María de los Dolores Armijo de Cambronero el de Anfriso á Dalmíro; campea sobre todos El Consejo [...] Poeta franco y libre, suelta la rienda á su inspiración y escribe demasiado. El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo; sino para saber lo que se ha de decir, de lo que se sabe. Esa superabundancia de vena, suele dañar al efecto, desliendo demasiado ideas que ligeramente apuntadas resaltarían doble: porque en las artes de imaginación suele querer decir de mas lo que se dice de menos [...] FÍGARO
La Revista Española, 19/02/1835
Juan Bautista Alonso (1801-1879)

Como en la época de los hechos no suele aparecer nombrado el marido de Dolores, Cotarelo se pregunta la razón de esta ausencia.
 
Quizá un documento oficial nos pruebe cualquier día si se hallaba o no en Filipinas su marido cuando el suceso que tanto perturbó la vida de ella y de su enamorado; no dejaría de ser importante el hallazgo.
Emilio Cotarelo y Mori. Los últimos amores de Larra. Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid. Tomo I (1924)
 
Entre 1835 y 1841 aparecen en la prensa varias noticias sobre un José María Cambronero ocupando cargos políticos en Salamanca, Soria y otras provincias, pero no se trata del marido sino de un primo con el mismo nombre. Cuando fallece, su viuda llamada Blasa Maury solicita una pensión.
 
SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS DE JURISCONSULTOS. Comisión del distrito de Madrid.
Esta comisión ha acordado abrir el juicio contradictorio que previene el artículo 32 de los estatutos de la sociedad para la declaración de la pension que ha solicitado doña Blasa Maury, viuda del señor don José María Cambronero, abogado qué fué del ilustre colegio de esta corte, que nació en la misma a 23 de febrero de 1804, y falleció en ella el 10 del corriente, habiéndose inscripto en la sociedad á la edad de 36 años, el 29 de enero del mismo. Las personas que tuviesen que presentar alguna reclamación contra la exactitud de los hechos arriba citados, ó contra el derecho que alega la interesada para el goce de la viudedad, la dirigirán dentro del término de un mes a la secretaría de la comisión, calle de Atocha, número 35, cuarto principal. Madrid 20 de setiembre de 1841. Por acuerdo de la comisión, José Sanz y Barea, vocal secretario.
Eco del comercio, 22/09/1841
 
El marido de Dolores aparece citado varias veces en algunas de las guías de la época. En la Guía de litigantes y pretendientes. 1831 como abogado de los tribunales de Guerra y Marina y domicilio en la Caba [sic] de San Miguel á las Platerías [calle Mayor]; en 1834 en la misma guía aparece con domicilio en la plaza de Santa Catalina de los Donados y en dos guías, el Estado militar de España. 1834 y el Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid. 1834, figura como destinado en la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de la Guerra.
El famoso jurisconsulto Manuel María Cambronero (1765-1834), suegro de Dolores Armijo

Además he encontrado una referencia sobre su estancia en Manila cuando murió Larra. En septiembre de 1836 se firma en Filipinas un acuerdo entre el Sultán Mahamad-Diamalul-Quirám y un representante de la Capitania general. El documento de ratificación viene firmado, tres semanas antes de la muerte de Larra, por el entonces gobernador en funciones y por el Secretario de S.M. José María Cambronero.
 
Y con estas modificaciones ó aclaraciones prometo en nombre de S. M. Católica la Reina de España cumplir y hacer cumplir exactamente todo lo que va estipulado y competa al Gobierno de S. M. En fé de lo cual firmo la presente ratificación, sellada con el escudo de mis armas y refrendada por el señor Secretario de S. M. con ejercicio de decretos y de este superior Gobierno y Capitanía general, en el real Palacio de Manila á 20 de Enero de 1837.—Pedro Antonio Salazar.—José María Cambronero.
JOLÓ. Relato histórico-militar desde su descubrimiento por los españoles en 1578 á nuestros días. Diario Oficial de Avisos de Madrid, 20/04/1890
 
A esto hay que añadir un pasaporte otorgado en 1837 en el que se ve que la segunda firma es la de José M. Cambronero.
 
... Por el presente concedo libre y seguro pasaporte al Subteniente del Regimiento Infanteria de Fernando VII 2º de linea D. Pedro Ramiro empleado en la comisión de Vigilancia Pública, que pasa a la Provincia de Ylocos Sur en comisión del servicio de S.M. Por tanto ordeno y mando a los Alcaldes mayores y demás Ministros de Justicia de los Pueblos del transito no le pongan ni consientan poner impedimento ni ..."
https://en.todocoleccion.net/antique-documents/filipinas-manila-1837-pasaporte-pedro-antonio-salazar-salazar-firmado~x131679718#sobre_el_lote
La cuñada de Dolores Armijo, Manuela Cambronero, que la acompañó en la visita a Larra, posiblemente habría mediado para conseguir la reconciliación entre los esposos. Dos meses después de la muerte de Larra, Dolores embarcó para Filipinas en la fragata Nueva San Fernando. El viaje en este pequeño buque solía durar entre cuatro y cinco meses; una travesía pesada e incómoda aunque la naviera ofreciese a sus pasajeros escelentes comodidades en sus dos elegantes cámaras recien construidas en Liverpool.
 
El 17 del corriente al medio dia dió la vela para las islas Filipinas la fragata nueva S. Fernando, que conduce al señor general Camba y otros varios militares y empleados. A las seis de la tarde hallándose á tres leguas y media al S. O. de esta ciudad, le fueron entregados por el buque guardacosta, de que hicimos mención en nuestro número anterior, los reos que formaron la titulada junta carlista de Córdoba. 
Gaceta de Madrid, 28/04/1837
 
Circula una versión de que Dolores Armijo murió en un naufragio en el que no habría habido supervivientes, pero no he hallado en la prensa ese supuesto naufragio. Es un rumor que contaba por carta Luis Sanclemente a su hermano.
 
El barco viejo mercante en que iba a Filipinas Camba naufragó hacia el Cabo de Buena Esperanza. En él iban Pepe González (pariente de las Lardizábal) y la que fue querida de Larra (Fígaro, el que se suicidó) y otros; y todos han perecido, según cuentan...
Carlos Montilla. «Tres cartas inéditas de 1837: A los ciento veinte años de la muerte de Larra», en: Ínsula, 12, n.º 123 (1957)
 
Pero esto lo desmiente el propio general Camba en una exposición que hace a la reina.
 
... yo lo verifiqué el 17 de abril en la española Nueva-San Fernando, embarcando en el propio buque y en virtud de expresa real órden á los tres individuos de la junta de Córdoba que se hallaban presos y sentenciados en aquella plaza. La navegación fué de las regulares en tan largo, penoso y arriesgado viaje, y el 24 de agosto echamos el ancla en la barra de Manila: el 25 desembarqué y el 27 tomé posesión del mando superior que V. M. me había confiado.
Andrés García Camba. Los diez y seis meses de mando superior de Filipinas. Cádiz. 1839
 
También en esta exposición de Camba aparece la firma de José María Cambronero en un documento sobre festejos a realizar con motivo del santo de Isabel II. Lleva la fecha de 7 de noviembre de 1837, cuando Dolores Armijo ya debía estar en Manila. El último documento que he localizado con la firma de José María Cambronero es de 1840, ya con el nuevo gobernador.
 
Habiendose instruido espediente acerca de la modificación de algunos artículos del bando de 7 de marzo de 1838, y aclaración de dudas que respecto de otros se ofrecían; oídos el Sor. Fiscal de S. M. y asesor de gobierno; de conformidad con lo manifestado por la real audiencia en sus acuerdos del 21 de octubre y 16 de diciembre últimos, he venido en aprobar, como suplemento y modificación del referido bando los artículos siguientes [...] Dado en el Palacio de Manila á 7 de febrero de 1840, Luis Lardizabal — José Mª Cambronero, Secretario
http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000056696&page=6
 
En 1840 murió José María Cambronero, así que lo más probable es que ella regresase a España.
 
El final de Dolores Armijo, en cambio, no lo conocemos [...] Allí vivió hasta la prematura muerte de su marido, el 7 de octubre de 1840, a causa de "un espasmo". Es de suponer que poco después Dolores volviera a embarcarse para España pero el empleo del marido no le da derecho a pensión, por lo que hay que pensar que busque acomodo de nuevo en casa de sus tíos, el intendente Alfonso Carrero y su esposa Josefa Mateo con quienes había pasado gran parte de su vida. Su tío, una vez jubilado, se había vuelto a vivir a su ciudad natal, Ocaña en Toledo en donde residió hasta su fallecimiento en 1855. Sabemos que su viuda se vuelve a vivir a Sevilla, donde cobrará su pensión, pero a partir de esa fecha, no tenemos ninguna otra noticia de la familia.
http://cuadernodesofonisba.blogspot.com/2016/11/gutierrez-de-la-vega-retratos-para-la.html
 
Y cuando una sombra anuble
De tu juventud los años,
Aun te quedarán laureles
Que oponer al orbe vano.
"Al cumpleaños de la señorita Doña María de los Dolores Armijo de Cambronero, mi amiga" en Poesías de Don Juan Bautista Alonso, individuo del Colegio de Abogados de Madrid. 1834
 
Si Dolores volvió poco después de la muerte de su marido, bien pudo llegar en julio de 1841 en la Sabina.
 
La fragata Sabina, que acaba de llegar de Manila con cuatro meses y medio de viage, buque comodo y de muy buenas circunstancias por su seguridad y ser uno de los mas acreditados en dicha carrera, admite carga y pasageros para el citado puerto de Manila hasta el 20 del próximo agosto, en que se dará á la vela.
El Corresponsal, 10/07/1841
 
En la sección "ecos y vida de sociedad" del periódico La Tierra de Segovia de 4 de octubre de 1919 aparece la sorprendente noticia de que entre los visitantes que habían llegado a la ciudad se encontraba Dolores Armijo. Naturalmente no puede ser nuestra protagonista que, de vivir entonces, tendría 108 años. Probablemente fuese Dolores Armijo y Armiñán, baronesa viuda de Torrefiel, que a su vez tenía una hija llamada Dolores. La esquela de esta señora se publicó en La Voz de Aragón el 12 de enero de 1929. Lo curioso de esta noticia es que parece como si en alguna familia Armijo hubiese la tradición de llamar Dolores a alguna de las hijas; pero lo más seguro es que esto sea pura casualidad porque el nombre Dolores o "Lola" era entonces más corriente que hoy en día.
 
El pequeño barrio donde vivía Larra fue totalmente arrasado entre la plaza de Ramales y la calle del Espejo durante el reinado de José I Pepe Botella. Posteriormente se trazó una nueva trama urbana en cuadrícula y se construyeron elegantes edificios después de la guerra. Larra no llevaba mucho tiempo viviendo allí según una rectificación que envió a un periódico el año anterior a su muerte.
 
Dijimos que el Sr. de Larra vivía en la casa de baños de Monnier, calle del Caballero de Gracia, y aunque anduvimos cerca en las señas, no por eso acertamos; pues el mismo autor del folleto dice que en donde vive es en la calle del Caballero de Gracia, num. 21, cuarto principal.
Revista Española, 06/02/1836
Último domicilio de Larra en la calle Santa Clara número 3, piso segundo haciendo esquina

Ese mismo año, el atildado Larra se mudó a la casa de reciente construcción sobre el solar del antiguo convento de Santa Clara, junto a unos baños como en la casa anterior.
 
La casa de baños de la Estrella, contigua á la iglesia de Santiago, queda abierta para el servicio del público. La entrada es por la calle de Sta. Clara desde 1.° de setiembre hasta fin de mayo del año siguiente y por la fachada del norte en los tres meses de junio, julio y agosto. Se llevarán baños á las casas á todas horas.
Diario de avisos de Madrid, 09/10/1832
 
En 1909, centenario del nacimiento del escritor, se colocó una placa en la fachada del edificio.
 
ABC (25/03/1909).Momento de descubrir la lápida conmemorativa en la casa donde vivió y murió Mariano José de Larra "Fígaro"